miércoles, julio 02, 2014

El escudo redondo: porque los niños de campamento de verano pueden ser criaturas peligrosas.

Estábamos una tarde tranquilamente tirados en el sofá, cuando G. me dijo:

- Pues en el campamento de este verano, vamos a tener un día vikingo.

A lo que yo, distraídamente, respondí:

- ¿Y eso cómo va a ser?

- Pues me parece que va a consistir básicamente en que S. (que ya sabes que es licenciada en historia) se ponga de los nervios. Todo el mundo con disfraces con cascos con cuernos, y esas cosas.

- Vaya... pues llévate algo de material adecuado para la época, ya que lo tenemos por casa.

- ¿Y qué tenemos vikingo?

- Pueeees... ahora que lo dices, ni idea de esa época y cultura, la verdad. Las camisas interiores y el calzado no evolucionaron mucho, supongo... Va, déjalo. Te hago un escudo para que hagáis el bruto con él, y arreando.

Y así me embarqué en mi primer escudo redondo de tipo vikingo.


Lo primero era la madera. El típico escudo vikingo es redondo, sin curvar, y fabricado con varias tablas unidas entre sí canto con canto.



Pero para que nos vamos a engañar: yo no soy capaz de hacer algo así, y que quede medio sólido. Y si hay algo más bruto, destructivo, y salvaje que una recreación de una batalla vikinga, es un grupo de chavales (y monitores) en un campamento de verano. Este escudo tiene que ser más sólido que un yunque embutido en hormigón, o esa panda de cafres lo despedazará en diez minutos.

Así que mejor quedarse con la ya probada técnica del contrachapado cubierto de tela encolada. Dado que no hay que curvarlo, lo suyo es pillar directamente contrachapado de 1cm, pero por problemas logísticos, volví a pillar dos tableros de okumen de 5mm que me tocaba encolar.

Y sí, otra vez los compré demasiado grandes, y otra vez no me cabían en el coche. Afortunadamente, y por motivos que no vienen al caso, llevaba un serrucho en el coche, así que todo se resolvió en el mismo aparcamiento con apenas una nubecilla de serrín cabalgando en alas del viento.

El resto... un clavo, un cordón, un lápiz, y una sierra de calar.



Y, por supuesto, recortar un hueco para la mano, que quedará cubierto por un umbo que compré ya hecho (ya que los venden, y bastante sólidos ¿por qué liarme a martillazos tontamente con una chapa gruesa que no tiene ninguna intención de dejarse dar forma mansamente?)



Y, después de montones de entradas sobre la fabricación de escudos, supongo que no hay mucho más que explicar. Se pegan las capas de madera entre sí:



se lijan los bordes bien lisos...



...y se entela el conjunto. Ya he comentado que esto tiene que ser a prueba de bárbaros del norte chavales asilvestrados, así que nada de concesiones: seis capas de tela encolada por delante, para que sea capaz de aguantar el impacto directo de un obús; y una por detrás, por si acaso son capaces de atravesarlo, para que no salten astillas contra el portador. ¡Apocalipsis zombi, estamos preparados!


Voy a dejar el escudo sin cantear en cuero, más que nada para que los energúmenos chavales no puedan arrancarle las tachuelas y usarlas más tarde como arma. Y para que el borde entelado quede medio decente, ya sabéis que el truco está en que la tela encolada puede limarse.

Una particularidad de este tipo de escudo es que va agarrado, no embrazado. La muñeca va a ir pegada al borde del hueco del umbo, así que más vale que sea tan suave como sea posible. Para evitar cualquier arista afilada, lo primero es un buen lijado. Después. yo le hice un cerco de tela encolada que cubriera cualquier imperfección de las capas de tela interiores.


Y llega el momento de fabricarle el agarre. Jurovós que la forma general del agarre la saqué de una pieza histórica que, por algún motivo, ahora mismo no soy capaz de localizar en internet. El caso es que, simplificando bastante la pieza, la marcamos y cortamos en resistente madera de haya...


...y le rebajamos las aristas a golpe de escofina, además de ahuecar la zona que irá pegada al umbo, por aquello de dejar más espacio para la mano. Asegúrate de no dejar esa parte del agarre completamente cilíndrica, es mejor que quede de sección ovalada. Un poco aplanado, por entendernos. Así, el portador del escudo tendrá más control sobre su orientación y será más difícil que se le gire sin control. 



