El spangenhelm (3): Y a mi ¿quién me manda ponerme a pulir el casco?
Llevo ya unas semanas enfrascado en el pulido del yelmo, y además, dejándome la piel en el proceso (literalmente, hasta que empecé a usar guantes para manejar el papel de lija)
Y aunque aún no he terminado, empiezo a vislumbrar ciertos problemas radicales en esto del pulido.
Porque... ¿qué es pulir un metal que has trabajado a martillazos? Muy sencillo: es convertir un metal duro, machote, y malencarado, en definitiva, un metal Action Man (tm) en una chapita brillante y pretenciosa, osea, una chapita Barby (tm). Vamos, ir del Heavy Metal (qué apropiado, ¿eh?) a Operación Triunfo.
El metal, recién formado a martillazos, presenta un aspecto mate y facetado por los cientos de golpes. Un aspecto imponente y terrorífico. Un aspecto que proclama orgulloso: "¡Yo nací de los golpes, y puedo parar tantos golpes más como sea preciso, y sin que se me note siquiera! ¡Estoy listo para la pelea, mi dueño se dedica a cortar gente en dos antes del desayuno, y yo me cubro de la sangre de los enemigos! ¡¡Aaaarghh, matar, matar!!"
Una vez pulido a espejo, en cambio, el yelmo gimotea: "¡No, no, no me golpees, que me abollo! ¡Huy, no me acerques eso tan duro, no se vaya a rayar mi superficie impoluta! ¿Cómo? ¿Golpearme con una espada de madera? ¡Ay, ay, no, no! ¡Que mi dueño se pasa todo el día sacándome brillo con un trapito! ¿Qué van a decir cuando me vean en la corte?"
Porque el pulido deja una superficie muy brillante, muy profesional, muy acabada, y... muy sensible. Todos habéis oido hablar de la escala de dureza de Mohs, donde un determinado material es más duro que otro si consigue arañarlo. Bien, pues el hierro pulido debe estar en alguna parte entre la arcilla húmeda y el queso de Cabrales. Ya sé que es físicamente imposible, pero puedes arañarlo y dejarlo marcado con madera de pino. Y con una uña. Y con un cacho de plástico cutre. Posiblemente, puedas arañarlo con gomaespuma, pero eso aún no lo he comprobado.
Todo ello, además, perdiendo utilidad. Y no sólo porque pierdas cierto grosor al lijarlo, sino porque los primeros que tuvieron la brillante ocurrencia de pulir un yelmo no tenían la más puñetera idea de camuflaje.
Porque cualquier superficie "stealth" que se precie debe ser facetada, y lo más absorbente posible a la radiación utilizada por el sensor al que se enfrenta. Si, exacto: como el yelmo sin pulir.
Sin embargo, un domo perfectamente redondeado y pulido a espejo puesto al sol es... una baliza, un faro, un hito, un inconfudible punto de referencia a kilómetros de distancia, lo mires desde donde lo mires. En el medievo, el vigía de lo alto de un torreón debía poder ver el destello de los yelmos a kilómetros y kilómetros de distancia. "¡Mi señor conde, se acerca un caballero con armadura!" "¿A qué distancia se encuentra, buen vigía?" "¡Unos tres días a caballo, mi señor!"
Centrándonos en el "jautu" del pulido, yo empecé con un disco de lija del 40 y el correspondiente adaptador para el taladro. Podéis ver la herramienta y el resultado en la foto de al lado.
Al principio pensaba que un grano del 40 iba a ser lo mínimo para eliminar las facetas de los martillazos, pero ahora creo que me pasé un pelo, y que me comí mucho metal innecesariamente. La proxima vez empezaré con algo más fino, no sé si un grano de 50 o incluso 100. Al fin y al cabo, con el taladro es descansado (aunque el metal se calienta lo suyo, y si lo tocas sin guantes te quemas los deditos. Y si te roza un nudillo con el disco, puedes decir "¡adiós, adiós!" a un cachito de piel. Te lo digo yo, que lo sé)
El lijado con grano 40 queda realmente basto, unos arañazos enormes, parece que haya pasado por las manos de Freddy Krueger. Para reducirlos, vas repitiendo la jugada, cada vez con grano más fino, y siempre en perpedicular a la pasada anterior. Y TEN CUIDADO DE EMPEZAR TODAS LAS PIEZAS EN EL MISMO SENTIDO.
