jueves, junio 14, 2007

Los segundos brazales de cuero (2): entre el teñir y el pintar

Pues si, el siguiente paso es conseguir un tinte adecuado para teñir el adorno de los brazales. Sin embargo, esta tarea intimida un poco, más que nada por el miedo al síndrome de la compra a la carta.

¿Cómo? ¿Que nunca has oído eso del "síndrome de la compra a la carta"? Claro, es normal, porque me lo acabo de inventar.

Vamos a ilustrar a qué me refiero con el siguiente ejemplo


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Edificante cuento de Inocencio Garcilópez y Bermenundio Tornapasas

Inocencio Garcilópez era un tipo normal, tal vez un puntín pánfilo, que un buen día decidió que tenía que comprar un quisicoso.

Y vosotros os preguntaréis, queridos niños, qué es eso de un quisicoso. Bueno, un quisicoso puede ser de todo. Podéis imaginar que es un electrodoméstico, una herramienta, un cacharro electrónico... pero vamos, podría ser cualquier otra cosa, como una jaula para hamsters, medio kilo de carne picada o un tinte para cuero. Pero, para lo que aquí nos interesa, vamos a hablar, en genérico, de un quisicoso.


Inocencio no es que fuera un experto quisicoseador. Había manejado algún quisicoso en el trabajo, pero sólo de una forma muy básica. El caso es que Inocencio llevaba tiempo dándole vueltas. Hasta su mujer le dijo un día:


- Inocencio, deberías comprar un quisicoso como el que tiene el vecino de enfrente, que es muy elegante y además queda muy moderno.

- No sé, chica, ¿tu estás segura? Es que eso de la quisicosería no lo controlo mucho, y no sé si le voy a sacar mucho partido...


- Que sí, hombre, que enseguida le pillarás el truco.


Así que, por fin, Inocencio se acercó a una tienda a comprar un quisicoso.
Y os preguntaréis, queridos niños, cómo es una tienda de quisicosos. Pues las hay de muchos tipos, pero ésta en particular era una tienda pequeña, algo polvorienta y un tanto oscura, tal vez; de esas que parece que antes han sido una mercería. Cuando Inocencio entró en la tienda, incluso sonó una anticuada campanilla cuando abrió la puerta. La tienda no era muy grande, y un mostrador de madera ocupaba toda la pared del fondo.

La tienda estaba desierta, excepto por el tendero.
El tendero de nuestra historia se llamaba Bermenundio, Bermenundio Tornapasas. Bermenundio estaba sentado tras el mostrador, en una esquina del mismo, hablando por teléfono. Cuando sonó la campanilla de la puerta, Bermenundio no levantó la vista, y siguió hablando por teléfono. Hablaba de fútbol, al parecer con un amigo.

- Si, una vergüenza lo del árbitro. Está claro que hubiéramos ganado, pero seguro que le habían pagado esos mamonazos del Calabrevas FC. Eso si ¿viste esa jugada de Zwyrifowsky? ¡Qué bueno! Si es que el tío es un crack, cómo burló a Chumbowf y...


Y así seguía Bermenundio comentando el último partido con un amigo. Un par de veces levantó la vista y dirigió a Inocencio una mirada inexpresiva, mientras seguia hablando.

Inocencio empezaba a cambiar su peso de un pie a otro, un tanto incómodo. Lo cierto, queridos niños, es que Inocencio estaba un poco molesto, porque él pensaba que había que ser amable con los demás, y, como esperaba que la gente fuera amable con los demás, creía que lo normal hubiera sido que Bermenundio dijera al auricular algo así como "Oye, te dejo, que tengo aquí un cliente, luego hablamos". Pero claro, como Inocencio pensaba que había que ser amable con los demás, tampoco iba a protestar, ni a decirle nada a Bermenundio . Y es que, queridos niños, ya os he dicho que Inocencio era un poco pánfilo.


Dos o tres minutos más tarde, Bermenundio terminó su conversación, y, por fin levantó la vista hacia Inocencio, mirándole como se mira algo que se te ha quedado pegado a la suela del zapato.


- Dígame ¿en qué puedo ayudarle?
Y es que Bermenundio siempre llamaba de usted a los clientes, y empleaba expresiones educadas con ellos. Así, aunque su tono de voz y su cara dijeran otra cosa, nunca podrían quejarse de que fuera un maleducado. Inocencio, esbozando una tímida sonrisa, dijo:

- Eeeh, sí, hola. Esto... yo quería un quisicoso, por favor.