Con tan solo un poco de papel de lija, cortado en tiras para que sea más sencillo manejarlo, tendremos un agarre redondeado. Mierd... no tengo fotos de este paso, y es lo único interesante de esta entrada. A ver, sujetas la pieza con una mordaza, para que no se mueva, agarras la tira de lija por los extremos, y la pasas por la pieza como... como... ¡como si fueras un limpiabotas lustrando un zapato! Vas tirando alternativamente de un lado y del otro, dejando que la flexibilidad de la tira de lija se encargue del redondeo.


El agarre, por supuesto, irá remachado, con remaches fabricados a partir de clavos gordos. Unos cuantos, que no queremos que esto se mueva. Así que taladramos, y, ya puestos en harina, taladramos también los agujeros en los que irá remachado el umbo. ¡Ojo! intenta que ninguno de los remaches del umbo esté en la zona en la que apoyará la muñeca!


Le das al agarre una buena capa de aceite de linaza para que dure para siempre, y ya sólo nos queda pintar y remachar todo el conjunto. Ya que te pones, es buena idea cortar los remaches a medida, incluso siguiendo el ángulo que hace la madera del agarre del escudo, por aquello de que luego queden unos remachados lo más uniformes que sea posible.



Y... ¡batallaaaaa!



Esta manía mía de hacer escudos indestructibles tiene una contrapartida: este escudo, de unos 70cm de diámetro, pesa 3,3kg, algo que al cabo de un rato de usarlo se va a notar, sobre todo siendo una tipología de escudo sin embrace ni tiracol. ¡Pero la fama cuesta! ¡Y aquí es donde vais a empezar a pagar! ¡Con sudor! ¡Y agujetas! ¡Y con...!

- Ya pasó, ya pasó. ¿Se ha tomado hoy su medicación? Cálmese, mire, hoy para comer tenemos un delicioso guiso de caracoles, ya verá qué ricos.

- ¡NOOOOOOO!

lunes, mayo 12, 2014

María de Huerva 2014: De aquellos lodos...

Como alguno recordará, el año pasado, por estas fechas, estuvimos en una de esas recreaciones del diluvio universal que hacemos por toda la geografía española.

- Pues oiga, así a ojo, ha recreado usted eso mismo tantísimas veces, que no caigo.

Vaaaale, os daré más pistas: hablo de María de Huerva 2013, invitados por nuestros amigos los Feudorum Domini.

Pues resulta que esta panda de temerarios, en contra de toda lógica, se ha atrevido a desafiar a los elementos, y a repetir la convocatoria este año. Y nosotros, por supuesto, hemos acudido a su llamada.

- No, si es que parece que les va la marcha...


Los preparativos

Un evento no empieza el día en que se abren las puertas al público. ¡Qué va! Un evento empieza  con semanas de antelación, revisando y preparando todo el equipo que se va a llevar al mismo.

Y es que hay organizarse bien. Yo, por ejemplo, hace semanas que tenía claro que tenía que remendar y limpiar un par de zapatos de G, revisar todos los cachivaches de hacer malla remachada, (incluyendo poner a los saquillos de anillas las etiquetas que me hizo mi amigo don Enrique), tenía que comprar piquetas nuevas para la tienda, y que preparar una maza medio histórica.

- O sea, que hace dos o tres semanas se puso a ello y lo preparó todo.

Buenoooo... tampoco hay que pasarse con la antelación, al fin y al cabo, tampoco es tanto lo que hay que preparar.

- Vamos, que la última semana, a toda prisa.

En fin, la verdad es queeee... esa semana tuve mucho trabajo, y llegaba a casa muy cansado, así que lo cierto es que los primeros días lo dejé correr un poco.

- Ya. El día antes lo tuvo que hacer todo, y a toda prisa ¿no?

¡Je! Tiene gracia que lo comente. Precisamente, el día antes me di cuenta de que tenía que dejar el coche cargado para salir el viernes escopetado y no llegar demasiado tarde.

- Vamos, que como siempre ¿no? Con todo el equipo exactamente igual que lo empaquetó en el evento anterior.

