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jueves, mayo 10, 2007

El segundo spangenhelm (9): Limpia, fija y da guarnición

Vamos a hablar de las últimas fases de la construcción del spangenhelm. Como todo lo que falta es casi idéntico a lo que ya contamos con el primer yelmo, voy a unirlo todo en una única entrada.

Empecemos por el pulido. En esta ocasión, no voy a darle un acabado a espejo, sino un acabado satinado.

- Eso es porque existe una corriente generalizada de opinión diciendo que, históricamente, era muchísimo más habitual que el espejo, ¿no?

- Esteee... pues yo, sinceramente, no tengo tan claro si lo que se ve en los museos son acabados satinados, o la inevitable pátina de los años. Yo, al menos, considero que el pulido a espejo requiere mucho más trabajo y habilidad, y que, por consiguiente, refleja una mayor calidad de la obra.

Os habéis dado cuenta del ingenioso juego de palabras ¿verdad? pulido a espejo... reflejar... ¡Je! ¡Qué sutil estoy hoy!

En todo caso, el satinado tiene dos ventajas indudables:

1.- Da mucho menos trabajo

2.- Cuando reparas una abolladura, es infinitamente más fácil de recuperar ese acabado que uno a espejo. Y no digo sólo después de un combate, me refiero, por ejemplo, a lo que pasa cuando fallas unos cuantos martillazos al remachar.

En este segundo spangenhelm, tal como comenté en su momento, utilicé muchas menos pasadas de discos de lijar, y la calidad del lijado resultante fue muy satisfactoria. En lugar de utilizar sucesivamente casi todos los granos del mercado, un lijado a 50, a 120 y a 240 fue más que suficiente.

- Claro, así se come mucho menos material, y el casco queda más sólido

- ¿Cómo? ¡Ah! ¡Si, si, claro, es por eso..! Por supuesto, por supuesto, las horas de trabajo que me ahorro no han influído en la decisión.

Por cierto, si te pones a hacer algo de esto: si ves que una zona de la chapa se te resiste a un determinado grano, no te empeñes inutilmente: vuelve atrás, y repasala con el grano anterior. O, incluso vuelve al planificado o al desabollado. Ahorrarás tiempo y quedará mejor.

Bueno, a partir del acabado a 240, se podría seguir perfetamente hacia el espejo, pero el acabado satinado es mucho más fácil: un poco de aceite WD40, y un estropajo scotch brite de los de la cocina; y en cuestión de segundos de frotar ya tienes tu acabado listo.

Es posible incluso que se pudiera conseguir a partir del 150, pero no lo tengo muy claro.

También compré unos discos de scotch brite que se adaptan al mismo soporte que los de lijar, pero son demasiado brutos, es equivalente a un grano muchísimo más gordo.

Sobre el remachado, no tengo mucho más que añadir a mis anteriores comentarios.

Lo principal, que los remaches de hierro de 4mm de diámetro se remachan mejor con un martillo de bola de medio kilo, que con el de cuarto de kilo que utilizaba hasta ahora.

Aparte, en una reciente visita a la Real Armería, pude apreciar que, historicamente, se dejaba sobresalir muy poco los remaches, de forma que se aplastaba un poco la punta, no se llegaba a hacer un domo con ella.

Diría que es cuestión de que sobresalga entre un cuarto y la mitad del diámetro del cuerpo de remache.

- Veo que está perfeccionando a tope la técnica.

- Si, si... perfeccionada a tope.

Bueno, a tope, a tope... Me tiré un ratillo planificando los martillazos fallidos, y está la ley de Murphy de la antisimetría del remachado, que dice así: los únicos remaches que pusiste mal, son los que están más visibles.

Es decir, que me estoy obsesionando con los remaches torcidos del puñetero nasal. Voy a tener que acabar por quitarlos con el taladro y apañar un poco sus agujeros...

Los siguientes pasos, una vez remachado el yelmo, no han tenido ninguna variación: se pinta el interior para evitar que se oxide (demasiado) y se le coloca la guarnición, que es idéntica a la del anterior casco.

Esta vez, para exhibir el yelmo, hice caso al sabio consejo que dió Rorro, y, en lugar de fabricarme el soporte, me fui a una tienda de todo a un euro, y me compré un soporte de rollo de papel de cocina. Me costó dos euros ¡habrase visto falacia tal como las de las engañosamente llamadas tiendas de "todo a un euro"!

El caso es que le di una barnizada para que quedara más aparente, y le coloqué el casco. Y el magnífico soporte resistió muy dignamente, durante no menos de tres décimas de segundo, antes de que las leyes de la gravedad y de la palanca arrancaran de la base los patéticos clavuchos que sostenían el invento.

Una vez solventado el problema con el ya clásico tirafondos empleado habitualmente en estos menesteres, el nuevo soporte ya adquirió una resistencia adecuada para soportar el peso del casco.

Así que ya sólo queda colocarlo en lo alto del armario. ¡Ah! Y, por supuesto, terminar de dejar constancia del tiempo de trabajo para la artesanal, lenta, y un pelín chusca fabricación de este segundo spangenhelm.

