Y como es algo bastante sencillo de fabricar, y siguiendo la racha de dejarme llevar por mi alma mercenaria, ¿qué podía decir, cuando se pusieron en contacto conmigo para encargarme uno?
Ya lo conté todo en detalle la vez anterior, así que la entrada será breve. Materiales a elección del cliente: lino y cuerda de esparto.
Utilizando hilo de bramante, coses un tubo de lino con una costura doble que luego quedará en el interior, y en uno de los extremos, y preparas un ojal bien reforzado, que es por donde pasará la cuerda del cierre del zurrón.
Fíjate que he hecho un nudo en mitad de la cuerda, dejando una lazada abierta, y la he cosido junto al ojal para que no se mueva. Los dos cabos de la cuerda rodearán el tubo y atravesarán el lazo y el ojal, formando así el cierre corredizo del zurrón.
Jo, no lo he entendido ni yo.
A ver si lo vez más claro en esta foto, con la boca del zurrón ya cosida, rodeando la cuerda.
El dobladillo por el que va la cuerda va a aguantar el peso del zurrón, así que también lo hice con doble costura. Y lo dejé un poco ancho, más que nada para que sea factible cambiar la cuerda cuando se rompa sin deshacer del todo el zurrón (no me da mucha confianza a mí la cuerda de esparto, es tan... biodegradable)
Al otro extremo le haces un dobladillo normal para que no se deshilache.
Y le atas los cabos de la cuerda con un par de nudos. La longitud correcta de cuerda que debes dejar viene a ser la justa para que quede estirada junto a la tela del zurrón.
Si te fijas en la imagen de arriba, he dado unas cuantas puntadas para dejar fijada esta vuelta de cuerda a la tela del zurrón. En realidad, no es estrictamente necesario, pero evitará que la cuerda se deslice, y te veas en ese embarazoso momento en el que el contenido del zurrón que llevas al hombro se desparrama por el suelo tras cualquier movimiento brusco.
Unas cuantas vueltas más, un par de nudos, y listo.
¿Será posible, que ni siquiera me molesté en sacarle una foto terminado entero?
Bueno, a cambio tendré que contaros un cuento. Un cuento de zurrones.
Este año, el evento de Ciutadilla ha estado marcado por algunos acontecimientos extraordinarios. Para empezar, que, por primera vez desde Febrero de 2009, he acudido al evento con un guante para cada mano; y no con dos guantes derechos, como ha sido mi costumbre a lo largo del último año y pico. Claro, que eso no tiene mucho mérito, visto que, al parecer, a los eventos de recreación nos llevamos media casa.
El recién estrenado Axilmobile, cargado con el equipaje de dos personas.
En Ciutadilla nos recibieron nuestros amigos de la OAN, que, junto con nuestros también amigos los M&Ms, nos ayudaron a plantar la tienda, no sin cachondearse de mi cuerda de medir la distancia correcta entre las piquetas.
Y es que la tienda sobrevivió al pasado Peracense, pero no indemne: como bien descubrimos este año en Teruel, la tela había encogido bastante (pasar la noche derrumbada en aquel charco no le sentó nada bien) y no había forma de dejar la tela tensa. Así que, después de medir la planta de la tienda cuidadosamente (gracias, Fernando), y de enterrar los palos a base de azada hasta conseguir la adecuada tensión, he podido reajustar sutilmente los palos para la nueva altura de la tienda.
A grandes males, grandes sierras.
Este año, mi fiel escudero Lucas dijo no-sé-qué de probar unas alpargatas que quería llevarse al camino de Santiago; que lo de las suelas finas de cuero no iba a molar nada en un camino largo y abrupto, y los chanclos tenían que ser incómodos y resbaladizos. Así que nada, a empezar la jornada con un calzado que ni siquiera sabía cómo ponerme.
¿Y por dónde dices que entra el pie?
Pero ¿cómo son unas buenas alpargatas? Según un escrito de 1322, son así:
Ordenaren que les espardenyes sien ben feytes et sien de bon espart etque sien en cada espardenya XXVI punts et de sobre lo peu onze cordeset detràs al taló IIII cordes, et si en altra manera seran mal feyteset lo dit compliment de punts et de cordes no auran, perda lesespardenyes et sien cremades les espardenyes mal feytes. (Gracias, Coalheart)
Las alpargatas son, al principio, una sensación extraña. Quedan flojuchas, y son incómodas; hay que ajustarlas para que no se meneen. Pero no intentes ponerte a trastear con los complejos, complejísimos nudos de las tiras: haz caso de los consejos de una bailarina de sardana (gracias, Gemma) sobre cómo atarse las alpargatas.
Paso 1: te calzas la alpargata.
Paso 2: pasas las tiras sueltas, que salen del talón, por debajo de las tiras laterales de su lado opuesto.
Paso 3: las cruzas sobre el empeine, las pasas alrededor del tobillo y las atas, de forma que las tiras laterales queden lo bastante tensas para que la alpargata quede bien ajustada.
