jueves, febrero 04, 2016

Haciendo una fragua (2). Sople aquí, por favor.

En la anterior entrada explicaba cómo hacer un cajón con patas que, con un poco más de esfuerzo, esperaba convertir en un cajón de fragua. ¿Por dónde seguir?

Si os acordáis, en el cajón había taladrado unos agujeros que permitieran la entrada de aire para que el flujo de oxígeno atraviese el carbón desde abajo.


y, hace ya años, estuvimos hablando de cómo hacer un fuelle grande para una fragua. ¡Ah, todo esto va encajando! O, mejor dicho ¡tenemos que hacer algo para que encaje!

Y, para eso, hace falta un tubo. Bueno, en realidad, varios tubos. Porque si lo unes todo con un tubo cerrado, no tardará en llenarse de carbonilla y escoria, y tú no quieres eso. Te hace falta algo que permita un vaciado rápido de la ceniza, que proporcione una mínima estanqueidad, y que además permita que el fuelle acceda en ángulo, de arriba a abajo, para que las posibles brasillas no se le metan dentro y quemen todo ese cuero que tanto te costó fijar.

Por aquello de mantener el cajón ligero, empecé usando unos tubos de esos que se usan para las salidas de humo de las estufas domésticas. Porque el cajón es de chapa de 2mm y pretendo ponerle una gruesa capa de mortero por encima, así que no iba a echarlo todo a perder usando ahora algo pesado ¿no?

El caso es que, cuando empecé a soldar aquello, con electrodos finos, y al mínimo amperaje con el que llegaba a establecerse arco... no es que hiciera agujeros, es que el material se volatilizaba.

Vaaaaale, no saber soldar puede que ayudara. Pero aquello no tenía arreglo, así que tuve que renunciar y usar unos tubos más gruesos, como de 1 ó 1,5mm de pared. Y sí, también me las apañé para hacer algún agujero, pero esos ya sí que eran arreglables.

Porque no recuerdo quién (tal vez mi amigo Redo) me pasó el enlace a un magnífico videotutorial sobre soldadura básica donde, al final, se explica cómo rellenar un hueco con soldadura. ¡Eh, y funciona!


El lector impaciente estará pensando: no, si todo esto de la soldadura está muy bien, pero ¿cómo demonios se supone que es la entrada de aire? ¡Que de nada me sirve saber soldar, si no sé lo que tengo que montar!

Pues en esas mismas estaba yo. No tenía ni repajolera idea de cómo hacer una entrada de aire medio solvente. Pero, afortunadamente, en el evento de María de Huerva de 2015, coincidí con unos fantabulosos herreros astures que habían llevado allí una fragua, y que fueron tan amables como para pasarme fotos y explicaciones del mecanismo de vaciado que montaban en las suyas. Y ya me conocéis: inmediatamente plagié su diseño, aunque el mío es tan extremadamente cutre que nadie podría relacionarlo con el impresionante original.



¿Y en qué hemos dicho que consiste este enigmático cacharro? Pues, lo primero, en un tubo en el que encaje el tubo de salida del fuelle. Y, como los tubos metálicos se venden en comodísimas longitudes de mínimo seis metros, casi que va a ser cosa de pillar un retal suelto, tal vez un pelín más corto. Como un par de palmos, tal vez.

Es una lástima que uno no se pueda poner demasiado exquisito con los diámetros cuando va por ahí mendigando recortes de tubo. Pero, narices ¡que estás haciendo una fragua! ¡Tienes un martillo, y no te da miedo utilizarlo!


Si el diámetro de la boca del tubo no se ajusta a lo que necesitas ¡cambia su diámetro! ¿Quién se ha creido ese tubo que es, para permitirse el lujo de no encajar en la salida de tu fuelle? Primero lo expandes, dándole forma tronco cónica; y luego comprimes de nuevo la base del cono para volver a darle una forma cilíndrica que encaje en el otro tubo.

(Ejem... tampoco exageres, si te pasas mucho con esta técnica, es más que posible que rajes el metal, así que tampoco te lo tomes demasiado en serio ¿vale?)