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Vísteme despacio, que tengo prisa

La cosa iba por las 36,25 horas, aunque hay que restarle 3,5 horas de trabajo tirado a inutilmente. Sumamos ahora:

- Lijado al 50 y biselado/suavizado de los bordes: 5 horas. El primer lijado es el más trabajoso.
- Lijado al 120: 3 horas.
- Lijado al 240: 2 horas, incluyendo un rato de lima y papel de lija en las partes raras del nasal.
- Satinado con scotch brite: 0,5 horas.
- Montado con tornillos: 1 hora.
- Pulir la cabeza de los remaches a mano con scotch brite: 1,5 horas.
- Remachado completo: 2,75 horas.
- Planificar y satinar los martillazos fuera de sitio: 0,5 horas
- Medir, patronar, cortar y montar cuero: 2,5 horas
- Remachar y pegar cuero: 1,5 horas.

así que los tiempos finales son:

TTL (Tiempo Total de Labor): 56,50 horas

CMOS
(Crono Menos Operaciones Superfluas): 53 horas

...vaya, me ha sorprendido hasta a mi. Tiene tela la cosa.
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¡Y eso es todo por ahora!



- Ejem

- ¿Sí?

- ¿No le falta algo?

- ¿Ein?

- El casco nuevo. Ya sabe. ¿No se lo va a...?

- ¡Ah! Si, claro, perdón.

De acuerdo, este casco sí que me vale con la cofia y el almófar. Pero vamos, que por los pelos. Si le hubiera dado uno o dos centímetros más de perímetro tampoco le pasaba nada, lo cierto es que queda un punto roscachapa. Podría quitarle las carrilleras atadas abajo, que no se iba a caer tan facilmente.

- ¿Y no debería publicar una fotito?

- Taaa güeeeno. Aquí va:

jueves, abril 05, 2007

El segundo spangenhelm (8): Montando el yelmo con un par (de apriete)

Si, ya sé que dije que estaría un tiempo sin escribir porque me iba de vacaciones. Pero un estúpido esguince de tobillo, con guarnición de contusiones varias, me ha impedido ir a esquiar; así que mis muletas y yo aprovechamos para seguir con el blog.

Volvemos al tema del yelmo. Ya hemos dado forma a la chapa, ya la hemos planificado... es el momento de empezar a pensar en montarlo todo y ver qué tal va la cosa.

Lo primero que hay que hacer es taladrar los agujeros del marco a través de los que se remacharán las piezas.

Para eso, lo primero que hay que hacer es medir bien y marcar dónde van a ir todos los remaches, prestando especial atención a cómo remacharás en las esquinas para que los picos de los paneles triangulares queden bien fijos.

Lo segundo es volver a medirlo todo, y corregir los errores que has cometido midiendo la primera vez.

Después, habrá que hacer los taladros de una forma tan precisa como sea posible. Para hacerlo, yo he descubierto una herramienta fantástica, ya no puedo concebir hacer un taladro en una superficie dura sin ella. Es una especie de punzón automático (tiene un nombré más tésnico, pero lo he olvidado) Apoyas la punta en el punto en cuestión, aprietas un poco (se maneja con una sola mano) y un resorte hace rebotar la punta con fuerza, dejando una pequeña marca, justo lo suficiente para guiar una broca al principio del taladro.

Otro consejo interesante es emplear una broca un pelo más pequeña de lo necesario para los remaches. En esta fase, yo empleo una broca del 4, aunque los remaches van a necesitar una broca del 4,5. Esto sirve para dos cosas:

- para que al ampliar los agujeros con la broca definitiva desaparezcan casi todas las rebabas

- y porque todavía va a producirse cierta deformación del casco, y algún agujero va a tener que quedar un poco ovalado en algún momento. De esta forma, ese efecto desaparece con el taladrado definitivo.

Una vez has taladrado todo el marco, lo dejas bien fijado con tornillos y tuercas, procurando no arañarlo demasiado por fuera. Y ahora es cuando puedes ponerte con los triangulitos.

¡ESPERA! Que sepas que ésta es tu última oportunidad de ajustar un poco la forma del perímetro del casco para que encaje bien en tu cabeza (+cofia +almófar) Pasado este punto, empezamos a hablar de emplear el gato del coche, o de hacer realmente el bruto cuando los paneles ya están ajustados.

Por cierto, yo empleé la segunda opción (hacer el bruto) y conseguí unas agujetas muy curiosas.

En este punto, con los triángulos pueden pasar dos cosas. Que sean demasiado grandes y vaya a ser necesario rebajarlos un poco (eso es bueno) o que sean demasiado pequeños y no quede suficiente espacio para hacer los taladros (eso es malo, y además tenías que haberte dado cuenta hace tiempo).

- Espera, espera. También puede ser que hayan quedado justos, perfectamente recortados ¿no?
- No, eso no sucede. Por cierto, ¿sabéis todas las teorías sobre cómo diseñar los triangulitos? Olvidadlas, ¿vale? A ojímetro y que sobre. Y listo.

Es posible que haya que quitar algún tornillo del marco para colocar el panel en su sitio. Si os véis en esa tesitura... un momento no os lancéis. Quitad el tornillo, pero no taladréis todavía.

Lo que hay que hacer es sujetar cada triángulo en su sitio con un par de sargentas, y, a través de los agujeros, marcar todos los puntos con un rotulador, incluyendo los puntos donde no debería haber panel, porque sólo van los tornillos que sujetan el marco.

¡NO, QUIETO, SUELTA ESE TALADRO! Déjalo en la mesa, muy despacio, y pon las manos donde pueda verlas.

Asegúrate de que sobra bastante material por el borde para que el remachado quede fime. ¿Sí? Vale.

¿Ves los puntos donde has marcado los agujeros del marco a donde no debería llegar esta pieza? Vale, pues hay que cortar esa esquina, preferiblemente con algo que no deforme la pieza.

