Cuchillería: una vaina con prisas.
Pues sí, efectivamente. Tal como te temías, otra entrada sobre trabajo en cuero.
Todo empezó con la adquisición del instrumento cortante definitivo. Llegó muy poco antes de nuestra salida para Santes Creus, donde pretendíamos no llevar menaje moderno: las piezas encajaban como en un puzzle perfecto.
(Vaya, un puzzle bastante raro, ahora que lo pienso)
Esto planteaba un problema de difícil solución. ¿Como exactamente iba a llevar el cuchillo? Porque claro, podía llevarlo en una bolsa de plástico, o tal vez envuelto en papel de plata, o en un trapo. Y, como el cuchillo casi no estaba afilado, atravesaría todo esto sin problemas. Y toda la ropa que viajara en la misma maleta. Y la maleta. Y hasta el fondo del maletero de la furgoneta, posiblemente.
Había que tomar medidas drásticas. Y había que hacerlo rápido. No cabía duda: I was in a mission from Glod.
Tenía que hacerle una vaina al cuchillo, y no había tiempo para florituras. Como decimos en mi gremio (y en otro gremio que tiene en común con el mío más de lo que nos gustaría reconocer en ambos) era el momento de hacer algo quick and dirty.
A pesar de haber visto algunas obras de arte en este foro especializado (¡Hola, Messer!), tuve que restringirme a algo sencillo y a prueba de meteduras de pata. La vaina más básica, y sin tener siquiera en cuenta criterios de historicidad.
Así que empezaremos por dibujar y cortar en papel la silueta del cuchillo. Ojo, no te vayas a cortar.
Empiezas cortando en el cuero todo el perfil de la hoja, dejando alrededor de un centímetro de más por todo el perímetro para que haya espacio para coserlo más tarde. En el mismo cuero, cortas otra pieza simétrica, sólo que incluyendo una tira rectangular de más o menos dos veces la longitud del mango.
Vale, la chapucilla rápida podría acabar aquí, con un poco de aguja e hilo. Pero tampoco hay que pasarse. Vamos a colocar un par de separadores de cuero entre estas piezas, para que la vaina no se hinche como un globo, y para que el cuchillo no corte la costura por completo la segunda vez que lo metas en la vaina. Ojo, no te vayas a cortar.
El cuchillo en cuestión tiene el lomo muchísimo más ancho que el filo, así que tuve que usar dos piezas de cuero de muy diferentes grosores. En la foto de más abajo puede verse cómo deben encajar; además de un cuchillo envuelto en plástico para protegerlo del cuero humedo, de la cola de contacto, y de todas esas cosas que podían llegar a estropearlo mientras lo usaba como molde para el cuero.
Ni que decir tiene que el filo del cuchillo volatilizó ese plástico a la segunda vez que lo levanté del suelo. Ojo, no te vayas a cortar.
A estas alturas, uno ya ha aprendido cómo utilizar la cola de contacto: se extiende por las dos superficies a pegar, se deja secar diez o quince minutos, se unen las superficies, y se ejerce presión.
Pero el pegamento no es más que una parte de la fijación de las piezas de la vaina. Ya sabes: dos agujas rectas, hilo encerado, una lezna; y a coser a través de las piezas de unión.
Efectivamente: los bordes de las diferentes piezas de cuero no coinciden bien ni de casualidad. Se impone un ratito de lijadora para igualarlas. Pero no te apresures, antes puedes doblar la pieza del mango hacia dentro y coserla, de forma que puedas pasar por ella un cinturón; y así también lijas e igualas esa parte.
Va pareciendo una vaina ¿verdad? Aquí es donde humedeces bien el cuero y lo dejas secar con el cuchillo dentro (bien envuelto en plástico) para que pille la forma correcta. Ojo, no te vayas a cortar.
No sé por qué seguimos haciendo lo del plástico, si al final siempre acaba oxidándose la hoja en cuestión, y hay que darle una pasadita estropajo y WD40 después. Ojo, no te vayas a cortar.
De nuevo, podríamos dejarlo aquí, pero, ya que estamos, podemos dedicar unos minutejos a un repujado básico, ¿no? Y oye, ya que nos queda un bote casi entero de tinte rojo, ¿quién puede resistirse a darle un par de (capas de) pinceladas decorativas?
Queda un poco soso ¿verdad? Le falta algo. Tenemos cuero, no sabemos qué hacerle ahora... va a ser... sí, lo de siempre: el ingrediente secreto que todo el mundo conoce: betún de judea. No te olvides de aplicarlo bien por los cantos del cuero, es lo que marca la diferencia.
Ya sólo falta algún mecanismo que evite que el cuchillo se salga solo de la vaina. No nos complicaremos la vida: una correa de cuero, un sacabocados, un par de nudos, y listo.
¡Habemus vaina! Algo sencillo, apenas dos o tres horas de trabajo, tiempos de secado aparte. Y un resultado más indio americano que caballero europeo, pero que al menos impide que te cortes accidentalmente con el cuchillo.
Bueno, te impide que te cortes cuando el cuchillo está dentro. Pero, mientras estás fabricando la vaina, es normal que metas y saques el cuchillo de la funda varias veces, estando más concentrado en el cuero que en lo que estás haciendo con el cuchillo.
Y eso es malo. Sobre todo, si dejas el dedo puesto donde no debes, mientras sacas el cuchillo de la vaina.
Limpio. Relativamente profundo. No muy doloroso, pero sangrante a rabiar. Así que ya sabes: ojo, no te vayas a cortar.





