Porque, a menos que estés 100% seguro de que vas a ser capaz de pulir a espejo, y sin dejar una sola huella de la última capa de lijado, te puedes encontrar con superficies razonablemente bien pulidas, pero en las que se note un ¿microscópico? rallado en direcciones diferentes. Y ESO SALTA A LA VISTA, TE LO DIGO YO, QUE LO TENGO DELANTE (¡mierda!). Y claro, luego hay que dar pasadas suplementarias bastante cansadas.
¿Que qué secuencia de granos hay que utilizar? ¡Ja! ¡Esa es la pregunta del millón! Yo fui utilizando prácticamente todos los que encontré en la tienda, algo así como 40 -> 50 -> 100 -> 120 -> 180 -> 220. Sin embargo, estoy convencido de que me podía haber ahorrado bastantes pasos. No sé, tal vez 50 -> 120 -> 220 sea suficiente.
De todas formas, el lijado con los discos no es más que el principio. A partir del 220, no parece haber más discos, y hay que empezar con lo que se conoce como "lijado al aceite de codo". Si, efectivamente: el querido papel de lija. Horas y horas y más horas que se tira el neófito armero dándole a la lija, ris-ras, ris-ras, ris-ras, ris-ras.
La secuencia de grano que he seguido con el papel de lija es la siguiente: 320 -> 400 -> 600 -> 1200 (A partir de 400, es lija al agua, y hay que humedecer un poco la chapa). Aquí yo no buscaría atajos, es mucho más trabajo saltarse un grano y hacer trescientas pasadas con uno demasiado fino. De hecho, la próxima vez buscaré lija del 800, porque el salto de 600 a 1200 es un tanto trabajoso.
Por cierto, una nota sobre el lijado al agua. Salpica. Y no, no es que tenga hidrofobia. Es que salpica algo asqueroso y abrasivo. Es negro. Mezcla limaduras de hierro y polvo de lijar. Mancha. Y, si se cae al suelo, y luego lo pisas, araña el suelo, además de mancharlo. Mucho. Te lo digo yo. (Como G. se dé cuenta de lo que ha pasado en el salón, me va a matar)
Por cierto, el papel de lija, sin ser prohibitivo, no es que salga a peseta el paquete de doscientos, así que tampoco conviene desperdiciar un pliego en dos pasadas. Yo recomiendo ir doblándolo, e ir frotando sobre una única tira de, pongamos, dos centímetros de ancho. Cuando ya se haya desgastado esa tira, le das otra vuelta (como si lo arremangaras) y a seguir.
Aquí os dejo una foto de diferentes secciones del spangenhelm, en diferentes momentos de lijado. De izquierda a derecha son:
- Lijado al 600. Nótese el reflejo muy borroso. Si amplías la imagen a tamaño real, verás claramente las estrías del lijado.
- Lijado al 1200. Un reflejo mucho más nítido, aunque aún se ven las marcas.
- La prueba de que soy un cagaprisas. Me lié a pulir a lo fino sobre un lijado al 600, a ver si era suficiente (y no lo es) Casi, casi, casi, pero sin embargo, visto de cerca se aprecia un estriado que no me convence. De ahí que siga con el lijado a 1200.
¿Y qué es eso del pulido fino? Es cuando vuelves a los discos, esta vez mucho más suaves, y empleando pastas abrasivas conocidas como pulimentos; o, si tienes el día anglópijo, polish. Pero eso da material suficiente para el próximo post.




