viernes, julio 13, 2007

Las brafoneras (1): Yo sigo sin tener claro si este término es correcto.

Como no he tenido ocasión de bajar al garaje a darle martillazos a las futuras hombreras, hoy os voy a hablar de las brafoneras que estoy empezando.

- Las bafro... bafo... brafro... ¿mande? ¿Lo cualo?

- Si, hombre, si es muy fácil. ¿Sabe las típicas medias de red que llevaban las vamps en las películas americanas de los 50?

- Sí, claro, unas medias muy sexis.

- Vale, pues ahora imagíneselas con un obrero del metal.

- ¡BUARGH! ¡Oiga, yo pensaba que éste era un blog para todos los públicos!

- ¿Cómo...? ¡Ah! ¡No hombre, no! ¡No que las lleve un obrero del metal, sino que las fabrique! Ya sabe, malla, alambre ¡anillitas!

- ¡Ah! Vale, vale, no le había seguido. De todas formas, una comparación un tanto rebuscada, ¿no?

- No, en absoluto, creo que es un símil bastante logrado. Al fin y al cabo tienen muchas más cosas en común

- ¿Como por ejemplo?

- Hombre, para empezar, las dos cosas se llevan con liguero

- ...

Las brafoneras son... bueno, puede que las brafoneras sean, hablando con propiedad, otra cosa. Sin embargo, se suele emplear para denominar la armadura de malla que recubre las piernas.

Puede que lo correcto del término dependa de la geografía, en la página de Maderuelo, por ejemplo, hay algunos comentarios interesantes al respecto; y en Historia Viva se utiliza el término con profusión.

Hay quien las llama perniles o perneras; entre otros, el maestro Julio del Junco cuando describe cómo hacerlas en su web.

Puedes llamarlas brafoneras, o perniles, o calzas de malla, o chausses, o pantalones que nunca vas a tener que planchar, o como quieras. Pero, al final, todo vuelve siempre al tema de las medias.

Porque, cuando vas a querer hacerte con un par de estos cacharros ¿cual es la primera pregunta que hay que responder? Pues igual que con unas medias: ¿Con costura, o sin costura?

Y es que hay dos formas de construir estos inventos. La primera, que es, probablemente, la más antigua, consiste en una protección por la parte delantera de la pierna, atada a intervalos regulares en la parte de atrás de la pierna. En esta ilustración del SXII, podéis verlo en las piernas del soldado de la izquierda. Por cierto, si a alguien le interesa, la ilustración es del momento en que unos soldados de Enrique II dejaban muy clarito al arzobispo de Canterbury quién mandaba de tejas para abajo...

Y algo debió durar la cosa. Esta otra ilustración de mitad del SXIII representa algo muy similar.
Sin embargo, en la misma época hay también ilustraciones de calzas de malla cerradas, sin atar en la parte posterior.

Ésta segunda alternativa parece ser más popular hoy en día, tal vez porque SCA y similares tienden a usar armaduras transicionales tipo SIV. Para construir éste tipo de malla tenéis por ejemplo esta página, aunque yo no me tomaría muy en serio a alguien que permite que publiquen fotos suyas con estos gayumbos.

Aún así, yo me voy a decantar por las brafoneras abiertas, más que nada por dos motivos:

- Porque mis yelmos son más o menos históricos entre SXI y SXIII

- Porque, en un ataque de entusiasmo, me compré un montón de correa de cuero, y algo tendré que hacer con ella (como por ejemplo, atar estas bichas por detrás)

A la hora de sujetarlas, lo normal sería colgarlas con una especie de ligas, pero, después de ver las que vendía Rufino en su web, tuve claro que ése era el método que yo iba a utilizar.

El problema para montar este invento, es que no tengo nada parecido a un patrón. Pero ¡qué demonios! ¿Qué es lo peor que puede pasar?

- Que tenga que repetir el trabajo dos docenas de veces, lo cual le llevará cientos de horas y agriará su humor (aún más) Todo eso conducirá directamente a que su chica le abandone, y usted acabará sus días en una institución mental escuchando las voces de su cabeza que no pararán de decirle que tenía que haber empleado expansiones en el lateral de la rodilla.

- ¡Joé, qué malaje!


No pienso dar medidas definitivas hasta que haya acabado y esté seguro de cómo queda el invento.

Puedo decir que la cosa empieza con una tira recta que va desde el lateral de la cadera (donde se enganchará al cinturón) que se irá ensanchando progresivamente hasta convertirse en algo lo bastante largo para envolver la pierna.

Hacer el enganche para el cinturón me resultó bastante complicado. La idea es doblar la parte de arriba hacia abajo, y unirla a la tira para que forme un tubo por el que pasar el cinturón. Yo lo intenté hacer directamente así.

Y no se puede, te haces un lío tal con las anillas que no hay forma de unirlas bien.

La alternativa es hacerlo al revés. En un punto de la tira, tienes que colocar una hilera adicional de anillas, que enganche en la fila de abajo, pero no en la de arriba. En la foto de arriba podéis ver la hilera extra ya colocada, junto con los hilitos usados para marcar la fila en la que estaba trabajando.

Esa fila adicional sigue siendo demasiado confusa para enganchar el resto del tejido. Tienes que unirle otra hilera de anillas más.

Y ahí ya estamos en terreno familiar. Eso ya es manejable, y puedes unirle el resto del tejido sin problemas.

Y el resto del trabajo, medidas aparte, ya entra dentro del desesperantemente lento progreso en el tejido de anillas pierna abajo.

No sé si al final voy a tener que alargar o acortar, ensanchar o estrechar... todo depende de las calzas y el calzón que tengo encargados desde hace cuatro o cinco meses y que siguen sin llegar... pero, por el momento, la cosa tiene buena pinta.

