viernes, octubre 11, 2013

Adaptaciones clásicas: el yelmo de crupellarius (¿se escribe así?)

No pospondré el dejar de procrastinar para, sin más prolegómenos, tratar de entreteneros con la entrada relativa a los inexcrutables crupellarius.

Te reto a repetir la frase anterior en voz alta cinco veces seguidas. Deprisa.

La cosa empezó como sigue:

- Oye, Axil, hiciste un trabajo excelente con aquel cinturón íbero que te encargué, así que me preguntaba ¿me podrías hacer un casco de crupellarius?

- Cupre... cupe... crupre... ¿lo qué?

- Crupellarius. Ya sabes, ese tipo de gladiador romano completamente acorazado.

- ¡Ah! ¡Haber empezado por ahí! Esteeee... sí, oye, que ahora me pillas muy liado, luego hablamos ¿vale?

[Rápida búsqueda en Google para saber de qué demonios me estaban hablando]

Por si no lo sabéis, había diferentes tipos de gladiadores, cada uno con sus diferentes características y equipamientos, que condicionaban sus técnicas contra cada posible tipo de contrincante al que se enfrentaban. Vamos, que el Circo era algo así como una partida de rol, pero con más sangre y sin patatas fritas.


Los crupellarii, en concreto, eran un tipo de gladiador completamente acorazado, de forma que era prácticamente imposible dañarlos con un armamento ligero. Es una lástima que su blindaje fuera tan pesado que prácticamente les impidiera moverse, pero ya se sabe que, en un juego de rol Circo equilibrado, ninguna clase puede tener clara superioridad sobre las demás, y las ventajas en unas característicasse compensan con desventajas en otras.

¿Y cómo es un casco de crupellarius? Pues me parece que la principal fuente histórica al respecto es esta figurilla de bronce


en la que destaca un descomunal yelmo, lleno de agujeros para que la pobre sardina enlatada vea algo, y una también descomunal picota en el centro del mismo, que a mí al menos me trae recuerdos de la infancia, y hasta de la adolescencia.

Entre las búsquedas por internet y la documentación que me pasó el cliente, destacaba sin duda una reconstrucción concreta de este tipo de yelmo, de la que si bien no he localizado detalles claros sobre su construcción, sí se pueden sacar ideas interesantes para fabricar un yelmo realmente espectacular.


Desgraciadamente, el presupuesto y el tiempo para fabricar el yelmo eran limitados, y optamos por algo sencillo: adaptar un típico yelmo de cubo comercial, tipo SXIII. Más o menos como hicieron estos:


Sí, ya lo sé, da un cantazo tremendo a yelmo medieval de fabricación india reconvertido. Pero es lo que hay. Y el narizón que hice yo mola mucho más que ese, oiga.

Así que, tras un par de consultas previas sobre cómo era por dentro el yelmo, y si podía esperar encontrarme soldaduras o cosas raras de retocar, el cliente encargó un yelmo a una conocida tienda de artículos de recreación (gracias, Rufino, te debo un par de cañas por pasarnos toda la información, y encima tan rápido)



Bueno, así a ojo no era un mal principio. Bastante recto como para no cantar tantísimo a medieval, acero dulce de 1,6mm más o menos fácil de trabajar... ¡manos a la obra! Lo primero, quitemos ese refuerzo cruciforme. Taladro, y a reventar todos esos remaches.


Uhmmmm... esa unión a medio soldar, esos remaches del ocular fijos a ninguna parte, ese aspecto general de Cylon de la Galáctica original (no te pierdas ese enlace si te gusta el tecno clásico, por cierto)...

Vale, esto va a condicionar un poco lo que se puede hacer. Está claro que vamos a tener que hacer algo con ese ocular. Después de un par de diseños desechados por anacrónicos, la cosa quedó más o menos así:


Aprovecharemos un trozo del ocular original, pondremos unos portaplumas, y una narizota enorme. Haciendo el casco de cero, seguramente hubiera fijado la nariz por dentro, pero entre que ya le iba algo ceñido al cliente, y que cortarlo aún más de arriba a abajo hubiera comprometido bastante la integridad estructural del yelmo (que se supone que va a llevarse bastante castigo), mejor dejarlo por fuera y que haga de refuerzo.

¡Y de la cartulina al hierro!

El nasal fue un poco delicado de patronar, para que se adaptara al ángulo entre las dos secciones del casco. Una vez ajusta bien en cartulina, se corta en acero dulce de 1,6mm. Tampoco hay que ponerse muy fino: una vez dada la forma vas a tener que lijar bastante, de todas todas.




Si volviera a hacerlo, probablemente empezaría al revés, pero en este caso empecé por doblar en ángulo recto las solapas que permitirán remachar el nasal al casco. Ya sabes: martillo pulido y mártires de madera para marcar el hierro lo menos posible y no tener que lijar demasiado (¡ah, iluso de mí! ¡Siempre me creo ésta!)


Lo siguiente es darle la forma a la nariz, y para eso...