 El tubo al que acabas de dar forma va a tener que encajar en ángulo con otro tubo, que es el que va a llegar hasta el cajón de la fragua. Y sí, podría haber sido otro tubo redondo, esa era la idea, pero ¿no os he dicho que estaba mendigando retales de tubo? Cuando vas pidiendo recortes (por favor por favor por favor) en el almacén de hierros del barrio, si el retal es cuadrado, pues bienvenido y anguloso sea. Un mucho de taladro, un toque de caladora, y listo. ¡Ojo! el otro tubo va a encajar en ángulo, así que el hueco debe ser ovalado, no perfectamente redondo.


Te va a tocar soldar estas dos piezas juntas, y de eso no tengo fotos. Pero, antes de eso ¿no habíamos dicho que había que montar una tapa para vaciar la escoria que caiga dentro?

Pues al grano. Una tapa plana, y una pieza que haga de gozne sobre el tubo. Y recuerda aquello de "mide dos veces, corta una": tiene que quedar suficiente holgura para que la tapa se cierre y se abra del todo.


Tienes que taladrar huecos para dejar pasar una varilla que haga de eje, y plegarlo todo para que quede una bisagra adecuada. Y sí, yo tenía por aquí un puñado de remaches enormes que sirven para hacer un eje estupendo; pero vamos, nada que no podáis fabricar con un retal de varilla redonda (llevamos un rato hablando de mendigar cachos de tubo, tampoco es para que ahora te hagas el estrecho con lo de rebuscar en la basura de la ferretería de al lado, coñe)


En la foto de más abajo se ve cómo va colocada la tapa que tapa. El bote blanco que ves encima es el secreto mágico del soldador novato. Porque, cuando vas a soldar algo con un mínimo de precisión, siempre lees lo mismo: dale un par de puntos de soldadura para que se quede en su sitio, y luego ya tiras todo el cordón, así evitarás que las piezas se retuerzan cuando vayas tirando el cordón.

Claro. ¿Y cuando ya se te retuerce con el primer punto de soldadura, qué?



Pues para eso está ese bote blanco. Cianocrilato. De la tienda cutre de la esquina, fabricación china de ínfima calidad. Instantáneo, mantiene la pieza en su sitio lo justito para poder darle ese par de puntos de soldadura, y se vaporiza en cuanto le acercas el arco de soldadura de verdad.


¿He dicho ya que se me fue la mano con el soldador y que tuve que rellenar los agujeros? ¿Y que, en realidad, no es como si yo supiera soldar? Supongo que ese temblequeante borde reconstruido dará fe de que no estaba mintiendo.

El lector que posea los más elementales rudimentos de física estará pensando: si eso es la tapa de vaciado, y va en la parte de abajo ¿qué se supone que la mantiene cerrada? Por su propio peso (y el de la carbonilla) se abrirá ¿no? Y entonces, el aire procedente del fuelle se saldrá por ahí, en lugar de pasar por el carbón. ¿Qué falta aquí?

Pues falta el mango. Una palanca que no sólo permitirá abrir la tapa al accionarla, sino que, con su peso, la mantendrá cerrada el resto del tiempo.


¡Que sí, cohone, que sueldo fatal, lo sé, narices! Ese mango, si es lo bastante largo, o con bastante peso en el extremo, se encargará de mantener la tapa cerrada.

Así que, si terminamos de soldar todo junto, y si le damos a todo lo que sea metálico una buena capa de pintura (ya puestos, que sea pintura térmica) tendremos algo así. 



Deja ya de poner esa cara tan rara. Que sí, que el mecanismo de vaciado sí que funciona. Veeeenga, te lo enseño en un vídeo para que tengas claro cómo va.


Para acabar con el cajón, ya sólo falta rellenarlo con un poco de mortero. Porque, si no lo haces, lo más probable es que la zona por la que entra el aire se caliente lo bastante como para fundir el hierro del cajón a la media hora de usar tu flamante fragua. Y ya que te pones, usa mortero refractario, del que se utiliza para chimeneas y barbacoas, que se supone que dará alguna que otra caloría de más a la fragua.