Si, exacto: la radial (engendro del demonio) Si hay que quitar mucho material, puedes usar un disco de cortar (aunque aviso de que se desgastan bastante en piezas ya formadas). Si es sólo algo cerca del borde, puedes usar un disco de desbastar en la radial (mutiladora implacable) o incluso una amoladora de banco. Eso sí, la amoladora, o al menos una lima, siempre te hará falta para eliminar las rebabas si usas una radial (infame desgarradora mecánica)

Una vez liberado ese espacio, vuelta a montar (y aprieta bien) los tornillos del marco, y vuelve a sujetar el panel en su sitio con las sargentas. Fíjate que los agujeros que marcaste coincidan (más o menos, tampoco tiene que ser a la décima de milímetro)

Y ahora es cuando haces un taladro. Sólo uno. Y siempre, a través del agujero que habías hecho antes en el marco.

Pasa un tornillo.

Apriétalo bien.

Ahora, taladra un agujero CONTIGUO.

Pasa otro tornillo, y apriétalo bien.

Y así, hasta que acabes con la pieza. De esta forma, el ultimo ajuste de la forma de la pieza, el que garantiza que todo encaje bien, se lo das sobre el mismo yelmo. Si empezaras, por ejemplo, por las esquinas, lo más probable es que quedaran huecos entre las piezas a media distancia.

Si todo ha salido bien, no podrás colocar el segundo triangulito, porque se solapará con el primero. El procedimiento es sencillo: marcas lo que sobra (en los dos) y lo eliminas por el mismo procedimiento de antes: o bien la radial (peligrosísimo y perverso cacharro) con el disco apropiado, o bien la amoladora.

Y así hasta que terminas de montar todo el invento. Bien apretadito, recuerda.

Si el yelmo está pensado para llevarlo con cofia y almófar, es posible que parezca algo grande a primera vista. Pero vamos, no es para asustarse.

Ahora. lo que hay que hacer es repasar bien todas las junturas. Si queda alguna holgura, hay que repasarla suavemente con un martillo, o casi mejor con una maza de nylon, para eliminarla.

Esto implicará quitar algunos tornillos, e incluso desmontar alguna pieza. No te preocupes, porque de hecho ahora vas a tener que desmontar el invento entero.

Con estos últimos repasos, algunos agujeros ya no estarán del todo bien alineados. De hecho, algún tornillo se resistirá bastante. Es ahora cuando tienes que repetir la operación de taladrado y apriete, esta vez con la broca definitiva.

Y ya casi hemos terminado de dar forma a la chapa. Sólo nos falta revisar que todos aquellos puntos en los que dos piezas deben quedar perfectamente al ras, están efectivamente al ras (¡Ja! ¡Ni de coña!) en mi caso los bordes del nasal y del marco. Y, si no lo están (que no lo estarán) trabajárselos un poco con una buena lima plana lo más basta posible hasta que te quedes a gusto. Por cierto, no lo he mencionado, pero el refuerzo del nasal que podéis ver en la foto también lleva un ratito de lija para ser perfectamente simétrico.

Y después de todo este curro, otra vez a desmontarlo todo para empezar el arduo proceso de lijado.

¡Ah! Se me olvidaba


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Vísteme despacio, que tengo prisa

Hasta el momento, llevábamos un total de 22 horas, que se quedan en 18,5 si descontamos el tiempo empleado inutilmente en artesanales callejones sin salida. A eso añadimos

- Medir y taladrar perímetro y marco: 2,25 horas
- Limar nasal y refuerzo para que queden simétricos: 1 hora
- Taladrar los paneles triangulares: 4 horas.
Si, hacer agujeros es lento. Sobre todo, cuando no se te da muy bien afilar brocas
- Rebajar bordes de los triángulos y nuevo montaje: 4 horas
- Repasar bordes para evitar holguras: 1 hora
- Taladro al 4,5 y apriete final: 2 horas

con lo que los nuevos acumulados son

TTL (Tiempo Total de Labor): 36,25 horas

CMOS
(Crono Menos Operaciones Superfluas): 32,75 horas

Empieza a asustar un poco, ¿no?
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viernes, marzo 09, 2007

El segundo spangenhelm (7): afilando las crestas

(Vaya, ahora que tengo el título, no sé si seguir hablando del casco, o si redactar un manifiesto anarcopunk. Bueno, este blog va de armaduras, así que tendré que restringirme al tema.)

Anteriormente ya os había contado que al nuevo spangenhelm le quería hacer una cresta por el nasal y la parte frontal, y que para hacerla se doblaba el metal a martillazos.

El problema es que el perfil que obtienes así es redondeado, como en la parte superior de la ilustración de aquí al lado.

Y lo que estamos buscando es más bien como el de la parte inferior, que no sólo queda más bonito, sino que además le da más rigidez al nasal (que, aunque no lo parezca, es el motivo de hacer estas cosas)

Así que ¿cómo conseguimos afilar la cresta?

- Pues hay quien habla de la laca Nelly, aunque también hay formas caseras, como el agua con azucar o la cerveza.
(Vaya por Dios, ya se me ha colado otro. Voy a tener que hablar con los tipos de blogger)
- ¿Y tu quién eres, y qué haces aquí con esas pintas, chaval?
- ¿No preguntabas cómo afilar la cresta? Pues eso, lo que yo te decía. ¡Hombre, hay quien usa huevo y un secador, pero luego hueles a tortilla de pelo...
- ¡Para, para! Que ya te he dicho que no, que no voy a escribir una soflama punk, que aquí estamos hablando de cascos medievales. Anda, pírate, que aquí no pintas nada.