Para eso hay que dejarse de medias tintas. Puedes empezar por darle una primera curva sobre una estaca en V, pero estamos hablando de hacerle cosas muy feas a una plancha de 1,6mm. Al final, te va a hacer falta tirar de soplete para trabajarla en caliente, y usar herramientas sofisticadas. Bueno, o tan sofisticadas como puedan ser un tornillo de banco, un martillo pequeño de punta cruzada, y un martillo grandote con el que dejarle claro al hierro quién manda aquí.


 ¿Os habéis fijado en lo monas que son las plantitas de mi nuevo jardín? Digoooo... que así se deja el nasal bien recto, tal vez incluso con la ayuda de una maza grande de nylon para endezarlo del todo. Aquí fue donde me di cuenta de que, después de tanto martillazo y tanta curva y arista, este nasal era prácticamente indestructible, así que no merecía la pena colocarle refuerzos interiores.

Mi idea era dejar una forma un pelín redondeada, que tuviera más pinta de forjada que de simplemente hierro plegado. Más soplete, y  más martillo de punta cruzada sobre el yunque, sobre todo en la parte superior del nasal. No quedó del todo mal, pero aquí fue donde terminé de marcar todo el hierro y me condené a un lijado a fondo.

El resto no es mucho misterio. Presentamos y reajustamos los taladros:


Rebajamos las irregularidades en la amoladora de banco, y vamos lijando con granos progresivamente más finos hasta satinar con estropajo verde y aceite lubricante (¿Sabíais que aún se vende la legendaria marca 3en1? ¡Hacía siglos que no la veía!)


y nos aseguramos de que todo encaja con lo que hemos recortado y limado del ocular primigenio (sí, aquí toca otra pasada de amoladora, para qué nos vamos a engañar)


Y ahora viene una parte que debo decir que, al principio, me sorprendió: los portaplumas.


Pero que, una vez terminados, no me parece que queden mal (aunque claro, aún no los he visto cumpliendo su función de llevar plumas)

Los portaplumas son básicamente un par de tubos metálicos. Ya que tenía que remacharlos en los laterales del casco, los aproveché para tapar dos de los taladros del ocular original, que habían quedado a la vista y hacían raro. Así que a cortar lo que será el tubo, dejando un par de solapas sobre las que remachar. Como el portaplumas no tiene que ser tan resistente, lo hice de acero dulce de 1mm, que se puede cortar fácilmente con unas vulgares tijeras de aviación, simplificando lo de darle esa forma un poco intrincada de cortar. Aunque de un buen lijado en la amoladora no te libra nadie.


Debo reconocer que curvar los portaplumas no resultó en absoluto sencillo. Claro, que también ya me vale: hace años que tendría que haberme hecho unas superficies de agarre de madera de encina que poder intercambiar con las de acero de la mordaza de banco, para no tener que andar haciendo equilibrios raros con las piezas en las que no quiero dejar marcas. Básicamente: una varilla de acero del diámetro adecuado, y a martillear la chapa sobre ella, mientras la sujetas con madera para marcarla lo menos posible.


Y luego, a ir lijando poco a poco y a ir aproximándolos a su forma definitiva (que no es la de la foto, me temo que no tengo ninguna con los portaplumas 100% terminados)


Bueno, en fin... vamos a remachar todas estas piezas juntas ¿no? Lo primero, quitemos el acolchado interior del yelmo, que si no se va a poner en medio de los martillazos y se va a echar a perder (bueno... vale, esto lo quité casi entero según empezaba a sacar los remaches originales del visor, por aquello de no taladrarlo). En este yelmo iba simplemente pegado con un poco de cola de contacto, así que fue fácil tanto quitarlo como volver a dejarlo igual (también es posible que no fuera exactamente el más puro lino relleno de lana y crin de caballo, pero que el que esté libre de guata tire la primera piedra). Lo cierto es que es una forma sencilla de acolchar un yelmo, y una vez puesto no se ve anacrónico en absoluto.


Para remachar alrededor de semejante nasal y de los portaplumas, tampoco puedes permitirte usar como base el típico hueco sobre una superficie plana que se suele emplear para remachar piezas convexas. Necesitas una herramienta mucho más especializada. De hecho, necesitas meterle una buena lijada a esa herramienta especializada para dejarle bordes más estrechos y poder apoyar sobre ella los remaches del nasal que vas a fijar con los correspondientes martillazos.


Una vez remachado todo (no voy a entrar en detalles), sólo falta hacer unos pocos taladros más para que no destaquen en el facial los agujeros que fijaban la parte inferior de la cruz original. Como siempre en estos casos: taladras desde fuera hacia dentro, y luego contrataladras de dentro hacia fuera, con una broca un poco más ancha, sin llegar a traspasar, para eliminar las rebabas.


Uhmmm...




Uhmmm...


Bueno, que el resultado tampoco está tan mal.


Sobre todo, cuando se combina con los complementos adecuados (¡Sí! ¡Sí! ¡Llegué a tiempo con el encargo!)


(Y aunque salga derrotado)


¡Estoy deseando verlo en fotos con buena luz, y hasta con plumas!

domingo, septiembre 22, 2013

De cascos pasados y presentes, de sitios donde trabajar, y demás trueques.