Bueeeno, pues puede que sí, que un poco. ¡Pero allí que salimos, con el animo por las no-nubes! ¡Que este año, la previsión dice que hace bueno!



Hola guapa. Y tú ¿oras, o laboras?

Caballero, no pregunte usted eso con esos ojillos picarones, que me arrebolo.

A estos eventos, G y yo venimos siempre con ánimo artesano. G seguía cosiendo unos zapatos que empezó, precisamente, en la anterior edición de María de Huerva, y yo me puse con la malla remachada, montando el tenderete con las distintas fases de fabricación y tejido de las anillas.


No es que el tema atraiga a multitudes enfervorecidas, pero resulta muy satisfactorio ir explicando la historia del calzado y de la malla a la gente que se va acercando, y viendo cómo lo van flipando cuando se van dando cuenta del currazo que llevaban en el medievo según qué cosas.

- Vamos, que otra vez en plan recreación civil total, ¿no?

Pues curiosamente no. El evento tenía un carácter marcadamente militar, así que empezamos por el típico desfile con armas. Al sol, por supuesto. Y con discursos. También al sol, por supuesto. Pero quedó extremadamente incompleto: no hubo ni una mísera cuesta arriba por la que echar el bofe durante el desfile. ¡Así no se recrea, leñe!



- Pues así, a ojo, parecen cuatro gatos pelaos bajo un solecico primaveral.

La foto no hace justicia. Con el solecico primaveral, se podía preparar un filete a la plancha sobre los hierros. Y la plaza la teníamos petada no sólo por el lado que se ve en la foto, sino también por los otros tres.

- ¡Anda ya! ¡Si no son tantos casi nunca!

Que sí, que sí, que éramos como setenta. Y los del pueblo que se habían equipado, y un grupo de niños que desfilaba mejor que nosotros... ¡Y hasta un grupo sobrevenido!

- ¿Ein? ¿Qué demonios es un "grupo sobrevenido"?

Pues un grupo que se presentó, invitado de segunda mano, del que la organización del evento no tenía ni noticia de que iban a venir. Fue un poco de mal rollo, porque la logística estaba limitada a un aforo determinado, y esta gente, que venía probablemente con su mejor intención, se encontró con que no había forma de acogerles.

- Jopeta.

Síp. Bueno, a lo que iba. El caso es que el evento era muy militar, y estaba claro que esta vez no podía esquivar la batalla. Eso sí, siguiendo mi línea habitual, me dejé el grueso de los hierros en casa, y me presenté a la algarada con gambesón y yelmo, que eso de enlorigarse lo reservo para una apocalipsis zombi.



- Oiga, ese que está en primer plano ¿no es Iñaki "El artesano principiante"?

El mismo que viste y calza. Y que lleva a la batalla yelmos prestados y, en lugar de poner la cara para llevarse los espadazos, ofrece el hierro para parar los golpes ¡Habrase visto! ¿Pues no paró un tajo tremendo con el primer yelmo que yo hice, allá por finales de 2006, en lugar de poner el cráneo pelao, como debe ser?

- Bueno, ahora que habla de los golpes en batalla... ¿quién gana esta vez el tan reñido título de...


...pupas del evento medieval?

Lo cierto es que la cosa ha estado discutida. En primera instancia, el gran favorito era mi amigo Xavi.


- Uhmmm... ¿se refiere a ese que está haciendo el travelo con unas hombreras del XIV?  Un tipo muy rarito ¿no?

No, no, en absolu... Bueno, no sé, pero no me refería a eso. Me refería a que a Xavi ya le he dejado caer un yunque sobre el pie en un evento anterior, ya le ha caido encima la Santa Fragua en Peracense, y llegó a este evento seriamente lesionado después de que un coche le diera un golpe y se la cantara bastante hermosa con la moto... y luego siguió en la línea clásica de lesiones en los eventos.

- ¿En la línea clásica? A ver, no me exagere. ¿Hizo los ejercicios obligatorios, o sólo una exhibición de por libre?

¡Por favor! Cumplió con todos los ejercicios canónicos, por supuesto. Golpetazo de yelmo cayendo sobre pie desprotegido, con pronóstico de dolor, inflamación y maldiciones durante varios días.

- Vale, con eso puede clasificarse, pero no destaca. ¿Algún mérito adicional?