- Sí, claro, ahora mismo. ¿Lo quiere retrovasal, optiamplio, o lupiforme?


Y vosotros os preguntaréis, queridos niños, qué significan esas palabras tan raras. Pues lo mismo se preguntaba Inocencio, que no las había oido antes en su vida. Inocencio pensaba que un quisicoso era... pues eso, un quisicoso. No sabía que hubiera de tantos tipos, ni en qué se diferenciaban.
Inocencio dudó durante un par de segundos, y entonces dijo:

- Pues... la verdad es que no estoy seguro. Es que no entiendo mucho de quisicosos, ¿sabe? ¿En qué se diferencian?

Bermenundio miró a Inocencio de arriba a abajo con una expresión de infinito asco, con una mueca que estaba diciendo "mira este inútil que no sabe lo que quiere, que no tiene ni idea de quisicosos, cómo me va a hacer perder el tiempo". Sin embargo, en los ojos de Bermenundio había un brillo especial... un brillo que... veréis niños, era un brillo... como el brillo de los ojos de un gato que acaba de ver un pajarillo herido, agitándose desesperadamente en el suelo.


- Los retrovasales son para tremolados ansostéricos. Si va a usar tremolados olifotos, se suelen emplear quisiscosos optiamplios, aunque claro, es cuestión de gustos. Y, por supuesto, los lupiformes sirven para ambas cosas, aunque claro, son bastante más caros.


El pobre Inocencio no había entendido gran cosa, excepto que los últimos que había dicho aquel señor eran bastante más caros. Estaba empezando a dudar de su decisión de comprar un quisicoso, pero aún así contestó, disimulando un poco:

- De los dos primeros que me ha dicho, ¿cuales son mejores para un uso normal, así, en casa?

Bermenundio dejó escapar un breve resoplido de impaciencia y respondió:

- Pues ya se lo he dicho, depende del tremolado que vaya a usar.


Inocencio empezaba a notarse algo rígido. Con la sonrisa congelada en su cara, y un poco al azar, preguntándose si se iba a arrepentir, dijo:


- Bueno, vale... pues casi deme uno retrovasal.


- Si claro. ¿Lo quiere de base isostática o equiparada? - respondió inmediatamente Bermenundio, con una enorme y cruel sonrisa cruzando su cara.


- Equiparada, por favor - respondió Inocencio rápidamente, conteniendo las ganas de añadir "De perdidos, al río". Pero no iba a atrapar a Bermenundio tan fácilmente.


- Puff, quisicosos retrovasales de base equiparada hace tiempo que no se fabrican.


- Bueno, pues entonces deme uno de base isostática.


- ¿De base isostática? Pues no sé si me quedan, pero de todas formas, si lo quiere de base isostática, lo suyo sería que se lo llevara lupiforme, ¿no?

Inocencio ni se paró a pensar en que le habían ofrecido cosas que no existían, o que no había en la tienda. Simplemente quería acabar con aquello lo antes posible, pero sí que se dió cuenta de que la cosa había vuelto a los quisicosos más caros.

- Bueno, entonces casi que mejor que no, deme uno de los otros, de los optiamplios.

- ¿Pero no decía que era para tremolados ansostéricos? Bueno, usted sabrá lo que hace, el cliente siempre tiene la razón - espetó Bermenundio con un encogimiento de hombros. - ¿Va a utilizarlo con propelones normales o anaxiales?


- Normales, normales. -se apresuró a responder Inocencio, con fingida seguridad, mientras una gota de sudor frío le recorría la espalda


- Muy bien, pues aquí tiene - dijo Bermenundio mientras ponía una caja encima del mostrador.
La verdad es que el dibujo de la tapa no se parecía demasiado a ningún quisicoso que hubiera visto antes Inocencio, pero a estas alturas le daba demasiada vergüenza preguntar. Así que, intentando abreviar al máximo, preguntó el precio del quisicoso.


- Tropocientos cincuenta doleuros, caballero.


- ¡Tropocientos cincuenta doleuros! ¡Pero eso es carísimo para un quisicoso!


- Hombre, es que éste modelo viene con un regulador de infraflujo que es lo último


- ¿Y no tiene una cosa más normalita?


- ¿Una cosa más normalita? - repitió Bermenundio torciendo el gesto y mirando a Inocencio con desprecio. - Bueno, tiene usted estos, pero le advierto que son mucho peores - dijo, mientras arrojaba sobre el mostrador una caja algo más pequeña.