- Oshe, Arsil, ¿te han gusta'o lah ehpadah de ma'era que te hise? Han queda'o de cohoneh, ¿éh o no éh?
-  Hozú, quisho, en verdá que zí... digooo... Ya te digo, Redo, molan un montón. A ver si te termino de una puñetera vez el casco que te iba a hacer a cambio, que entre unas cosas y otras me lío y no me pongo.

No sé qué es peor, no ser capaz de entender lo que dicen los andaluces con mucho acento... o que ese acento se me pegue a la media hora de estar hablando con alguno. Me pasa lo mismo con gallegos y maños, a pesar de ser de Madrid. ¡Si egh queee!

El caso es que lo de ahí arriba es una reconstrucción dramatizada bastante plausible de la conversación que tuvimos en Teruel, allá por febrero, mi amigo Redo y yo.

Y es que yo admiro mucho a Redo de Jeré, desde que, cuando yo empezaba en este mundillo allá por 2006 o así, él publicaba en el foro de la AEEA una forma de cuidar la madera que me llevó a que mi terraza siga pringosa de aceite de linaza hasta el día de hoy.

Uno no puede menos que descubrirse ante alguien capaz de conseguir que se engorrine para siempre tu terraza desde más de 600km de distancia, así que no dudé en poner, aquí a la derecha, el que sería uno de los primeros enlaces fijos de mi blog: ¿Una espada de madera? Redo, de Jeré, es tu hombre.

 Mucho tuvo que llover desde entonces, y casi todo sobre mi tienda medieval, hasta que Redo y yo empezamos a hablar directamente por esto de los internetes; y hace ya casi un año, acordamos que él me hacía unas espadas de madera, y yo a cambio le preparaba un casco.

Como siempre, me meto en retos que me vienen grandes. Porque Redo se curró mis espadas y me las entregó en mano muy poquito después, en Las Bodas de Isabel de Segura, 2013


Como ya dije en su momento, estas espadas no son juguetes, sino unas magníficas reproducciones de lo que se empleaba para entrenar en el medievo. Una gozada, vamos.

Y yo sin nada que darle a cambio.

Bueno...

Retrocedamos en el tiempo, y recordemos lo que pasó...

No, idiota, no me importa lo que comiste ayer.

Me refiero, nada más y nada menos que ¡al legendario Peracense 2009!

Porque en aquella ocasión, no todo fue agua sobre nuestras cabezas, sino que Harald, Kombo y yo nos pusimos como locos a preparar un par de spangenhelms, a base de cincel, martillo, y tocón de encina. Y aunque uno de ellos acabó terminado, y con un destino un tanto extraño, el otro quedó en mi poder. Bueno, para ser exactos, unos cuantos hierracos retorcidos quedaron desparramados por el suelo de la habitación a la que llamo "taller", haciéndome tropezar y clavármelos cada vez que intentaba coger algo de la estantería del fondo.


Así que decidí reaprovechar esos pedazos, y quitármelos del medio de una puñetera vez. Que no estoy seguro de si eso revaloriza al yelmo, dado su origen épico y ultra-artesanal, o si sólo lo convierte en vulgar basura reciclada.

El caso es que, después de un curioso intercambio de medidas de perímetro craneal, en el que hubo expresiones como "No jodas, eso no le cabe ni a una Barby, vuelve a medirte la cabeza" y más adelante se llegó a emplear la palabra "Cabezabuque", al final vimos que se podía reciclar aquello.

Y no, mejor no vuelvo a contar cómo se hace un spangenhelm. Es un tema recurrente en este blog, si miras por ahí a la derecha en el listado de etiquetas, encontrarás como cinco o seis en las que se cuenta cómo hacerlos. Así que ¡encuentra las diferencias!


Diferencia #1: el taladrado para el forro.


Hasta ahora, todos mis spangenhelm han llevado el forro interior remachado. Sin duda, así no se menea, pero ¿qué pasa si el cuero se estropea y hay que cambiarlo? Pues que tienes que quitar los remaches que lo sujetan, y luego volver a ponerlos: un lío de mucho preocupar. Esta vez, lo vamos a coser.


Diferencia #2: el lijado

¡Ah, el lijado! ¡Cuántas horas con un accesorio para el taladro, dale que te pego con discos cada vez más finos!

Pues he encontrado un accesorio que te simplifica la vida sobremanera. Todos conocéis los discos de lija de láminas para la radial ¿verdad?



Estos discos son realmente fabulosos para hacer la parte más dura del lijado, pero es difícilísimo encontrarlos de un grano más fino que un 80, y creo que ni siquiera se fabrican con grano más fino que un 120. Lástima, porque son rapidísimos y muy eficientes.

Y entonces encontré esto:

 


Adaptadores de discos de velcro para la radial. La herramienta ninja kamikaze definitiva. Pulido hasta el 240 sin esfuerzo, incluso desgasta menos los discos que las mucho más bajas revoluciones del taladro.