Sí, por supuesto. El ejercicio se completa con el aterrizaje de espadas sobre el mismo pie lesionado, con doble aspaviento y quejido extendido en re menor.



- Bueno, entonces está claro que tenemos un claro vencedor para "pupas del evento".


No, no se crea. Xavi apunta maneras, sin duda, pero al final fue superado por un veterano. Y es que nuestro amigo Mariano decidió arreglarse las cejas con una espada. ¡Y fue antes de la batalla! ¡Y la espada era de uno de su propio bando! Y claro, Mariano, entusiasmado, no se dio cuenta de que la espada no tenía filo, así que no iba a poder depilarse el entrecejo con precisión. Y acabó con un ojo a la funerala. Y ya puede dar gracias, porque podría haber sido mucho peor. Podría haber intentado hacerse las ingles brasileñas, por ejemplo.


- Hombre, viendo la foto, se las tendría que haber hecho más o menos a la altura de las rodillas. De todas formas, esa foto... ¿no es también un poco "rarita"? 

No, que va, es una foto de un "vestir al caballero" que... Bueno, mire, mejor no me lío dando explicaciones. Aunque, así entre nosotros, lo del vestir al caballero fue un momento de lo más ardiente. Sobre todo, cuando llegó el turno de hacerlo para el caballero enlatado de finales del XIV, después de que sus chapas llevaran como media hora al abrasador solazo del mediodía.




Y no me despiste más, que yo estaba hablando del carácter militar del evento, no se me vaya por las ramas, que me pierdo.


¡Batallaaaaa!

Participé en la batalla del domingo como aguerrido mercenario que...

- ¿Usted? ¡Ja! ¡Pero si usted es un reconocido cobardica, que nunca participa en las algaradas para que no le hagan pupita!

...COMO AGUERRIDO MERCENARIO que combatía junto a los árabes en contra del bando cristiano. Que aquí los moros hasta rezaron mirando a la Meca antes de la batalla.


- Ya, poniendo el culo en pompa. Si es que empiezo a ver un patrón en todo esto. ¿Y qué tal la batalla? ¿Quién ganó? Supongo que usted moriría el primero ¿no?

Pues ganó el bando cristiano. Y lo cierto es que yo quedé un poco demasiado inmortal, que con el lío de la batalla pensaba que aún nos quedaba otro encontronazo para morir, y tardé en darme cuenta de mi error. Pero al final la palmé. Seguramente, era la voluntad de Alá.


- Algarada habitual, entonces; sin novedades reseñables. Pffff...

No se crea, hubo varios combates individuales después que estuvieron bastante bien. Con espada y escudo, con arnés y mano y media... Pero el mejor fue el último, involucrando órdenes militares, soldados de leva, cuernos maritales de por medio, venganzas personales, arena en los ojos, mujeres histéricas, puñaladas traperas... Si es que un combate preparado y coreografiado da mucho más juego que un cruce de hierros improvisado. Aunque algo de eso también hubo.



No sé qué pensaría el público porque no me fijé en su reacción: estaba demasiado entretenido riéndome con el combate y con los comentarios por megafonía de Carlos 'Feudorum'.


Que llueva, que llueva...

- Pues, por lo que parece, en esta ocasión la climatología ha acompañado ¿no?

Bueno, a medias. El sábado hizo solazo y calor brutal. Mi nueva crespina me ha dejado un extraño bronceado medieval, con la frente tostada y el final de las entradas paliducho. Después de comer, la gente no sabía dónde meterse para echarse una siestecita, ajenos a lo que sucedía a su alrededor.


Y el domingo, el clima acompañó a los árabes en la batalla. El campamento (y la zona de la batalla) estaban en una explanada cubierta de arenilla, y un viento bastante notable levantaba nubes de polvo que convertían un vulgar pestañeo en una experiencia crujiente. Lo suficiente como para que nos fuéramos a comer al mismo local en el que el año pasado nos protegimos de la lluvia.




Vamos, que dentro de la tienda, las cosas tenían encima una capa de arena de lo que se colaba por debajo del faldón. Algo impresionante.

- Si es que no se conforman ustedes con nada: que si demasiada, agua, que si demasiado sol, que si demasiado viento... ¿Qué esperan?

No sé... ¿un clima mediterráneo normalito es mucho pedir?