Lo primero, es preparar algo para que el aire pueda atravesar el mortero. Podrías esperar a que se secara y taladrarlo, pero eso es una complicación absurda: es mucho más fácil poner unas varillas para marcar los canales de entrada de aire y verter después el mortero alrededor.

 ¿Qué haces para fijar las varillas? pues sujetarlas con algo que, una vez seco el mortero, permita sacarlas fácilmente. Los herreros serios fijo que te recomiendan un puntito rápido de soldadura que luego se pueda partir con un contundente martillazo. Yo, de nuevo, te recomiendo el cianocrilato del bazar de la esquina, que luego se puede partir con una contundente tobita con un dedo.


¿Qué es toda esa chatarra que está por la base del cajón? Pues la excusa que me di a mí mismo es que esos trozos de alambre soldados al cajón, y esos cordones gruesos marcados en el fondo, servirían para que el mortero agarrara algo mejor y no me diera sorpresas. Como caerse en bloque la primera vez que inclinara más de la cuenta el cajón, por ejemplo. Pero, si queréis que os diga la verdad, me apetecía experimentar un poco con el soldador. Y como mis soldaduras son atrocidades criminales ¿qué mejor forma de esconderlas que al estilo mafioso, enterradas bajo el cemento?

Y ya sólo queda mezclar y verter el mortero para cubrir la base del cajón. Yo usé tres kilos de mortero, por aquello de mantener este trasto ligero y portátil. Se mezcla con la cantidad de agua indicada en el envase, se remueve hasta obtener una masa uniforme, se vierte en el cajón, y se alisa un poco la superficie con lo que tengas más a mano. Como los dedos, por ejemplo.

Y hasta aquí llega todo mi conocimiento teórico y experiencia práctica como encofrador, así que no me hagáis muchas más preguntas al respecto, que no sabré responderlas.


Preguntas como, por ejemplo, "¿Por qué quedó un fondo gris, y un borde plateado?". Ni flowers. Puede que tuviera que ver con dónde había o no un charco de agua cuando empezó a secar el mortero, pero no parece que quiera desaparecer con el tiempo. ¿Es malo para la resistencia del mortero? Vamos a ver ¿y yo qué narices sé? ¿Qué parte de "hasta aquí llega todo mi conocimiento teórico y experiencia práctica como encofrador" no has entendido?

Por el momento, el cajón ha resistido con solvencia las pruebas de uso intensivo a las que le he sometido. Es decir, un encendido de prueba con un puñado de carbón vegetal para barbacoa, de ese que, cuando le soplas aire desde abajo, en lugar de quemar a más temperatura, sale volando. Y mira que el soplador que usé era poco potente.

Aunque bueno, de ese soplador, ya hablaremos otro día.

jueves, diciembre 17, 2015

Haciendo una fragua (1): esto es de cajón.

Los más antiguos lectores de este blog -si es que quedan lectores de este blog, antiguos o no- recordarán la historia de cómo, allá por 2010, nos juntamos varios tarados recreadores llenos de iniciativa para montar una fragua en el evento de ese año del castillo de Peracense.

Yo fabriqué un fuelle, mi amigo Harald arrastró martillos y un yunque de 90kg desde Cádiz hasta Teruel, y el grupo organizador, los Fidelis Regi, puso maderas y herramientas para montar toda la estructura.

Eso incluía un armazón para sujetar el fuelle en su sitio y, muy importante, para fabricar el propio cajón de la fragua.

- ¿Un cajón de fragua hecho de madera? Pero ¿eso no se pone a arder?

Bueno, la respuesta a eso está en algún lugar entre el "sí" y el "sí, pero menos de lo que te imaginas".

Cubrimos el fondo del cajón con arena y con unas cuantas lascas de piedra, y entre eso y la sabia administración de un poco de agua de vez en cuando, el cajón no rompía a arder. No demasiado.Y nunca hubo víctimas civiles. No de gravedad.


Y así comenzó una tradición. Porque no era plan de ir desmontando y montando el cajón en cada evento: entre que daba pereza y que estaba claro que aquel cajón -ejem, lo cierto es que un poquito a medio carbonizar- no iba a aguantar muchos reclavados, se instituyó la ¡Procesión de la Santa Fragua!