- ¿Cuánto cuesta éste? - preguntó Inocencio, avergonzado y sin atreverse a levantar la vista


- Pococientos veinte doleuros. No creo que vaya a encontrarlo mucho más barato, la verdad, pero vamos, usted sabrá si quiere uno de estos...
-

¿Tiene alguno un poco mejor que tampoco sea mucho más caro?


- Bueno, sí, supongo que algo habrá. Debo tener todavía algún modelo infácromo, y puede que haya algún orcológico. ¿Cual prefiere?

- Ná, déjelo, casi que me llevo este - respondió Inocencio con un hilillo de voz, temiéndose que todo volviera a empezar.

Y así, queridos míos, acaba la histora de Inocencio Garcilópez. Otro día os contaré lo que hizo Inocencio con su quisicoso, y cómo llegó a saber más sobre los diferentes tipos de quisicosos, y cómo con el tiempo dejó los quisicosos y se pasó a los cachirulos. Y también os contaré como a Bermenundio le tocó la lotería, lo que hizo con el dinero, y cómo llegó a un prematuro, triste y pringoso final, en un accidente que involucró una batidora, media docena de calabacines de buen tamaño y un tarro de miel. Pero eso, queridos niños, es otra historia, y será narrada en otra ocasión...

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Supongo que ya os habéis hecho una idea de lo que es el "síndrome de la compra a la carta". Es ese miedo que se suele sentir la primera vez que vas a comprar algo de lo que no tienes mucha idea, y que es susceptible de volverse complicado.

Pues esa terrible sensación tenía yo cuando me enfrentaba a la idea de comprar tinte para cuero. Me había estado documentando por internet, y había leído ávidamente a los hábiles artesanos que saben de esto mucho más que yo (gracias again and again, Duraglar) y, aunque me había preparado a conciencia, aún no las tenía todas conmigo.

Así que un día, volviendo del trabajo, me presenté con mi Vespa en la curtiduría más cercana que conozco, y, con cierta cantidad de nerviosismo, tras respirar profundamente, solté de un tirón:

- Hola, buenas tardes. Mira, busco un tinte para cuero, que no penetre demasiado y que cubra bien la superficie, osea, que mejor que no sea al alcohol. Es para un curtido al cromo, aunque tampoco estoy del todo seguro, y me haría falta que no fuera demasiado líquido porque...

Ahí me paré, porque el dependiente me miraba con los ojos muy abiertos, y el puro que se estaba fumando parecía a punto de caer de sus labios. Recuperando la compostura, me miró con cara de susto y me dijo, con un cierto tono de histerismo:

- Aquí de esas cosas no entendemos, aquí solo tenemos tinte para cuero, de esas cosas no tengo ni idea. Nosotros, sólo tinte ¿entiendes? Tinte para cuero, nada más.

Yo no sabía si reir o llorar. Confieso que me dejó completamente descolocado. Tanto preparar el tema, y al final le acabé por dar la vuelta a la situación ¡era el vendedor el que estaba sufriendo el "síndrome de la compra a la carta"!

- Vale, pues entonces dame uno rojo. ¿Como para cuánto cuero da ese bote?

Y de allí salí, con mi tinte de marca Tarrago y un par de pincelitos baratos, y con una agridulce y extraña mezcla de alivio y frustración.

El tinte en cuestión resultó ser poco más o menos lo que yo quería. La primera capa entró bien en el cuero, y sin extenderse fuera de los bordes, y la segunda quedó bien destacada. Tal vez un poco demasiado brillante, tiene un aspecto tipo esmalte, pero al menos cubre bien un cuero que ya era bastante oscuro.

Lo que no resultó nada bien fue el par de pinceles. Al cabo de unas pocas pinceladas, se abrían como una flor en primavera, y te las veías y te las deseabas para mantener un trazo definido. Menos mal que el relieve del repujado facilita considerablemente la labor.

Con un par de capas, el teñido quedó bastante aparente. Ya sólo faltaba pegar y coser los refuerzos, y taladrar con el sacabocados para pasar las tiras de cuero del cierre.

Creo que cuando hablé de los primeros brazales no mencioné que, para que queden bien formados, hay que volver a mojarlos bien y dejarlos secar cerrados. Bueno, pues hay que hacerlo.