Bueno, a lo que iba. Para poder afilar el crestado, hace falta usar como yunque algo relativamente afilado, y el resto... el resto es, exactamente, aplanar, sólo que primero un lado, y luego el otro.

Esto hay que hacerlo con cierta fuerza, aunque con cierta precaución: si se te va la mano, en lugar de afilar la cresta puedes acabar cortando la chapa, y a estas alturas, eso no te apetece nada, nada, nada.

Como puede apreciarse en la ilustración, la superficie sobre la que vas a trabajar va a tener que ser muy especialita para no ponerse en medio. Aún no tengo ninguna herramienta definitiva, por el momento tiro de un soporte de bola de remolque y (me ha dado mucho mejor resultado) el mango de una llave de tuercas de las de rueda de coche, cortado en ángulo recto. Pero todo eso es provisional, tengo en mente un par de trucos que ya os contaré.

- ¡Ahí, ahí, todo es provisional, nada en esta sociedad autodestructiva puede durar mucho!
- Tronco, que ya te he dicho que no es el tema. Y quita esa música, y lárgate, narices. ¡Espera! ¿De dónde has sacado esa cinta de los Exploited? ¡Trae para acá ahora mismo, tío chorizo, que esa cinta es mía!
(¡Estas nuevas generaciones no respetan ni los grandes clásicos de la música!)


Hasta aquí, la cosa es sencilla, porque estamos afilando la cresta en un único punto. Pero hacer la línea, y que quede recta... eso es más chungo.

En la ilustración podéis ver el comienzo del afilado, ahí sólo esta afilada la parte más baja del nasal. En la parte recta es casi hasta fácil, cuando llega la curva, hay que ser muy, pero que muy preciso con los martillazos. Y, aún así, a falta de un yunque de una forma realmente adecuada, la deformación de la pieza puede ser importante.

- Deformación, eso es lo que ocurre, todo está deformado por los intereses multinacionales en una cultura consumista.
- ¡Fuera! ¡Vamos, fuera de aquí, y que no te lo tenga que repetir!

Así que, después de afilar las crestas, enderezas la pieza, vuelves a afilar la cresta porque ha perdido nitidez al enderezarla, vuelves a enderezarla porque ha vuelto a deformarse... y así hasta que te das por satisfecho. Tampoco nos pongamos paranoicos: el borde definitivo se lo daremos al lijar.

En la imagen se aprecian las crestas tanto del marco como del refuerzo del nasal. Si ampliais la imagen, podréis ver que el borde queda bastante nítido, y que, por otra parte, el metal ha sufrido bastante a martillazos. Eso si, un nasal crestado no se va a hundir fácilmente de un golpe. Puede que se tuerza hacia los lados, pero hundirse... no veáis lo fuerte que queda eso.

Y con esto damos por terminada la fase de planificado. La siguiente fase va a consistir en darle la forma final, sobre todo teniendo en cuenta que, durante el planificado, todo se ha deformado considerablemente. Eso sí, ya podemos calcular los tiempos acumulados:

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Vísteme despacio, que tengo prisa

Hasta el momento, llevábamos un total de 15,75 horas. Si descontábamos el trabajo inútil que hubo que tirar a la basura, se quedaban en 12,25 horas. A eso añadimos

- Planificar los cuatro triángulos: 3 horas.
- Planificar la tira perimetral: 1,5 horas.
- Planificar cruz (sin cresta ni nasal): 1 hora.
- Planificado y afilado de crestas de la cruz y el nasal: 0,75 horas.

con lo que los nuevos acumulados son

TTL (Tiempo Total de Labor): 22 horas

CMOS
(Crono Menos Operaciones Superfluas): 18,5 horas

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Y con esto nos despedimos hasta la próxima entrega, que creo que no versará sobre el tratamiento de chapa, sino sobre alguna otra cosilla que tengo en curso.

- Ejem...
- ¿Pero todavía sigues aquí? A ver, qué quieres, que estoy cerrando.
- ¿Te importa si pongo una pegatina reivindicativa? Andaaa, porfiiii...
- ¿Una pegatina? ¿Pero, de qué vas, tronco?
- Si, mira, ésta. Venga, tío, enróllate
- Me arrepentiré de esto, pero venga. Date prisa, anda.

miércoles, febrero 21, 2007

El segundo spangenhelm (6): planificando la chapa

Seguimos con las entregas ladrillo. Hasta ahora, hemos dado una forma más o menos burda a las piezas. ¡Ah, por cierto! Seguimos acumulando tiempos, y no hemos hecho más que empezar:

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Vísteme despacio, que tengo prisa

La cosa iba por 4,5 horas. A partir de ahí:

-Forma inicial de la cruz y agujeros básicos: 1,5 horas
-Forma delicada de todo el marco: 1,5 horas
-Corte y limado de nasal: 0,5 horas (ya hablaremos de este amigo)
-Corte y limado de los triángulos: 0,75 horas
-Limpieza de óxido de los triángulos a golpe de scotch brite: 0,75 horas
-Dar forma al nasal: 0,5 horas
-Dar forma a uno de los paneles triangulares: 0,5 horas
-Darse cuenta de que los paneles te han quedado pequeños: no tiene precio
-Corte y limado de los nuevos triángulos: 0,75 horas
-Dar forma básica a los cuatro nuevos triángulos: 4,5 horas

En total, y para ir llevando claros los tiempos, los acumulados quedan como

TTL (Tiempo Total de Labor): 15,75 horas

CMOS
(Crono Menos Operaciones Superfluas): 12,25 horas

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- Oiga, ¿se da cuenta de que desperdicia como la cuarta parte del tiempo de trabajo haciendo cosas mal?
- Si, soy perfectamente consciente, pero gracias por señalarlo


Vale, tenemos unas cuantas piezas de chapa más o menos abolladas. ¿Ahora qué?