Pensé que había dado con la panacea, y en cierta medida, lo hice. Pero todo tiene un precio.

Cuando un disco se enganchó en el borde de la pieza y lo vi salir disparado hacia la pared de enfrente, rebotar, pasar rozándome la cara, y acabar contra la pared de detrás, me di cuenta de que los pantalones cortos y la camiseta de tirantes no eran buena idea. Esto hay que manejarlo bien protegido, y asegurarse de que no hay nada con venas u órganos importantes, o en lo que no quieras tener cicatrices, cerca de sus posibles trayectorias de despegue. En serio.

Eso sí: en unos pocos minutos (si sobrevives) habrás lijado un montón de hierro, y sólo te quedará darle una pulida con una rueda de sisal.




Diferencia #3: la pintura

No me apetecía hacer otro spangenhelm idéntico a los que ya he hecho tantas veces, así que ¿por qué no darle un toque de probablementehistóricoaunquetodoseadiscutible color?

Redo anda metido en la recreación de la orden de Calatrava, así que el color estaba claro: blanco. Y sí, tal vez debiera haberlo aplicado a pincel, pero es que me gusta el acabado tipo esmalte que deja la pintura en aerosol.


Sólo pinté los paneles triangulares, dejando las tiras en hierro visto. El resultado mola, aunque hay que tener cuidado de no llevarte la pintura por delante según vas remachando.


Por supuesto, una vez montado pinté el interior con pintura antióxido negra. Hay que desengrasar bien la pieza con alcohol antes de pintarla. O con algo que tengas a mano y que tenga alcohol. Y yo no tenía ni alcohol industrial, ni ginebra (que es lo más parecido) así que... (no cachondearse, que eso es lo que yo uso de after-shave ¿vale?)





Diferencia #4: el forro

Cuando hace cosa de siete años me puse a hacer mi primer spangenhelm, estuve buscando imágenes por internet, y hubo una que no sé si era esta misma, o que se parecía mucho, y que siempre me resultó interesante:


Un forro cosido desde fuera, de tal forma que el cuero protegiera también de los bordes vivos del metal. Interesante. Y, por cierto, si lo coses dado la vuelta del todo, ni siquiera tienes que dejar la costura a la vista. Esto promete.

Lo suyo es hacerlo de una sola pieza, pero en fin, yo no tenía tanto cuero, así que tuve que hacerlo de dos.


y coses el cuero, por el exterior del casco, con el lado flor pegado al metal. Yo usé un hilo de esparto que sin duda es brutalmente histórico, y que sin duda será segado por el hierro en un par de días de uso, eso si aguanta mucho. Pero es lo que había en el chino de guardia, qué le vamos a hacer, no tenían bramante un poco más sólido. En fin, Redo no es un cliente cualquiera, es un tipo mañoso que puede volver a coser el cuero sin pestañear.


Le haces unos cuantos agujeros en el otro borde para poder pasarle una tira de cuero que permita ajustarlo, y le das la vuelta al forro, con la ayuda de un trapo húmedo para que quede bien marcada la vuelta. ¡Y listo!




Diferencia #5: el aparato de electroshock

...imprescindible incorporarlo dentro del casco, y que a Redo se le quede esta cara al ponérselo.




Diferencia #6: el entorno

El lector avisado se habrá dado cuenta de que muchas de las fotos de esta entrada tienen un fondo un tanto más agreste de lo habitual para este blog. Y eso es porque G. y yo nos hemos hecho con una casita en un pueblo a la que he trasladado la parte más ruidosa de mi taller. Sí, eso explica (en parte) el abandono del blog de los últimos meses. Porque hay muebles de Ikea que montar, paredes que pintar, barbacoas con los amigos que hacer. Y no necesariamente en ese orden. O sí. No sé, todo esto es muy confuso.



miércoles, septiembre 04, 2013

De bodas, lesiones y encuentros en la tercera fase. Digooo... encuentros en el segundo Foces.


Día 0

Tras tanto tiempo de espera, por fin va a dar comienzo mi misión. Mañana mismo vamos a iniciar la esperada segunda invasión de la Tierra. Nuestros agentes infiltrados llevan siglos allí, desde que fracasamos en nuestro primer intento, sin que los humanos sospechen nada. Y seré yo, yo, el teniente Babas, quien realice la primera Suplantación, ocupando el cuerpo de un humano y preparando el terreno para la llegada en masa de nuestra raza superior. ¡Pronto, esos pobres mamíferos sexuados temblarán ante la llegada de los Caracoles Mutantes del Espacio Exterior!


Hoy he estado revisando con el coronel Antenillas el objetivo de esta primera Suplantación. Hemos elegido a un ejemplar de humano que nos facilite influir en gran medida en el resto de la población: de lo que los mamíferos llaman sexo masculino, más inteligente que la media, y que parece resultar extraordinariamente atractivo para el sexo opuesto; lo que los humanos denominan "macho alfa".


Día 1

 Esta misma mañana he entrado en la máquina de Transmigración, y he suplantado al objetivo escogido. ¡Qué extraña sensación es tener piernas, y que el caparazón sea interior!

