lunes, julio 06, 2009

El soporte de armadura: construyendo a Paquitín.

Todo el que se haya metido en esto del armadureo con un poco de ciega obsesión constancia, en seguida se habrá dado cuenta de una cosa: a medida que vas fabricando más y más cosas, cada vez tienes menos sitio donde ponerlas, y empiezan a acumularse desordenadamente.

Para paliar este problema, no tienes que hacer caso a los que te digan que deberías deshacerte de alguna piezas. ¡Al contrario! Lo que tienes que hacer es fabricar más cosas.

- Vale, esto ya me lo veía yo venir. ¿Ha estado manejando productos químicos en un cuarto mal ventilado, o por fin se ha atizado usted solito un martillazo en la frente? Vayan llamando a los loqueros, por favor...

Que noooo, que no es eso. Lo que hay que hacer es fabricar un soporte de armadura, para poder dejar en un rincón, bonito y bien organizado, un elevado número de piezas.

La idea original de todo esto, además de todos los museos del mundo, proviene del foro de la AEEA y, sobre todo, del armero de Rorro. Otra fuente importante de inspiración fue esta página, sobre la construcción de una armadura, que empieza precisamente con la construcción básica de un maniquí..

Anteriores experiencias en carpintería, de las que sobró bastante madera, unidas a un par de encuentros fortuitos en el contenedor de basura más próximo, dieron como resultado que tuviera una buena cantidad de madera acumulada en un rincón. Nada que no puedas obtener de uno o dos pallets viejos, en realidad; así que en materiales no tienes por qué dejarte mucha pasta.


El objetivo es un maniquí de tamaño natural en el que poder poner un casco, cota, brafoneras... El esquema es bastante simple, y las medidas están sacadas de un servidor, con un pelín de redondeo para que queden más monas. Adáptense a conveniencia.

- Vale, muy mono, pero que no me cosco, oiga. ¿Cómo son esas piezas?

Me alegra que me hagas esa pregunta, porque casualmente tengo aquí preparado el despiece de ese maniquí. La idea es que todo se base en ranuras que encajen unas en otras para que sea bien robusto.

Esteeee... si os ponéis muy estrictos revisando las medidas, es muy probable que os encontráis con que la cosa no encaja; o que no coincide con el gráfico de antes. Digamos que fui adaptando algunas medidas sobre la marcha, y puede que no lo apuntara todo demasiado bien ¿vale?

Por cierto, casi todas las medidas de 30mm se deben a que ese el grosor de la madera que empleé, lógicamente habrá que adaptarlas a otros grosores.

Y bueno, con esto la cosa debería quedar clara. ¿Alguna pregunta?

- Pueeees...

- ¿Sí?

- Para empezar ¿la base es lo bastante grande para que sea estable?

- De sobra; al menos con mis hierros no hay problema. Eso sí, recomiendo a quien haga una base de este estilo que se asegure de que la madera no está combada antes de montar todo el maniquí. Así, el suyo tendrá menos swing que el mío, que ha salido un poquito bailongo.

- ¿Y por qué los salientes de las piernas que encajan en la base son de sólo 25mm?

- Pues precisamente para asegurarme de que no sobresalían y no hacían cojear todo el invento. Vano intento, pardiez...

- Vale, entendido. Sigamos. ¿Para qué los "tensores"?

- Chico, este larguirucho va a soportar bastante peso, y está construido en blandísima madera de pino. O le colocas refuerzos de este tipo, o se va a desencuadrar cosa mala.

- Vale, genial. Otra pregunta: algunas ranuras son más largas, otras más cortas... ¿a qué se debe? ¿Es un capricho, torpeza, o qué?

- Muy buena pregunta. En el diseño original todas ellas eran iguales, pero me di cuenta de que las piezas clave (la de la cadera y la de los hombros, que son las que soportan todo el peso perpendicularmente a la veta) veían muy comprometida su resistencia por unas ranuras que llegaban hasta su mismo centro desde ambos lados. De ahí que modificara la profundidad de algunas ranuras para que estas piezas fueran algo más sólidas.

- Y si esas piezas son tan importantes ¿por qué las ha hecho más estrechas que las demás?