Es curioso esto de la malla. Lo que llevo de las brafoneras me hubiera tenido echando espumarajos de desesperada frustración (por el escaso ritmo de crecimiento) cuando empecé el primer almófar hace algo más de un año. Y ahora, casi ni me he dado cuenta de que he empezado un nuevo proyecto en malla.

La verdad es que es un antiestrés estupendo. Te ayuda a tomarte las cosas a su ritmo.

A ver si consigo ponerme con el martillo y contaros avances en las hombreras en el siguiente post. Mientras tanto, rescato una sección clásica de mi blog; ya que había perdido la costumbre de trabajar con malla, y la vuelta al alambre y las anillas hace imprescindible realizar un nuevo

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Control de daños

Estado general de salud: bueno, aunque debería perder entre 10 y 15 kilos para volver a verme la hebilla del cinturón sin contener la respiración.

Dedos: 10,05. Los bultos, cicatrices y callos de manejar alambre y alicates cuentan

Cejas: 2
Otras lesiones de interés:
¿Sabéis cuando un perro o un gato se empiezan a mordisquear una herida hasta convertir un simple arañazo en una dantesca mutilación? Pues a mi me pasa lo mismo con los callos que me salen en los dedos corazón y anular de manejar los alicates de hacer anillas. Me los muerdo, y sólo consigo que el tejido sea cada vez más duro y abultado, con lo cual me lo vuelvo a morder, con lo cual...
Vamos, que mis manos parecen cada vez menos de informático, y cada vez más de labrador.
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viernes, julio 06, 2007

Las hombreras (1): Back to the 80's

Llevo ya algún tiempo amenazando con contaros la fabricación de unas hombreras, y, como soy una persona seria y formal, voy a cumplir lo prometido.

Odio estar parafraseando el anuncio de una conocida marca de zarzaparrilla, pero lo cierto es que las hombreras fueron algo horrible que ocurrió en la década de los ochenta, y que hizo que las pijitas de la época tuvieran cierto aire de jugadores de rugbi.

Si hablamos de armaduras, la mayor parte de lo que encontréis por ahí estará en inglés. Podéis encontrar el término spaulder, que podríamos traducir como hombrera; y el término pauldron, que podríamos traducir como hombrera.

Como tantos otros inventos a lo largo de la historia de la humanidad, las hombreras están claramente inspiradas en la naturaleza misma. Consisten básicamente en unas tiras de metal que encajan unas debajo de otras, permitiendo movimiento a la articulación al deslizarse entre ellas. No sé si me inspiran la palabra "caparazón" o la palabra "exoesqueleto"; pero lo cierto es que me están empezando a dar un poco de asco.

El patrón para mis hombreras creo recordar que lo saqué, poco más o menos, de aquí, eso sí, correctamente escalado para valerme con un gambesón y una cota de malla debajo.

Vale, me ha quedado gigantesco, calculé que la pieza más grande debía dejar un hueco de 18 centímetros para que me cupiera el hombro. Eso hace una pieza de 27 centímetros de largo, que ya es un buen cacho de chapa

Para variar, me entusiasmé más de la cuenta con el invento, y no aguanté lo suficiente como para comprar chapa más fina. Me he embarcado en el proyecto con chapa de 1,6mm de la de hacer yelmos, y es... dura.

Vamos, que cuesta telita darle una buena forma en frío, y además pesa lo suyo. Las próximas, en chapa de 1,2mm (que ya tengo)

A la hora de currarse la chapa, las hombreras presentan dos desafíos bien diferenciados: ahuecar la pieza abombada superior, y curvar las lamas. Y yo no estaba preparado para ninguna de los dos.

Porque servidor se dejó los cuernos sacudiendo martillazos a una de las piezas grandes sobre el tocón de hundir, y sólo consiguió un insatisfactorio abombado y unas agujetas de importancia.

Y los intentos de ajustar las lamas con una cierta precisión entre ellas... bueno, digamos que no fueron recompensados con un éxito atronador. Ni con éxito notable. Ni con éxito de ningún tipo. Vamos, que aquello no encajaba ni de lejos.

Hasta que llegó Truvor y me terminó las estacas que os contaba en la entrada anterior. ¡Qué diferencia!

Con la estaca de bola conseguí hundir la pieza superior hasta unos extremos que, si bien no son absolutamente perfectos, sí empiezan a ser aceptables. ¡Y en un momentito!

Y la estaca de tubo gordo me ha permitido ajustar las lamas de forma tan precisa, que hasta me temo que vayan a quedar demasiado bien encajadas y le resten movilidad al hombro.

Aún no me atrevo a dar consejos detallados sobre cómo trabajar sobre las estacas, pero sí debo señalar que la maza de nylon parece dar mejor resultado que el martillo de metal. Más rápido, y con menos marcas.

También debo decir que hay que ir pasando de la estaca al hueco de hundir y a una superficie plana para ir moldeando el metal. Vamos, que la estaca sola no es suficiente, porque no te da juego para corregir cuando te has pasado.

El caso es que ya he conseguido dar su primera forma... a una de las hombreras. El siguiente reto se llama simetría.

¿Conseguirá nuestro armero novato que las dos hombreras sean simétricas? ¿O tal vez tendrá que inventarse excusas: "es que el brazo derecho se mueve más y por eso la forma tiene que ser diferente, el izquierdo va con escudo y ya se sabe. No, es que están específicamente adaptadas a mi técnica de combate...")

La respuesta a esto y a mucho más, en la próxima entrada. Siempre y cuando mi chica deje de empeñarse en llevarme a la piscina y me deje algo de tiempo para martillear hierro a la fresca sombra del garaje.