Estos nuevos brazales me han quedado bastante más cómodos, sobre todo porque son mucho más cortos, y así no interfieren en el movimiento de la muñeca ni del codo. Eso sí, siguen siendo lo bastante sólidos para parar de forma solvente cualquier arma negra, aunque un arma afilada los haría filetes sin problemas (hay que seguir probando eso del cuero endurecido)

Y así os dejo hasta la próxima entrada, donde hablaremos del arte del gorroneo de favores para la fabricación de herramientas especializadas para trabajar chapa.

Porque ¿qué sería de la artesanía herreril y armadurística sin la ayuda de un buen fontanero?

12 comentarios:

Dark the VampyrWolf dijo...

Pues si, son sustancialmente más cortos XDDD Salta a la vista.

La verdad, el diseño como te ha quedado está muy molón, aunque no les confiaría la seguiridad de mis antebrazos precizamente por ser tan cortos.

Ferro Veritas dijo...

Una opción para la seguridad (y que no rompería la estética de los brazales) sería meter un listón de chapa bajo el refuerzo central de cuero.

Como el refuerzo central de cuero va cosido puede ir tranquilamente dentro sin estropearlo visualmente y te añadiría resistencia (muy necesaria) en esa zona).

Ten en cuenta que aunque el arma negra no atraviese el cuero el castañazo del impacto en el brazo no te lo quita nadie. Con ese refuerzo lo aliviarías mucho.

Manuel dijo...

Si los haces 5 cm mas largos y doblas el reborde hacia arriba con el cordon dentro no te pmolestara al doblar la muñeca hacia arriba.
Prueba con un retal y ya veras..

Axil dijo...

Hombre, yo no los veo tan cortos. Lógicamente, habría que usarlos con unos buenos guantes que protejan la muñeca.

Lo de reforzarlos con chapa y lo del borde doblado son ideas interesantes para los siguientes (aunque por ahora me quiero volver a pasar a la chapa una temporada, que tengo unas hombreras empezadas hace un mes)

Por cierto, amigo que confía en el hierro, no sé si has puesto algún control de comentarios en tu blog, pero no estoy siendo capaz de dejar ninguno.

BOTAX dijo...

Y para esto ibamos a Marihuana de jovencitos a comprar muñequeras de pinchos?

Si llego a saber que sabias hacerlas.....

Anónimo dijo...

Me gustaria saber si se puede remachar un casco o el umbo de un escudo con maquina remachadora manual, o es necesario hacerlo con martillo?
gracias

Axil dijo...

Por poderse, se puede, pero quedaría absolutamente horroroso. Los remaches modernos colocados con máquina tienen un agujerito en el medio, y se notaría a la legua que son remaches actuales.

Vamos, que sería como ponerle una cremallera a una cota de malla y ajutarte unas brafoneras con velcro.

Anónimo dijo...

Ok. No sabia que tenian un agujerito creia que quedaban semiesfericos por ambas partes. Que es necesario adquirir para remachar con martillo?, remaches martillo asi semiesferico y como se llama el tubo ese de metal para dar forma a los remaches?.
Muchas gracias por toda tu ayuda.

Axil dijo...

Necesitas los remaches, algo para cortarlos a la longitud correcta, un martillo de bola de más o menos un kilo, y una superficie para remachar (sirve una superficie de metal con una semiesfera taladrada para que encaje la cabeza del remache, o una superficie de madera muy dura)

El palito en cuestión, que se llama botador, no es estrictamente necesario, a menos que vayas a remachar en rincones muy escondidos.

Por lo demás:

http://www.forth-armoury.com/research/peen_rivets/how_to_peen_a_rivet.htm

Leon dijo...

Yo también me encontre con el problema de la comodidad y la movilidad al atacar un proyecto de brazales bastante mas modesto que el tuyo. Por cierto, vaya que eres ya todo un maestro en esas cuestiones del cuero! El problema lo resolví redondeando las esquinas. Probablemente eso te sea de alguna utilidad para no comprometer el largo del brazal. Puedes ver las fotos en fotosdragonescarlata.blogspot.com aunque desde ya me disculpo por mi pobre artesania.

Axil dijo...

Pues lo dicho en tu blog: me gusta el diseño, me lo guardo también para futuros desarrollos.

Gracias por las halagüeñas referencias en tu otro blog, y suerte con lo de Uberman de tu otro blog más...

Ferro Veritas dijo...

Siento lo de los comentarios, es la mierda del Akismet que tiene wordpress para detectar lo que él cree que es spam, que cuando le ataca se pone a eliminar cosas. Lo jodido es que no se puede desconectar. A ver que puedo hacer en la configuración para que no siga pasando.