Pues ahora vamos a proceder a su planificado (planishing) que se descompone en dos fases: desabollar (bouging) y aplanar (planishing)

- Oiga, pero en inglés sale dos veces el mismo término, y usted lo ha traducido de formas distintas.
- Pues sí ¿qué pasa? Y al último 'planishing' no lo llamo compresión de milagro.

La primera fase es sencilla. La chapa estará llena de trozos que sobresalen sobre la superficie, o que se hunden en la misma. Coges el martillo, y, sobre la misma superficie de hundir o de elevar previamente utilizada, les vas dando candela para que queden bien ajustados a la superficie. Lógicamente, golpeas desde fuera o desde dentro según lo que haya que corregir.

Aquí es una buena ayuda mirar bien la pieza a la luz, e ir marcando con un rotulador las partes a tratar. Yo suelo rodear con una línea continua aquellas que sobresalen demasiado, y discontinua si están demasiado hundidas.

- Oiga, ¿y eso se marca siempre así?
- No, cada cual es libre de marcarlo o no como le venga en gana.
(¿De dónde habrá salido el tipo pesao éste que habla en azul?)

Y así continúas hasta que la cosa es lo bastante uniforme como para decir: ya no puedo seguir alisando con estas herramientas.

Y ahora a aplanar.

Para aplanar te hace falta un martillo de cabeza lisa, y más bien tirando a pesado. En su momento yo lo intenté con un martillo de chapista, pero no es buena idea (no para metal tan gordo)

Para este segundo spangenhelm, yo estoy usando un martillo de mecánico de 560 gramos (lo ponía en la etiqueta). En la foto podéis ver el martillo tal como era de nuevo. Se puede apreciar que el borde, a pesar de estar biselado, tiene unas aristas que tienen todas las papeletas de acabar perfectamente grabadas en la chapa sobre la que te vas a poner a trabajar, y tu no quieres eso. No no no.

- Bueno, pero si da los golpes con el martillo bien agarrado, no se marcará, ¿no?
- Pues no, pero es que a partir del martillazo número 300 el pulso no es tan fino. A la larga, siempre das algún golpe un poco torcido


Así que habrá que darle una lijadita para eliminar las aristas. Ya sabes: amoladora de banco, y el método de lijado y pulido que más rabia te dé, con cuidado, eso si, de no estropear la superficie plana.

- ¿No ha dicho que sin estropear la superficie plana? ¿Es normal lo de esas marcas en mitad del martillo?
- Lo cierto es que estuve un poco manazas. Bueno, las marcas apenas se notan al tacto y no dejan huella en la chapa, así que decidí dejarlas correr.
(Este tipo está empezando a caerme gordo)

La verdad es que me sorprendió un pelín lo fácil que se marcó un Irimo, con apenas un suave roce de la lija. Podría eliminar la marca dándole una buena lijada a toda la superficie y puliéndola de nuevo, pero no merece la pena.


En fin, que ya tienes el martillo y la pieza a trabajar. ¿Encima de qué yunque?

Pues para esto utilizamos a nuestra vieja amiga la bola de remolque, bien sujeta a una mordaza. Sí, también tengo un proyecto de mejora para ella, pero por el momento es lo que hay.

- Oiga, oiga. Que las bolas de remolque no tienen una superficie suave, que las he visto yo cuando voy de camping a Benidorm, y tienen encima un circulito que es plano y tiene aristas.
- Yes, I know. Hay que eliminar esas aristas con la amoladora y pulir un poco la superficie. Queda una curva realmente fantástica para lo que queremos.

Por cierto, que a nadie se le ocurra hacer caso a la foto y dar martillazos sobre el parquet del salón. Esa mordaza va encima de un tocón, todo ello en el suelo de hormigón del garaje.

De nuevo, a mi me resulta más cómodo pintar en la pieza unas cuantas líneas con rotulador para que me guien, y saber por dónde voy.

Los golpes hay que darlos con cierta puntería. La pieza debe estar apoyada en la stake (la bola de remolque) justo en el mismo punto en que vamos a
dar el martillazo

- Ya claro, decirlo es muy fácil. Pero cuando la chapa está tapando la bola ¿cómo sabe si está dando bien los martillazos? ¿eh?
- Pues por el sonido. Si suena "ting" es que le has pillado bien. Si suena "clonk" es que le estás dando mal. Y por cierto, ¿usted quién es y qué hace en mi blog?

Así vas dando golpes, muchos cientos, tal vez miles de golpes para un solo panel del spangenhelm, hasta que te queda una superficie multifacetada, un mosaico de pequeñas superficies planas que empieza a reflejar las cosas y que no las distorsiona en exceso.

De hecho, ese es el método para saber si has terminado con el planificado. Tienes que mover la pieza frente a ti, de forma que refleje algo (por ejemplo, tu cara) y moverla para ver si el reflejo se mantiene más o menos uniforme. Si es así, estupendo, si no... habrá que volver a desabollar y aplanar, pero que no cunda el pánico: es mucho más sencillo corregir los errores que empezar de cero.

- Y todo eso del aplanado, ¿para qué sirve exactamente, eh? A mi me parece que después de desabollar, la cosa ya estaba lista para lijar.
(Este tipo me está poniendo nerviosito)
- Pues sirve para tres cosas: para facilitar el lijado, para evitar que el lijado se tenga que llevar demasiado material, y, sobre todo, para endurecer el hierro.
- ¿Ein?