Aunque nuestros científicos caracoliles aseguran que es imposible que algo falle en estas operaciones, lo cierto es que no las tengo todas conmigo. Según el dossier que repasé con el coronel Antenillas, el macho alfa suplantado habita en un gran caparazón fijo denominado "mansión", rodeado de ejemplares selectos del sexo femenino de su especie, y se desplaza en un vehículo que los humanos denominan "Ferrari". Sin embargo, en el momento de la Suplantación, el ejemplar en cuestión salía de un habitáculo más bien reducido, cargaba una enorme cantidad de peso, y su hembra le apremiaba a meterlo todo en un vehículo que no encaja con la descripción del tal "Ferrari".

Las sondas mentales que diseñamos para poder acceder plenamente a los recuerdos del objetivo no parecen funcionar adecuadamente, y apenas he podido obtener unos atisbos de su cerebro. Puede que sea debido a que el cerebro de los humanos está extrañamente constreñido por la estructura rígida denominada "cráneo", pero no podría asegurarlo. Lo cierto es que apenas he podido averiguar que se dirigía con su vehículo a unas coordenadas determinadas, y he decidido seguir con su plan para que nadie sospeche.

El vehículo del anfitrión no está en absoluto bien preparado para las pistas de deslizamiento humanas que había que recorrer (ellos las llaman "carreteras")


Al llegar al destino, la pareja de mi anfitrión dijo que había que montar una especie de caparazón portátil externo, curiosamente endeble y primitivo, junto con otros caparazones similares que ya estaban allí. He decidido seguir esa pauta para que no sospechen de mí.


Las costumbres de los humanos son muy extrañas. Una vez montado su caparazón, con todo el esfuerzo que eso supone, en lugar de refugiarse dentro como haría cualquier molusco cuerdo, lo abandonan a su suerte y se dirigen a recorrer otro caparazón que hay en la zona, éste bastante más sólido, que otro de los humanos insiste en denominar "ermita de San Miguel de Foces".


Al principio pensé que todo esto era un comportamiento errático, señal de la escasa inteligencia de los humanos; pero he consultado con la base, y el teniente Cuernecillos, buscando en nuestros bancos de datos, ha llegado a la conclusión de que, posiblemente, se trate de la actividad denominada "camping". Según él, el patrón era claro: pistas de deslizamiento en malas condiciones, caparazones portátiles (al parecer, llamados "tiendas") y visitas a otros sitios más antiguos, denominadas "turismo". Según él, todo se confirmaría si, al anochecer, los humanos de los diferentes caparazones se reunían al aire libre para consumir brebajes fríos. Y, efectivamente, así lo hicieron.


El coronel Antenillas dice que la situación está controlada, pero Cuernecillos me ha indicado por el canal privado que hay un par de datos que no terminan de encajarle. Como por ejemplo, qué hacían algunos humanos en simbiosis con otros mamíferos desplazándose libremente por la zona de las tiendas. Cuernecillos dice que no es habitual.


Pero lo que realmente tiene desconcertado a Cuernecillos es un hecho curioso acontecido durante el denominado "turismo". El grupo de humanos (y yo con ellos, para preservar mi tapadera) estuvieron desplazando algunos objetos pesados que se encontraban en el interior de la tal "ermita", y Cuernecillos dice que eso es algo bastante inaudito.


Creo que voy a tener que extremar las precauciones, pero aún así mi moral está alta. El cuerpo de este humano sigue un extraño ciclo de sueño nocturno que debo respetar para que su cuerpo permanezca funcional, pero mañana mismo intentaré escabullirme y dirigirme al centro de poder de este planeta, el denominado "Wall Street".


Día 2

¡He tenido que realizar un cambio de planes de emergencia! Tras completar el ciclo de sueño humano y salir al exterior del caparazón, he visto algo horrible: ¡nos están esperando! ¡Se están equipando igual que hicieron durante la invasión fallida de hace 800 años terrestres, sin duda para volver a luchar contra nosotros! Pensábamos que los humanos ya habían olvidado aquella guerra, en la que fuimos tristemente derrotados, pero parece que no ha sido así. Sin duda, nuestros agentes no lograron destruir toda la documentación humana al respecto, y he ido a dar con un grupo de resistencia organizada, preparándose para nuestra llegada.

Cuernecillos ha conseguido introducirse en los bancos de datos humanos, y me lo confirma: ¡los humanos dejaron registros de nuestros pasados combates, que creíamos haber extirpado de su memoria racial!

La leyenda de nuestro legendario héroe Sacatuscuernosalsol, el gigantesco guerrero Caracol, está presente en varios de sus manuscritos más antiguos.




Incluso conservan representaciones de la batalla que mantuvo el gran soldado Babadragón con el humano llamado Sanjorge, de infausto recuerdo para nuestra especie.


Y parece que estos malhadados humanos incluso mantienen registros de nuestra capacidad para el vuelo, que tanto tiempo llevan intentando disimular nuestros agentes infiltrados. 