Lo de los calcetines queda feo ¿verdad? Pero es que, cuando la planta de tu calzado es de cuerda de esparto, o llevas calcetines, o llevas la planta del pie en carne viva.
Después de todo el día con ellas puestas, subiendo y bajando del castillo por un camino lleno de cascotes, siguen siendo cómodas. ¡Prueba superada, amigo Lucas, y demás peregrinos santiaguistas!
Lo cierto es que el día transcurrió un poco soso, sobre todo por la falta de bastantes amigos de grupos cuya presencia se echó de menos. Pero vamos, tuvo sus momentos.
Hubo mucho cachondeo con los caballetes de la mesa de Quinto, tal vez perfectamente históricos, pero, según se rumoreaba, no tan perfectamente estables.
G. siguió con los zapatos que empezó en Portalrubio. Yo terminé otro trabajo, que ya comentaré en próximas entradas.
El comienzo del desfile se demoró bastante, y la Orden del Acero Negro adquirió cierto aire de orden mendicante. ¿Una lismonita para un ex-leproso?
El comienzo del desfile, todo soso, en terreno llano.
Claro que acabó cuesta arriba y con escaleras, como mandan los cánones
¡Desde Mallorca, con un par de... días en barco, nos acompañó la recientemente creada y extraordinariamente activa Compañía del Podenco Blanco!
Hubo presentación de grupos, al estilo Ciutadilla
E incluso alguna refrescante sorpresa durante la presentación ¡Dadnos la soldada prometida, o la tomaremos por la fuerza!
Hubo música ¡¡Y no se cantó el 'Campanera'!! (Sí, efectivamente, eso es un laud. ¿A que molan los juguetitos de Frei Galcerán?)
Nuestro querido amigo Coalheart pasó el día con nosotros.
Hubo batalla, con sus correspondientes andanadas de flechas.
Y con su correspondiente intercambio de espadazos, del cual me retiré según empezaba, porque no me sentía del todo a gusto con cómo se planteaba la cosa, y la inseguridad no es buena compañera cuando la gente se está golpeando con barras metálicas.
Cortesía de Jumpinthefire, aquí dejo los vídeos de la batalla:
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Hubo (una vez más, y es que yo parezco nuevo, que mira que me pasa todos los años) quemaduras por el sol.
Hubo abollones debidos a caídas accidentales del casco (nada que no se arregle con, exactamente, tres martillazos bien apuntados)
Pero, desde luego, lo mejor estaba por llegar. Y es que, esa misma noche, asistí a un acontecimiento histórico: ¡la refundación de la OAN!
Así que, en los próximos eventos de recreación, que a nadie le sorprenda ver una nueva tendencia ¡Los pitufos negros zapatistas ninjas power rangers! ¡Ñaca, piñaooo, piñaooo!
Todo empezó por esta foto ectoplasmática.
Pero puede acabar así de negro (¡Ñaca!)
O así de... de... ¡Que pitufe Zapata!
Es muy, pero que muy posible, que en la próxima algarada se vea algo así entre las filas de los más serios y documentados recreacionistas cantigueros
O entre los más salvajes recreacionistas almogávares, si es menester
En definitiva, unas jornadas tal vez algo más flojas que en anteriores ediciones, pero hay que reconocer que este año el puente de mayo no ha ayudado: otros años, los festivos nos han permitido pasar varios días allí, pero, en esta ocasión, han caído en sábado y domingo. Un asquito.
A ver quién me dice que esta imagen no es inspiradora.
- Sin pecado concebida, amigo Lucas, sin pecado concebida. Pasa, pasa. ¿Qué puedo hacer por ti, mi fiel escudero?
- Verá, señor Axil, es que... bueno, yo es que... que es que tenía pensado que...
- ¿Que qué? ¡Vamos chico, espabila, que a veces pareces medio lelo!
(A ver cómo le cuento yo ahora al señorito que me quiero ir de vacaciones, que me parece que no tengo yo el convenio hasta dentro de setecientos años...)
- Es que me quiero ir de peregrino, señor.
- ¿De peregrino? ¡Vaya, parece que con la iglesia hemos topado, amigo Sanch... digoooo... Lucas! ¿Y a dónde te vas, si puede saberse? ¿A tierra santa? ¿De romero, tal vez?
- ¡Quia! ¡Con lo lejos que tá to eso! ¡A Santiago, a Santiago! ¡Yo donde quiero ir es a Santiago!
- Hay que jod... Venga, arrea. Pero no te andes con tonterías, que ya te veo aprovechando para irte de pingo con la hija del carretero, que ya he visto yo las miraditas que os echáis.
- ¡Claro que no, mi señor! ¡Yo voy sólo en acto de constreñimiento y por devolución!
- En acto de contrición y por devoción, patán. Vamos, calla la boca, no lo estropees más, y sal de mi vista, Lucas.