- Precisamente por lo mismo. La madera que tenía en casa era de listoncillos pegados entre sí; mientras que los tablones que encontré en el contenedor eran de madera maciza de verdad, pero sólo de 90mm de ancho. Fueron esos los que empleé en esas piezas.

- ¡Aaah! Vale, ya comprendo.

- Y si no hay más preguntas, hasta aquí hemos llegado

- Ejem, pero...

- ¿Sí?

- ¿No va a poner ninguna foto del proceso, ni del resultado, o algo así?

- Si es queeeee... Venga, vale, pongámonos multimedia a tope.

Regla, escuadra, compás, sierra de calar, taladro para empezar los huecos de alguna de las piezas, y en un ratito tendrás esto:


Es recomendable darle un buen lijado a todas estas piezas, eliminar las aristas y, sobre todo, las esquinas puntiagudas.

- ¿Por algún motivo en especial?


- Pues lo cierto es que sí. Visualiza la imagen: deslizar una pesadísima loriga por un enorme maniquí de agudas aristas en las que ir enganchando todas las anillas. No sé a ti, pero a mi me da un telele sólo de pensarlo.


- Bonito ¿eh?

- Pues la verdad es que no mucho...

- ¿Comorrrr?

- A mi es que el pino así, tal cual, me parece más feo que enviar a la abuela a por drogas. ¿No le había sobrado un poco de barniz protector de cuando los bancos?

- ¡Ah, pues vas a tener razón, algo debe quedar por ahí! Venga, de acuerdo, barnizaremos un poquito.


Después de dejarlo secar adecuadamente, nos podemos lanzar a la aventura del montaje. Si eres bueno con la sierra de calar, será suficiente con encajar unas piezas con otras. ¡Incluso resultará un soporte desmontable!

- Ya, pero... ¿y si uno no es tan bueno con la sierra de calar como para que eso encaje realmente bien?

- ¡Qué casualidad, si ese es justo mi caso! Pues yo me decidí por encolar las uniones.


- ¿Y eso será suficiente, cuando la holgura es realmente hermosa?

- Pufff... no sabría decirte. Yo, la verdad, no lo tengo muy claro, y he tomado algunas medidas adicionales.


Eso sí, dejé la pieza de los hombros sin fijar al resto del cuerpo; de forma que sea desmontable. Así se ahorran problemas a la hora de poner y sacar una loriga.

Si eres capaz de montar todo este invento y que los hombros queden perfectamente rectos, es que eres un carpintero profesional, y no sé qué haces leyendo esta entrada. Así que puede ser recomendable que te ayudes de un nivel, y con una lima rebajes adecuadamente las ranuras hasta que la pieza de los hombros quede perfectamente horizontal.

- ¿Esa cosa tan rara es un nivel?

- Pues sí, es un nivel, aunque con ínfulas.

Una vez montado, lo ves a tamaño real, y lo primero que te planteas es que te has pasao tres pueblos, que ese trasto es, de lejos, demasiado grande para colocarlo en casa.

Pero en breve te entra un cierto sentimiento de cariño por esa criatura de madera que acabas de crear. Así que, dominado por el síndrome de Gepetto, te planteas que el larguirucho se merece tener un nombre. ¿Dummy García? ¿Optimus Prime? No, este colega se merece llamarse (por motivos que no vienen al caso) Paquitín. Así que aquí me tenéis, posando y bromeando alegremente con mi nuevo amigo Paquitín.


Paquitín es un tipo duro, muy duro. Casi como si estuviera hecho de madera, la verdad. Y hasta es capaz de soportar mis brafoneras por tiempo indefinido sin decir ni pío. ¡Ni una sola palabra de queja!

- Pues la verdad es que no queda demasiado mal, pero ¿el equipamiento no ha quedado un tanto heterogéneo?

- Si te refieres a que el casco y el escudo son como doscientos años anteriores a la espada y las hombreras... pues sí, lo sé. Vamos, como un soldado napoleónico con un kalashnikov. ¡Pero es que tengo que guardar el equipo en alguna parte, leñe!

lunes, junio 22, 2009

De regalos, medias jornadas, y otros acontecimientos veraniegos

Ya estamos entrando de cabeza en el verano (aunque a la hora de escribir estas líneas ahí fuera están cayendo chuzos de punta), y como todo cambio de estación, conlleva una serie de cambios en la rutina diaria.