El coronel Antenillas ha consultado con el estado mayor, y me ha ordenado abandonar el plan original. Debo mantenerme infiltrado entre estos humanos y averiguar cuáles son exactamente sus planes.

Me he puesto inmediatamente manos a la obra, y me he enterado de que los humanos piensan celebrar una ceremonia de emparejamiento entre especímenes de diferente sexo, sin duda con el fin de reproducirse y disponer de más guerreros para luchar contra nosotros. He decidido frustrar sus planes, y he tendido una trampa al ejemplar femenino de la pareja. Ocultando astutamente un pequeño foso y atrayéndola hacia él con alguna excusa peregrina (como preguntarle dónde están los clavos), espero poder neutralizarla y que este grupo de humanos se disperse sin más.

El crujido de su estructura rígida interna cuando pisó mi trampa me indicó que había tenido éxito, y, cuando se la llevaron de la zona, estaba claro que había conseguido dar al traste con los planes de estos mamíferos.


Pero ¡por las resbaladizas babas de nuestros ancestros! parece que mi trampa tan solo afecto ligeramente al extremo de uno de esos feos miembros articulados de los humanos, y el ejemplar pudo regresar a lo que yo ya empiezo a considerar como su cuartel general.


Sin duda los humanos se avergüenzan de la fragilidad de su caparazón interno, ya que el ejemplar femenino parecía especialmente preocupado por ocultar el vendaje que llevaba colocado, mientras no paraba de repetir una y otra vez "Me he hecho un vestido precioso, no quiero llevar un pie de arpillera". No fui capaz de descifrar el sentido de estas palabras y se las transmití a la base, pero el teniente Cuernecillos tampoco ha podido desentrañar su significado.

Decidí continuar con la misión de infiltración, y descubrí que otros humanos esperaban de mí que realizara algo llamado "trabajos artesanos". La sonda mental con mi anfitrión sigue fallando, y no he conseguido encontrar en su cerebro la forma de realizar estos trabajos, así que he tenido que improvisar con denuedo. Rebuscando entre los objetos que atestaban el vehículo de mi anfitrión, he encontrado varias cosas que fui repartiendo entre los humanos, mientras inventaba algo para distraerles. A fin de neutralizarlos tanto tiempo como fuera posible, decidí darles unas instrucciones astutamente pensadas para mantenerlos ocupados e incapacitados para la acción. Creo que no se dieron cuenta de mi hábil maniobra.

A uno de ellos le di unas cuantas fibras de diferentes colores y unos trozos de árbol, y, en un acto de improvisación del que espero que el coronel se sienta orgulloso, le convencí de que aquello era algo llamado "telar de tablillas" (me lo inventé sobre la marcha) y le expliqué qué tenía que hacer con todo ello. Algo enrevesado y sin sentido que sin duda tendrá al humano ocupado lo bastante como para que no suponga un peligro relevante para nosotros a corto plazo.



Aprovechando las mismas fibras, decidí tender una nueva trampa a otro humano, y planeé una forma de cercenarle, o al menos inmovilizarle, esas extremidades llamadas "dedos" de las que tanto dependen. Le convencí de enredar sus dedos entre las fibras diciendo que era algo llamado "trenzas de dedos", e intenté por todos los medios lesionarle de gravedad, pero desgraciadamente consiguió escabullirse ileso de la trampa.


Del tercero de mis ardides estoy especialmente orgulloso. Puse a un humano a retorcer minúsculos trozos de metal en una tarea que, con suerte, le mantendrá alejado de cualquier otra actividad durante años. Como homenaje a los antiguos Señores Moluscos, le insté a hacer que cada pieza fuera una pequeña espiral, en recuerdo del Sagrado Caparazón Eterno. A eso lo llamé "malla remachada".


Por último, y como a estas alturas comenzaba a temerme que la pareja de mi anfitrión pudiera sospechar algo, también decidí distraerla, y la envié a preparar una fundas protectoras para los frágiles apéndices de desplazamiento de mi anfitrión.


Estoy fascinado con estos raros apéndices locomotores humanos, y con las fundas que utilizan para los mismos. Algunos humanos son tan torpes, que incluso parecen necesitar ayuda a la hora de enfundar y desenfundar los así llamados "pies". Sin duda se debe a la falta de mucosidad en los mismos ¡criaturas inferiores!


Otros de los humanos que he observado, en cambio, están más evolucionados, y no parecían requerir de este tipo de fundas, ya que llevaban prácticamente todo el tiempo los "pies" sin ningún tipo de protección adicional, tal como hacemos orgullosamente los miembros de la especie Caracol. 


Estos humanos, en particular, me están resultando especialmente preocupantes, ya que no dejan en ningún momento de afanarse en la construcción de una extraña estructura, hecha de fragmentos de vegetales y de un barro sucio al que denominaban "adobe". Me pregunto si será algún tipo de arma.



Puede que los humanos sean más inteligentes de lo que creíamos. Parece que saben que los sensores de nuestras naves sólo pueden vigilarlos de cerca durante las primeras horas de la tarde, cuando hay más luz y calor para que nuestros sensores IR los perciban con claridad. Astutamente, en ese horario se desplazan a una charca artificial que denominan "piscina". Según el teniente Cuernecillos, esta actividad también encaja con el patrón archivado para "camping". ¡A saber cuánto tiempo llevan los humanos engañándonos con este ardid!