Lo de facilitar el lijado es sencillo: cuanto más lisa sea la superficie para empezar, menos habrá que lijar para que quede lisa del todo. Cada minuto empleado en aplanar ahorrará cinco de lijado.

Como corolario de lo anterior, el lijado será más superficial. Habrá que comerse menos material, con lo que el resultado será una chapa más resistente.

- ¡Buah! ¡Ya será menos! ¡Ni que eso fuera a notarse!
- Pues ríase usted, pero milímetro y medio de espesor ya es una chapa considerablemente gruesa para una pieza de armadura. Comerse con la lija dos o tres décimas de milímetro más o menos es un porcentaje tremendo.
- Vale, vale, acepto pulpo, pero lo que no cuela es eso de endurecer el hierro.

Cuando estás trabajando con hierrajo (o con el acero extremadamente pobre en carbono que hoy en día se vende bajo el nombre de hierro o mild steel) lo primero que descubres es que es sorprendentemente dúctil y fácil de trabajar. Hasta que le has dado una buena tunda de martillazos, y descubres que el metal se te está poniendo chulo.

Eso es porque, a base de golpes, has comprimido las moléculas del metal unas contra otras, creando una serie de tensiones internas que endurecen la pieza.

Eso es malo si quieres seguir dándole formas más raras, porque te hace falta normalizar la pieza para liberar esas tensiones y que vuelva a ser manejable.

- ¿Normalizar? ¿Qué es eso?
- La calientas hasta que está al rojo, y la dejas enfriar muy poco a poco. Así se ablandan los metales férricos.
- Ah, vale

El caso es que, para darle un buen acabado a una pieza de hierro, es deseable endurecerla un poco. Dado que al hierro común se la trae al fresco un tratamiento térmico que no incluya contaminarlo con carbono, el endurecido a martillazos es muy deseable.

- Pues menudo rollo gratuito, tío pedante. Vale, hay que darle de martillazos, ¿y eso qué diferencia implica? Lo dejas liso, y ya está, toda esa charla sobraba
- Pues hay dos diferencias: que los martillazos tienen que ser lo bastante fuertes para comprimir bien la chapa, y que también hay que hacerlo con las piezas curvadas que ya eran lisas, aunque sólo sea para endurecerlas. Es decir, en el caso del spangenhelm, hay que aplanar también el marco, aunque en su momento quedó bastante liso

Estamos a punto de acabar con esta serie sobre cómo dar forma a la chapa. Por el momento, diremos que el planificado se va a cargar la forma que habíamos dado antes, y que será necesario hacer dos o tres correcciones iterativas (dar fomar - planificar - dar forma) hasta conseguir que las piezas cuadren realmente bien.

Y además, nos queda explicar cómo afilar la cresta del nasal, algo que también se hace en fase de aplanado.

Pero todo eso tendrá que esperar al siguiente post.

- Oiga, oiga, listillo, no tan deprisa. Venga usted pa'cá.
- ¿Quién, yo? No, si yo ya me iba...
- Ya, ya. ¿Ve usted esta espada? ¿Sabe lo que significa la expresión "eviscerar con extrema saña"?
- ¿Eviscequé? ¿Qué quieAAAAAAARRRRRGGGGHH!

lunes, febrero 12, 2007

El segundo spangenhelm (5): dar forma a los paneles triangulares

Y por fin llegamos a la miga. Va a ser un poco ladrilloso, y demasiado serio; pero prometo enmendarme en cuanto acabe con esta serie sobre el moldeo de la chapa. Vamos directos al lío.

Existen dos técnicas para dar un aspecto abombado a una chapa a base de martillazos: dishing y raising. Y yo las voy a traducir, respectivamente, por hundir y elevar.

¿Cómo, que la traducción no es correcta? De acuerdo, aceptaré humildemente que alguien me proporcione el correcto término técnico en castellano, pero no voy a decir darformadeplato, ¿vale?

Ambas técnicas son poco más o menos, equivalentes; aunque ya veremos que hay ciertas variaciones en el resultado. Hundir es, probablemente, lo más utilizado hoy en día, mientras que en el medievo, seguramente casi todo se hacía elevado.


Hundir la chapa

Para hundir la chapa, lo primero que necesitas es un sitio donde hacerlo. No idiota, no me refiero a un taller, sino a una superficie de trabajo adecuada sobre la que trabajar. Una superficie cóncava sobre la que colocarás la chapa y te liarás a martillazos.

En función de la superficie donde trabajes, existen dos técnicas para hundir la chapa: en el aire, o apoyando sobre la superficie.

En el aire es cuando la superficie de trabajo es más honda que la forma que buscas. En ese caso, tienes que andarte con ojo de no pasarte, y la superficie resultante quedará, en cualquier caso, bastante irregular.

Lo ideal es trabajar siempre sobre una superficie, si no de la misma, sí al menos de una curvatura lo más cercana posible a la forma que buscas, de forma que puedas acabar con la chapa apoyada sobre la superficie. De hecho, así incluso te puedes ahorrar el paso de aplanado del que hablaremos en algún futuro post.

Pero claro, disponer de una superficie idéntica a lo que necesitas es un lujo que rara vez se da.