Y así es como servidor consiguió que el amo le dejara irse unos días a recorrer mundo, que dicen que es algo mu instruitivo y que abre las entendereras, que siempre dice el señor que es bueno abrirlas, aunque yo no sé muy bien para qué.
Ya sólo me queda coger las alpargatas, echar cuatro cosas al zurrón, y andando.
¡Aivá! ¡Pero si de tanto llevar martillos para arreglar los abollones de la armadura del señor, tengo el zurrón echo un trapo! Voy a tener que hacerme otro, no sea que me se rompa y me se arrastren las viandas por los suelos.
Menos mal que tengo por aquí un cacho lino de lo más recio, de como así a ojo 90 de largo y 65 de ancho; que se le antoja a menda que será bastante para un zurrón pequeño.
A veces, todos esos caballeros como mi señor Axil, piensan que las cosas normales de todos los días, como los zurrones, son cosas muy simples y muy tontas. Pero que sepan sus mercedes que todo tiene su intríngulis, y que a veces no son tan sencillas como podrían parecer. Y mira que al principio es tan fácil como coser un cilidun... cilinodr... cilidro... ¡un tubo; coñe, un tubo!
Puede que parezca tarea baladí, pero uno se tira un rato, sobre todo, si hace una costura doble, que así sí que aguanta cosa mala, escuchen sus señorías mis palabras, no se les vayan a rajar los zurrones a la mitá del caminar.
Y tampoco se preocupen mucho por cómo queda de bonica o no la costura, que al fin y al cabo, luego se le va a dar la vuelta al zurrón, y la costura va a quedar por dentro.
Menos mal que conseguí sisarle al señor un poco de cuero pal zurrón. Hacen falta dos tiras, como de dos centímetros de ancho y metro treinta de largo.
¡Y que lo de estas tiras no es tan fácil! Que pa que luego el zurrón se abra y se cierre, hay que hacerle unas ranuras, para que las correas se crucen a través suyo; y que hay que coserlas además a la tela, así que hay que hacerles unos bujerillos con una lezna pa poder coserlas sin romper las agujas, que alguno es mu burro y se piensa que va a poder atravesar el cuero como si furiese seda, y no es eso de recibo.
No hay que aturullarse y ponerse a coserlo tal cual: antes hay que hacer dos hojales cerca de la boca del tubo, uno a cada lado, que si no, aluego se deshilacha todo, se rompe el zurrón, y ya la tenemos liá.
Ahí es donde hay que coser los extremos de las tiras. ¡Cuidao, señores! ¡Por el lao de padentro!
Y ahora viene el meollo: el extremo de cada tira pasa por la ranura de la otra, y por los ojales. Mira, si lo ves, es fácil de entender. Hasta yo, que ya me decía mi madre que soy más bien cortico, lo entiendo; asín que unos señores instroidos como sus mercedes lo verán claro a la primera.
Y ahora, otra vez a coser tela, para que las tiras de cuero queden bien envueltas. Servidor estas cosas las hace a conciencia, con doble costura, que de tonterías ¡na de na!
Y, miren, miren sus mercedes lo que pasa con sólo tirar de las correas...
Pa cerrar lo que es el mismo culo del zurrón, dicen los abuelos de hacer un par de nudos de saco, que son los nudos que se hacen, pos pa cerrar los sacos, comosupropionombreindica.
Na más simple que hacer este cierre: con una de las tiras se hace un nudico de esos, dejando que sobre un buen cacho de tela...
Endeluego se dobla la tela por encima del cuero, y con la otra tira haces otro nudico, pero como un poco más arriba.
Y con esto ya debería estar terminado el zurrón, que esos nudos ya no salen ni patrás. ¿Pero me van a hacer caso los señores? ¡Quia! Ya estoy oyendo a mi señor Axil si ve un zurrón así: que si eso se va a resbalar, que se te va a eslizar y a soltarse, que como me se abra el zurrón y un queso me se vaya rodando cuesta abajo me vi abrir la cabeza por bajar corriendo detrás a buscarlo...
Así que ¡ala! Otra vez a hacer ojales, esta vez en la base.
Y fíjense sus mercedes que le he dado vueltas a cómo cruzar las tiras igual que en la boca, pero me se escapa siempre cómo hacerlo. Así que, pa reforzar el ojal, lo suyo es hacer unos cosos de cuero para que aluego no se raje el lino con el peso.
Que se cosen como antes: por el lado de padentro. Luego sólo hay que pasar las correas de un lado a otro: se pué pasar una por cada lado, pero yo prefiero dividir ca tira en dos, pa que así luego se les puedan dar vueltas y hacer un ataíjo más arrebujao.
Y ya sólo falta hacer como antes: un buen recosío de la tela alrededor del cuero.
Asín que ya sólo queda tirar bien de las tiras pa cerrar el culo (con perdón) del zurrón, y hacerles unos buenos ataíjos pa que no se puedan soltar.
Y ya puedo echar pa'dentro los trastos y enganchar el camino; y que mi señor Axil se busque las habichuelas pa pulirse los hierros él solito.