Gracias a la Gran Baba, yo estaba aquí para verificar lo que realmente se proponen. Ocultos en los recovecos de la "piscina", algunos de los humanos se recortaban sus horribles excrecencias pilosas (¡Brrrr, qué cosa tan repugnante!), sin duda por comodidad durante la batalla. A esto, por lo que pude escuchar, lo llamaban "afeitado" y "tonsura".


Algunos de ellos, curiosamente, utilizaron unos extraños adminículos de color rosáceo para dar a sus excrecencias pilosas ¡la forma del Sagrado Caparazón Eterno! Al principio pensé que el estado mayor había decidido enviarme refuerzos; que se trataba de algunos de los nuestros llevando a cabo nuevas Suplantaciones, y que con esta señal intentaban darse a conocer. Estuve a punto de dirigirme directamente a ellos y murmurarles la clave secreta que hemos memorizado para estos casos ("Bidibidibí, soy un caracol"), pero afortunadamente consulté antes con la base, y me confirmaron que no habían enviado a nadie más. Debe tratarse de algún tipo de blasfema casualidad, o tal vez los sibilinos humanos estaban tendiendo una trampa para identificar a los posibles infiltrados como yo. Afortunadamente no me he delatado, pero ahora debo permanecer más alerta que nunca.


Los humanos han seguido con sus actividades todo el día, aunque está claro que algo están tramando. Al caer la noche, y oculto por la oscuridad, llegó al campamento con gran sigilo una figura que, por la deferencia con la que era tratada, era sin duda algún poderoso general, encargado de dirigir a las tropas. Los humanos se dirigían a él como "su alteza" y le llamaban "el infante Alfonso", que sin duda debe ser un cargo similar a nuestro Gran Mariscal del Campo de Coles.





Día 3

Estoy casi seguro de que siguen sin sospechar que soy un caracol. No he recibido nuevas órdenes de la nave base, y me dicen que el coronel Antenillas lleva desde anoche metido en su caparazón, planificando una estrategia de ataque ante las alarmantes noticias que le transmití ayer. Sin embargo, por el canal privado, el teniente Cuernecillos me dice que en la base se rumorea que lo de ocultarse en el caparazón es más bien el típico reflejo atávico de nuestra especie tras un ataque de pánico. ¡Qué vergüenza, en todo un coronel!

Parece que los humanos han terminado de acondicionar el campamento. Han dado por concluida la extraña estructura que estaban edificando, y parece que no es un arma, sino algún tipo de puesto de observación camuflado con el entorno.



También han construido una rudimentaria empalizada para defender sus accesos. Parece que saben que podemos neutralizar fácilmente su tecnología electrónica, pero que somos vulnerables ante sus métodos más rústicos.


Hoy es el día en que se va a celebrar el emparejamiento, al que llaman "boda", y que resulta ser un ritual bastante complejo. Da comienzo en un asentamiento permanente de los humanos, a cierta distancia de donde han plantado sus caparazones portátiles, y que al parecer es conocido como "Ibieca". Estoy algo preocupado, porque hoy sí que hay varios humanos vestidos con equipo militar realmente peligroso. No parece que me hayan descubierto, así que continuaré con la misión.

En el tal "Ibieca" celebran algo que llaman "matrimonio civil", un concepto que no he terminado de comprender, pero que debe ser algo así como acordar que se puede masticar a la vez la misma hoja de lechuga. En los mamíferos es una ceremonia complicadísima, en la que los diferentes miembros de la familia mamífera (que es algo así como "compañeros de puesta") se saludan conforme a sus enrevesadas jerarquías sociales y sexuales.


La ceremonia es básicamente equivalente a un contrato de repartición de la huerta, pero la diferencia con nuestras costumbres consiste en que uno de los dos sexos debe aportar algo llamado "dote", y que viene a ser como si uno tuviera que llevarse unas cuantas plantas propias antes de que el otro acepte compartir las suyas. Es raro, pero debe resultarles bastante satisfactorio, ya que luego se ponen tentáculos oculares dulces el uno al otro.


Curiosamente, la pareja de humanos no pasa a fertilizar directamente los huevos del otro, tal y como haría un gasterópodo civilizado. Al contrario, el ejemplar femenino, junto con otros ejemplares de su género, se sube a un mamífero cuadrúpedo enorme y se dirige de vuelta hacia la zona de los caparazones portátiles.


El resto de humanos siguieron a pie a estos tres huidizos ejemplares. Afortunadamente, el cuerpo de mi anfitrión resistió bastante bien el largo trayecto bajo el sol, porque en mi forma natural se me hubieran secado las mucosas apenas comenzar a babear el ardiente camino. Mi anfitrión sufrió un cierto enrojecimiento de su capa exterior, y algún otro humano hubo que se resintió más del calor abrasador y que se sintió enfermo después del paseo. Tomo nota por si en el futuro podemos utilizar esta debilidad humana contra ellos.