En cada evento, llevábamos el cajón de la fragua del almacén a la torre en la que montábamos la herrería, y de vuelta al almacén al concluir el evento. Por supuesto que en varias ocasiones se nos cayó, se nos volcó y se desparramó la arena, y hasta se nos desfondó; pero aún así el cajón aguantó muy dignamente el fuego y el maltrato.

Hasta 2014. En 2014, el cajón dijo basta. Se prendió fuego bien prendido, se desfondó bien desfondado, y, en general, pasó página y abandonó su identidad de cajón para abordar una nueva etapa de su existencia reconvertido en leña.

Había que hacer algo si queríamos volver a montar fragua en 2015. Al menos, hasta que nos enteramos de que no íbamos a poder montar fragua en 2015. Y, ya de paso, tener algo un poco portátil que utilizar yo. Manos a la obra.

Las premisas básicas son: incombustible y portátil. Yo tengo esta cosa rara por la que soy genéticamente incapaz de fabricar nada "portátil" que pese menos de 20kg, pero aún así hay que intentarlo.

El incombustible es fácil: nada de madera, hagamos un cajón de chapa. Y, como nos conocemos y se nos ha fundido acero en la fragua más de una vez, vamos a usar algo un poco grueso, no sea que... Chapa de 2mm, que aguanta bastante.

Ya empezamos. A tomar vientos lo de portátil.


Un yunque, unos cuantos martillazos con una maza un poco sólida, y ya tenemos cajón. Si nos queremos poner preciosistas, hasta podemos soldar las uniones para que aquello no se suelte. Al menos, para que no se suelte sin que alguien le dé un golpe. O lo roce. O lo mire mal. ¿Cuántas veces tengo que deciros que no sé soldar?


Si te pones a montar un cajón de fragua en condiciones, lo suyo es aprovechar para olvidarte de ese tubo del fuelle apoyado en un borde, y hacer algo para que el aire llegue desde abajo, atravesando el carbón y dándonos más temperatura, además de poder mandar volando montones de brasillas ardiendo a una distancia muchísimo más entretenida.

Estoy seguro de que, para hacer tomas de aire en una fragua, hay montones de técnicas y hasta unas cuantas ecuaciones a tener en cuenta para que el flujo de aire sea óptimo dependiendo del tipo de piezas a forjar, del mecanismo de soplado y de tu técnica como herrero. Yo hice unos cuantos agujeros a ojo con una broca del 8.







Lo siguiente va a ser ponerle patas a este invento. Le podía haber puesto perfil metálico, pero eso da demasiado el cante en el SXIII. O podía haberle hecho un sólido armazón de listones gordos de madera, pero eso le iba a añadir sus buenos kilos al invento portátil este. Busquemos algo ligero y un poquito sólido. Oye, en la ferretería de la esquina ¿no vendían mangos de haya para herramientas de jardín? ¡Y hasta vienen con un extremo ya un poco aguzado para poder engancharlos en un hueco cónico! Compra cuatro, y vamos a preparar esos huecos cónicos.



Que sí, hombre de poca fe, eso de la foto son huecos cónicos. Mides el diámetro de la parte más ancha del cono, el de la parte más estrecha, y con eso pintas el cuerpo central, que tiene forma de trapecio (y lo redondeas un poco para que aquello no parezca un stealth fighter). A ese trapecio le añades unas pestañas que se entrelazarán entre sí para luego remacharse en las esquinas del cajón.

¿Cómo que no lo has entedido? Ainsss, a ver si con esta foto lo pillas:








Sí, ahí hay mucho trabajo de lima para que todo encaje. De hecho, hay un nuevo patronaje, porque el primer juego fabricado enganchaba perfectamente en las patas de madera, pero, desgraciadamente, era demasiado alto para poder remacharse en el cajón.

[Lector con la mandíbula desencajada y las piezas ya fabricadas antes de haber seguido leyendo, y que se acaba de dar cuenta de que tampoco lo ha tenido en cuenta antes de liarse a cortar]

Sí, compañero, te comprendo.


