domingo, diciembre 30, 2018

Calorcito histórico: el manto

Pues sí, andamos pensando en irnos a un evento este invierno, y dentro de la idea general de no morir congelados, nos hemos puesto a revisar el estado de todas las prendas de lana gruesa que nos acompañan en estas ocasiones.

Y lo cierto es que ya va siendo siendo hora de renovar nuestras extremadamente poco correctas capas por algo un poquito más digno, que estos bichos tienen una jartá de años y puede que no estuvieran del todo bien documentadas. Bueno, vale, pillamos lo primero que pudimos en su momento, son la cosa menos rigurosa del mundo (pero abrigan)

 Así que ¿por qué no hacernos un par de mantos de paño, como las Cantigas mandan? Prenda funcional y extendida entre varios estratos sociales.


Faltan casi setecientos años para que se invente la calefacción central, pero no pensamos pasar ningún frío. 

  
Arriba a la izquierda, no tiene pérdida.


Los mantos del XIII, lo que tienen, es que el patrón es tan extremadamente complejo que prácticamente nadie que no sea un sastre experto es capaz de reproducirlo.

Manto de Fernando de la cerda, Infante de Castilla, conservado en el monasterio de las Huelgas, en Burgos 
(Si no has ido a verlo, ya tardas. El museo de telas medievales es imprescindible)


Pues sí, un semicírculo. Puede hacerse un pelín más corto por detrás para que, puesto sobre los hombros, compense un poco la vuelta por el cuello. Pero, básicamente, un semicírculo que tiene de radio (¡radio, no diámetro!) la distancia del cuello a los tobillos, metro y medio o así. Al alcance de cualquiera, así que ¡a por ello!

Afortunadamente, vivo en Madrid, una ciudad con muchas tiendas de textil. Sobre todo, por el centro, hay hasta tiendas especializadas en fieltro y paños para capas.

- Hola, quería paño de lana para hacer capas
- Sin problema ¿de qué color lo quiere?
- Pues es para hacer varias, colores apagados... digamos algo pardo y algo verde oscuro.
- Estupendo, tengo justo lo que necesita. Mire (dice mientras me extiende delante unos paños indubitablemente fabulosos)
- Ajá. Sí, podría valer (digo mientras palpo y babeo por dentro). Metro y medio de ancho ¿verdad?
- Sí, metro y medio. Podemos hacerlo más anchos por encargo.
- Na, metro y medio está bien. ¿Y a cuánto sale el metro de largo?
- 34 euros, aunque si se lleva más de diez metros se lo puedo rebajar un 5%.

Ni un pestañeo. Estoy hecho un puñetero profesional, me comí eso sin un puñetero pestañeo. A ver, vale que me esperaba un precio elevado, pero esa pastizara superaba todas mis expectativas.

- Perfecto. ¿puedo sacarle un par de fotos para consultarlo con mi gente?
- Sí, claro; aunque las fotos no son la mejor forma de juzgar un tejido.
- Sin duda, sin duda, pero nos apañaremos.

[Tres cuartos de hora más tarde, en mi tienda de telas de confianza del barrio]

- Hola ¿tenéis paño de lana abatanado de colores apagados?
- Sí, claro, mira, están por ahí, te los enseño. Los tenemos de a 6 y a 9 euros el metro.
- ¿Metro y medio de ancho?
- Sí, claro.
- ¡Toma mi dinero!

Vale, puede que no sea el más rico paño de Béjar. Pero oye para un par de mantos que vamos a llevar de Pascuas a Ramos, va más que de sobra.

Y volvemos al patrón. Semicírculo. Nos hace falta un sitio donde extender el paño y un compás. Un compás de que abra metro y medio, es decir, un cordel largo y una tiza para marcar tela.

En El Blindado Personal no pinchamos. En El Blindado Personal hacemos centro. Y, cuando hacemos centro, no nos andamos con tonterías. Pisamos la tela y el hilo con una estaca cóncava para formar chapa de unos cuatro o cinco kilos de peso. Y el centro queda hecho, y bien hecho.


Marcar tela. Cortar tela. Manto listo. ¿O habría que hacerle un dobladillo? Porque el paño de lana no es algo que se deshilache fácilmente, así que ¿rematar, o dejar tal cual?

Estuve preguntando a mucha gente, y una experta en textiles medievales me terminó de dar la pista definitiva. En un alarde de profundos y arcanos conocimientos arqueológicos me dijo: si crees que la tela se va a deshilachar, hazle dobladillo. Si crees que va a aguantar, no le hagas dobladillo.

(Esto me pasa por complicarme la vida buscando respuestas elaboradas a preguntas estúpidas)

Conclusión: venga, le haré un dobladillo sencillo a la parte recta del manto, que es la que se acaba manoseando, y dejaré la parte curva sin rematar. En alguna parte vi que el paño de lana se debe coser con puntadas largas, así que, por aquello de mantener el acabado histórico, cosemos a mano.

Este tipo de costura, que es de lo más profesional que está a mi alcance, es lo que mi abuela, que era una señora de pueblo bastante solvente con la aguja, hubiera llamado "un hilván flojucho".

Tres metros de costura a mano tienen su encanto, pero tampoco es para desesperarse. Con calma, poco a poco...



- Vale, mola, pero esto ¿cómo se lleva?

- ¿Pues cómo se va a llevar? ¡Con estilo, prestancia, y elegancia! ¡Pardiez!

Es magnetismo animal, es moda, es lo que se lleva, es puro siglo XIII. ¡Lo quieres, y LO SABES!

3 comentarios:

Amo del castillo dijo...

Le ha quedado muy propio, maese Axil. El próximo lo forra de piel de ardilla, que era lo que usaban los infanzones con posibles. Por cierto que, además del dobladillo, un acabado que ya usaban los romanos era el orillado, que colijo quedaría más propio en una prenda de ese tipo.

PAX TECVM, FRATER

dani dijo...

Las tiendas especializadas tienden a tener unos precios disparados.
¿Habrá fotos de como queda la campa con el reto de ropa?

Axil dijo...

Amo del castillo, lo del orillado lo pensé, pero es que uno no entra simplemente caminando a una mercería a comprar pasamanería (que da el cante de lejos). Si hay que ponerse en serio, hay que tejer tres metros de tira con el telar de tablillas para cada manto, y eso requiere muuuuuucho más tiempo del que tengo disponible de aquí al evento.

Y Dani, en cuanto salgamos de evento, habrá fotos, sin duda.