Yo trabajo sobre un tocón de encina, al que en su momento hice varios ahuecados de diferentes curvaturas. De hecho, incluso cuando trabajas con mucha curva, no es mala idea empezar por un hueco de menos profundidad e ir subiendo. ¡Ah! y por lo general utilizo un pesadísimo martillo de alrededor de kilo y medio que también modifiqué en su momento, claro que eso es para la gordísima chapa que forma un yelmo, chapa más fina requeriría un martillo más ligero. Por cierto, hablando de martillos, esta página es de lo más instructiva.


Elevar la chapa

Esta técnica es justo la simétrica: apoyas la pieza en algo que sobresale, y la vas golpeando alrededor.

Igual que en caso anterior, es mucho mejor si dispones de una superficie de trabajo de la forma exacta, pero también se puede hacer en el aire

Esta técnica es algo más difícil, pero es la única alternativa viable para algunos diseños complicados.

¿Y en qué decíamos que se diferenciaba el resultado de estas técnicas? Pues bien, se supone que hundir la chapa da como resultado una pieza con el metal más delgado, mientras que al elevarla consigues metal más grueso.

¿Cómo que no entiendes por qué? Te lo voy a explicar con unos ejemplos.

Hundir: Agarra un globo. Que sea de color amarillo (el color en realidad no es importante, es un capricho) Ponlo al transluz y míralo bien. Ahora ínflalo, y vuelve a mirarlo al transluz. El material del borde no ha sufrido ninguna variación. Pero gran parte de la goma se ha estirado. Y donde antes había un amarillo perfectamente opaco, ahora hay una superficie translúcida. Eso se debe a que el material se ha estirado, y para hacerlo, tiene que volverse más fino.

Ya te veo venir. Piensas que eso mismo va a pasar al elevar, ¿verdad?

Pilla un botellín de lo que más te apetezca tomarte (y a mi me pones una birra, gracias). Ábrelo con mucho cuidado. Bébete lo que haya dentro, y, entre trago y trago, observa de cerca el tapón de chapa.

Más de cerca.

Exacto. Está arrugado.

Si pones una chapa redonda sobre una superficie sólida y redonda, pero algo más pequeña, y aplastas los bordes hacia abajo a martillazos, estás haciendo dos cosas: elevar la chapa y fabricar algo parecido a un tapón de corona. El metal de los bordes alcanzaba un diámetro superior en su forma anterior, así que, en el tapón de un botellín, se va plegando hacia dentro y hacia fuera, dándole la característica forma de corona, porque en alguna parte hay que meter todo ese material sobrante. Cuando trabajas uniformemente a martillazos, haces lo mismo, sólo que, en lugar de crear una corona, el metal se va comprimiendo y aumenta de grosor.

Eso al menos es lo que dice la teoría. Claro que en una pieza de este tamaño y curvatura, la diferencia no se va a preciar fácilmente si no es con un calibre láser, así que te da poco más o menos igual.

Por cierto, la forma de dar los martillazos se supone que es distinta en ambas técnicas. En los dos casos se debe trabajar en espiral, dando martillazos uniformes, pero, al hundir, se trabaja de fuera hacia dentro; y al elevar, se trabaja de dentro hacia afuera. La idea es que así se fuerza menos la chapa y es menos probable acabar rompiéndola, bien sea por haberla estirado demasiado, o por haberla arrugado más allá de su resistencia. Pero en esto hay escuelas, la verdad. Por lo poco que yo sé, recomiendo probar ambas y quedarte con la dirección que te resulte más cómoda.

- Y entonces, ¿qué hay que hacer, hundir o elevar?

Pues allá cada cual. Yo, personalmente, básicamente trabajo hundiendo, y ayudándome de vez en cuando elevando algún punto que se resiste más de la cuenta. Pero claro, hay que tener en cuenta que aún no me he hecho [con] las herramientas adecuadas, sobre todo el martillo de elevar.


Vaale, ya va. Los triangulitos.


Para hacer los paneles triangulares, a mi me gusta empezar curvando un poco el panel. En realidad no es en absoluto necesario, pero así no tienes que hundir demasiado el borde inferior, y te ahorras endezarlo más tarde.

La magnífica herramienta para curvarlo es un muy sofisticado trozo de tubo, mis 80 kilos apoyados en la chapa para un primer curvado, y una rápida pasada por el mazo de nylon para darle una forma más aceptable.

El tubo dista mucho de ser una herramienta ideal, aunque su mutación en una magnífica stake ya está en fase de diseño avanzado.

Aquí podéis ver el principio de la primera pasada de hundido, en la vuelta más externa de la espiral. Si ampliais la foto, veréis dos cosas:

- Que el centro aún está plano, tal y como era de esperar.

- Que el borde ha quedado arrugado, formando pliegues.

Es muy importante que no permitáis que ocurra esto (lo cierto es que no deberíais llegar al extremo de la foto, yo dejé aposta que ocurriera para poder sacar la foto)

Si permitís que estos pliegues se formen y no los aplanáis inmediatamente, es fácil que el metal se acabe rajando por los mismos según sigáis dándole forma. Palabra que ocurre.

Para evitar estas arrugas, no hace falta ningún despliegue de medios extraordinario. Sólo hay que apoyar el borde sobre una superficie plana (yo utilizo la parte sin ahuecar del tocón), e ir golpeándolo suavemente con el mismo martillo, de forma que los golpes se solapen bien entre si, y justo en el borde del metal.

En la foto tenéis el mismo panel de antes, sin más modificación que esa pasada para alisar el borde. Hay diferencia, ¿verdad?

Después no hay más que seguir dándole vueltas a la espiral, hasta llegar al centro del panel.

En la foto de al lado está el mismo panel, una o dos vueltas más tarde.