Una vez tengas las cuatro piezas fabricadas con las medidas correctas, ya puedes remacharlas al cajón. Porque en esta casa somos mucho más de remachar que de soldar. ¡Que no sé soldar, leñe, ya te lo he dicho! Y además, los remaches van a quedar como que mucho más monos, dónde va usted a parar.

(Inciso: ¿por qué cuando busco en Google imágenes de "soldadura de mierda" para enlazarlas aquí, me aparecen fotos de este mismo blog? ¡Esto es insultante!)

Y con esto, ya podemos ponerle patas al invento.



Uhmmm... Eso de que me llegue a al altura del pecho va a resultar incómodo. Además, las patas encajadas así de cutremente, como que se van a menear mucho. Esto me recuerda a alguien. En fin, va a haber que estabilizarlo. Aparte de cortarlas a una altura adecuada, vamos a preparar un soporte en cruz que mantenga la parte inferior de las patas un poco controladas.

Primero, a partir de una varilla que tenía por aquí, y a golpe de soplete y martillo, preparé unos ganchos que fijar a las patas. Con un poco de chapa fina (creo que usé 1 o 1,5mm) hice unas abrazaderas para poder remachar los ganchos sin machacar la madera (¡nos gusta remachar!), y que el soporte apoye en algo sólido.


Y no, no saqué fotos de cómo queda esto montado en las patas, pero es sencillo: curvas las chapas alrededor de las patas a puro martillazo, hasta que la abracen por completo (¡por eso se llaman abrazaderas!) y haces un taladro que atraviese la abrazadera por la parte en que los extremos se solapan (tienes que haber cortado la chapa lo bastante larga para que se solape, sí); el taladro debe atravesar la madera y el otro lado de la abrazadera.

Por el hueco, pasas el vástago de uno de los ganchos que has preparado, cortas lo que sobresalga más de la cuenta, y remachas (¡yeah!)

Vaaaale, así explicado no lo entiendo ni yo, luego amplías la foto del cacharro terminado para ver cómo es.

Por cierto, en las fotos el hierro se verá negro porque tengo la manía de cubrir con pintura antioxidante todo lo de hierro que puede acabar expuesto a condiciones un poco extremas. Como calor mezclado con intemperie, que es el destino probable de este cajón.

Lo que me recuerda: las patas de madera tienen cierto riesgo de acabar apoyadas en un suelo húmedo, así que, después de cortarlas a la altura adecuada para que la fragua te quede cómoda, no es mala idea sellar el poro de la madera con, por ejemplo, abudante cola blanca, que es lo que tenía a mano.

Mira, resulta que de esta tontería sí que saqué fotos. Por si alguien no sabe cómo pringar con cola el extremo de un palo, vamos.


Pero estoy desvariando. Estábamos haciendo un refuerzo en cruz para las patas, y la parte principal del refuerzo van a ser dos pletinas gorditas (¡viva la portabilidad!) sólidamente remachadas (¡yupi!) en cruz. Lo suyo es que tiendan a largas, de forma que den tensión a las patas y de paso un poco más de base al conjunto.


Puedes ver los taladros para los remaches, los taladros para los ganchos de las patas, y unos rebajes en los que va a encajar la parte del gancho de las patas que queda pegada a la madera. Pero tampoco te vuelvas loco con esto: yo estaba improvisando sobre la marcha, puede que le dé algo de rigidez a todo el invento, pero yo hice las ranuras básicamente porque medí mal el largo de las pletinas y si no, no cabían. Vamos, el motivo habitual para casi todas mis decisiones de diseño.


Y aquí está el resultado (sí, ahora es cuando puedes ampliar para ver bien los ganchitos de las patas). Por el momento, lo voy a dejar aquí, en futuras entradas hablaremos dedel tubo para el aire, de su trampilla para el vaciado de cenizas, de la capa de mortero refractario, y de cómo reciclar un extractor de aire de un calentador de gas para conectárselo a todo esto. Que, teniendo en cuenta que lo terminé todo hace cosa de seis meses y no lo he publicado hasta ahora, a lo mejor se alarga un tanto.