Un primer cambio es que debo esforzarme un poco en recordar qué poner a la hora de rellenar la casilla "edad" de los formularios, porque, efectivamente, por estas fechas cae mi cumpleaños. En realidad, pasada la edad de once o doce años, a nadie le importa una higa tu cumpleaños; pero siempre hay que tener en cuenta esa curiosa costumbre de regalarte cosas para festejar que has dado otra vuelta alrededor del sol.

Cuando llega el cumpleaños de alguien, suele ser un problema elegir un regalo que le guste. Afortunadamente, los monomaniacos somos sencillos: no hay más que buscar algo relacionado con nuestra obsesión. Y en mi caso, no sólo ha sido algo que me gusta, sino que su adquisición comercial me puede ahorrar varios años de penurias con las manualidades: una cota de malla remachada.

Como podéis ver, es una cota no demasiado larga, sin aberturas en la falda, y de manga larga (que tendré que ver cómo cerrar en las muñecas)

Las anillas son redondas, sólo están aplanadas en la zona a remachar, y los remaches son redondos.


Este tipo de malla no tiene ni derecho ni revés. O, mejor dicho, los dos lados son revés: te la pongas como te la pongas, se engancha consigo misma y con el gambesón. Es un puñetero infierno ponértela y quitártela. Si no tienes una mano amiga un par de fuertes manos amigas para ayudarte, puedes acabar míseramente atrapado ahí dentro. Eso sí, una vez puesta, es relativamente cómoda; y puedes moverte sin demasiados problemas.


Y sí, también la había de anillos planos y remaches en cuña. Y sólo costaba el triple que ésta, todo un chollo.

- Esteee ¿y dónde comprasteis esa malla?

Pues reconozco que va a resultar sorprendente. Está comprada en un sitio en el que pensarías que la mercancía te iba a hacer arrugar la nariz. Nada menos que una tienda llamada "Arte Toledano", en pleno Paseo del Prado de Madrid; una tienda que parece estar gritando a los cuatro vientos: "¡Turistas, venid a ser estafados aquí!"; y que, extrañamente, tiene algunas piezas bastante interesantes, bastante aceptables, y, cosa muy curiosa, bastante baratas. Según qué piezas, hasta más baratas que en las tiendas de internet. Un sitio a tener en cuenta si vives por Madrid. (Cierra fuerte los ojos al entrar, y no los abras hasta que llegues al piso de arriba, o saldrás huyendo antes de llegar a las piezas decentes)

¿Y qué otros cambios trae el verano? Pues uno de los más significativos para un servidor es la jornada reducida durante un par de mesecitos (¡bien!), jornada reducida que voy a aplicar también a mi dedicación al blog.

Sí, habéis leído bien. De aquí al otoño, pienso reducir la frecuencia de actualización del blog de la actual entrada cada diez o quince días a... digamos... lo que me dé la gana.

Y es que los planes veraniegos están llenos de nuevos proyectos que abordar, y de nuevas manualidades que emprender. Pero me temo que muchas de ellas quedan un poco alejadas de la línea argumental habitual de este blog. No tengo yo claro que peguen entradas como "Pintando el techo del baño" o "Reorganizando las estanterías". Bueno, vale, a lo mejor "Limpiar el taller" me daría para un par de párrafos. Y "Recogiendo a Justina, la montaña de basura" podría ser una entrada prometedora, sin duda.


Pero no todo lo que hay en perspectiva son prosaicas tareas domésticas. También hay muchos armadureos en marcha, pero me temo que necesito coger algo de carrerilla antes de poder contar cosas interesantes. Ahora mismo, estoy embarcado en proyectos demasiado largos como para garantizar tener novedades importantes cada semana, entre mallas remachadas, sugarloafs, rematar piezas que tengo pendientes hace tiempo, practicar la soldadura, y un par de sorpresillas que me reservo... ¡Ah! Y preparar un montón de cosas que quiero tener listas para Peracense, donde para estar a la altura voy a tener que echar el resto.

Va, venga, lo confieso. Y también me voy a tirar el día haciendo el vago, a pachas entre dormir la siesta y estar de cervezas en una terraza, que también tiene su encanto.