Y allí, en la que ya mencioné "ermita de San Miguel de Foces", celebran una segunda parte del emparejamiento, al que llaman "matrimonio eclesiástico". De esta parte no comprendí ni palabra, hablaban en un lenguaje extraño que el teniente Cuernecillos dice que el ordenador de la nave base ha identificado como "latín", pero que no ha sido capaz de traducir por completo.


Tras concluir la ceremonia, y a pesar de que la pareja de humanos parece estar deseando entrecruzar sus apéndices, extrañamente no lo hacen, y todos los humanos se dirigen a la zona de caparazones portátiles a celebrar lo que llaman el "banquete nupcial", que básicamente consiste en que todos se ponen a comer. No termino de comprender en qué consiste todo esto, supongo que es una estrategia para coger fuerzas de cara al inminente combate.


Lo que más me preocupó, y que casi hace que el coronel Antenillas se retrayera de nuevo a su caparazón, fue lo que vi por la tarde. Bajo el nombre de "juegos nupciales", los humanos llevaron a cabo lo que sin duda es en realidad un durísimo entrenamiento militar.

Entrenaron en fuerza y actuación coordinada del pelotón.


Y en puntería, lanzando unas temibles azconas, que me recuerdan mucho a los alfileres que los humanos de por aquí utilizan con nuestros agentes infiltrados para... para... o, por el Gran Molusco, no puedo decirlo, es demasiado horrible.


También practican con armas más sofisticadas


y realizan ejercicios de lucha cuerpo a cuerpo, tanto de destreza y equilibrio...


...como de superioridad física en general.


Ante estas gravísimas evidencias, el coronel se puso en contacto con el estado mayor, y decidieron enviar inmediatamente refuerzos para tratar de acabar con este grupo de peligrosos humanos. Desgraciadamente, según me dijo más tarde el teniente Cuernecillos, la máquina de Transmigración no estaba del todo bien ajustada, y alteró físicamente el cuerpo de los anfitriones humanos elegidos para el comando de apoyo, haciéndoles fácilmente detectables por el resto de humanos.

Los comandos se dirigieron al campamento, pronunciando la contraseña secreta para identificarse ("bidibidibí, bidibidibí, soy un caracol"), pero estos malditos humanos estaban alerta, y los localizaron antes de que pudieran contactar conmigo.

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Inicialmente, la presencia de los comandos sembró cierta confusión, pero ¡ah, por el Sagrado Caparazón!, fueron capturados y reducidos por estos horribles mamíferos, y llevados a su campamento.

No pude hacer nada por ayudarles. Fueron arrastrados hasta allí, y no sé cuál será su destino. Algo espantoso, y que sin duda incluirá alfileres y perejil. Sólo de pensarlo se me encogen los tentáculos oculares.

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Me he vuelto a poner en contacto con la nave base y les he comunicado nuestro fracaso. El coronel dice que tiene que volver a consultar con el estado mayor, y que en breve me hará llegar nuevas instrucciones.



Día 4


¡Buenas noticias! El teniente Cuernecillos me ha comunicado que los técnicos han estado babeando toda la noche sobre la máquina de Transmigración, y que parece que por fin funciona correctamente. Han enviado a un grupo de élite a realizar una Suplantación sobre los humanos sobre-evolucionados de los apéndices podales desnudos, y esta misma mañana atacarán el campamento militar humano. ¡Que el Supremo Gasterópodo esté de su lado!

Los humanos, tras los terribles acontecimientos de anoche, ya han abandonado todo disimulo, y se dedican a practicar a pleno día lo que llaman "justas", y que no es otra cosa que un entrenamiento con las armas letales que ya emplearon contra nosotros en el pasado.




Nuestros valientes agentes infiltrados, sin un atisbo de miedo ante las fuerzas enemigas perfectamente pertrechadas, atacaron en ese mismo momento, e incluso tomaron como rehén a una hembra humana.

 
Pero, inexplicablemente, los humanos consiguieron poner en fuga a nuestras huestes. Empiezo a temerme que las leyendas del pasado, de las que solíamos reirnos mientras trepábamos alegremente las briznas de hierba fresca de nuestro planeta natal, sean en realidad ciertas. ¿Es posible que estos patéticos mamíferos cuenten con el apoyo de fuerzas ancestrales aún más poderosas que las de los Antiguos Moluscos Primigenios?


Me he puesto en contacto con la nave base, y le he explicado la situación al coronel Antenillas. Está de acuerdo conmigo: hay que realizar un repliegue estratégico para volver a evaluar la situación. Hoy al mediodía me sacarán de este asqueroso cuerpo humano y me devolverán a nuestra nave. Mientras tanto, tengo instrucciones de realizar tantas acciones de sabotaje como pueda. Creo que empezaré por el vehículo de mi anfitrión humano, por si acaso guarda algún recuerdo inconsciente de la Suplantación.


Pero no os confieis, humanos. Temblad. Porque volveremos. Y entonces... entonces no tendréis salvación.