Ampliando la imagen, se puede apreciar que la parte plana es mucho más pequeña, y que se me ha arrugado un poco el borde, la verdad.

Cada vuelta de la espiral se puede llevar... no sé, 50, 100, ó 150 martillazos para la vuelta más externa, cada vez menos según vas cerrando. La espiral completa necesitará unas cinco vueltas.

Pero no os creáis que con eso ya está completo el hundido del panel.

Aquí tenéis el panel tras completar la espiral.

Por lo general, una única pasada no va a ser suficiente, y va a ser necesario repetirla varias veces hasta lograr una curvatura suficiente.

En mi caso, después de darle tres pasadas, decidí que ya era bastante. Sin embargo, mucho me temo que voy a tener que dar alguna más, una vez ajustado al marco me da la impresión de que me quedé algo escaso.

El panel tiene suficiente curvatura cuando lo colocas en su posición en el marco del spangenhelm, y, por muchas vueltas que le des, sigue formando una única curva suave con la forma del marco, con un perfil suave y elegante. Si queda demasiado aplanado, malo.

Claro, que, para que encaje bien en el marco, no basta con el proceso de hundido. Una vez lo has hundido más o menos lo suficiente, tienes que ir ajustándolo a su forma definitiva, y eso es lo más dificil.

Para ese ajuste, se trabaja básicamente sobre la curvatura de los bordes del panel. No hay muchos secretos: o lo curvas más, o lo curvas menos.

Yo tiendo a curvarlos todos de más, para luego partir de un vértice (el de arriba) e ir enderezando los dos lados hasta que va ajustando.

Para enderezar el borde, empleo un borde del tocón, en el que apoyo el borde de la chapa, de forma que quede en el aire justo la zona cuya curvatura quiero disminuir.

Se le dan unos suavísimos golpes con la maza de nylon en la parte más elevada, y listo.

De todas formas, este es un proceso iterativo. Cuando llegas abajo, te das cuenta de que la curvatura del borde inferior ni se parece a la que necesitas, así que la corriges... y entonces el panel deja de ajustar a los lados.

Que no cunda el pánico: otra pasada, y así hasta que el panel encaje más o menos bien en el marco.

No es necesario que el encaje sea absolutamente perfecto, ya que en la siguiente fase (alisado de la chapa) vamos a volver a deformarlo un poco, pero es importante que ajuste lo mejor posible, ya que, si no, más tarde nos las veremos negras para que ajuste bien sin cargarnos el alisado.

Del alisado nos encargaremos en otro post. Mientras tanto, si alguno de mis lectores conoce un método mejor de conseguir que los paneles triangulares encajen bien en el spangenhelm, por favor, desde aquí suplico su caridad y su ayuda. La más mínima aportación será bienvenida, porque de verdad que estoy hasta las narices de dar pasada tras pasada y no conseguir nunca el ajuste perfecto de mis sueños. ¡¡Socorro!!

miércoles, febrero 07, 2007

El segundo spangenhelm (4): Dando forma a la cruz

En la anterior entrada, ya hablamos sobre cómo se debe curvar la chapa. En esta entrada vamos a continuar con la muy aventurada tendencia a entrar en detalles sobre cómo hacer las cosas (cada vez me arrepiento más de haberme lanzado a esta espiral de exposición de mi ignorancia)

Para dar forma a la cruz de este spangenhelm, además de las técnicas de curvado básicas en las tiras del yelmo, vamos a necesitar realizar un bisel a lo largo de toda la tira central, y vamos a tener que dar una forma claramente convexa al extremo redondo de la cruz.

Y aquí es donde empezamos a hacerle cosas feas a la terminología. La bibliografía guiri suele denominar a ese bisel crest, término que no hace falta ser un experto en lengua inglesa para traducir como cresta. En este caso, podemos aceptar barco, y llamarlo cresta.

Esa forma convexa suele ser denominada domed. La traducción directa me parece más bien italiano, así que voy a proponer abombado o simplemente convexo.

Lo más sencillo es la cresta. Para lograrla hay dos alternativa: curvas primero la chapa y luego haces la cresta; o haces primero la cresta, y luego curvas la chapa. Y no, no tiene sentido hacerlo todo a la vez; desde luego, no a martillazos.

La primera opción es más complicada y requiere herramientas más especializadas (unas stakes específicas, término que sigue sin gustarme traducir por estacas)

Como el armero incipiente tiene que apañarse con menos medios que McGiver, la segunda opción resulta más simple: sólo hace falta un tornillo de banco y un mazo de nylon.

Aunque en la foto ya esté curvado, es sólo porque no me acordé de sacar la foto antes de curvar. Colocas la pieza a crestar en el tornillo, de forma que sobresalga justo, justo la línea por la que pretendes doblarla.

Aprietas el tornillo bien firme.

Agarras el mazo con una mano.

¡Zumba, zumba, zumba!

Los zumba deben ser uniformes tanto en fuerza como en distribución para que la chapa que sobresale quede doblada adecuadamente.

Desplazas la pieza más allá, y repites.

Y ESTO ES MUY IMPORTANTE: le das la vuelta, y repites la operación del otro lado. Es decir, el lado que antes amartillaste, queda pillado por el tornillo, y ahora amartillas sobre lo que antes estaba sujeto. De esta forma, la cresta queda bien simétrica. Lógicamente, esto implica que, en la primera pasada, no le has dado todo el ángulo que querías, sino tan solo la mitad.

Lo siguiente es curvarlo, tal como habíamos contado antes, pero por mitades. Primero curvas a un lado del bisel, y luego al otro. No es conveniente hacerlo a todo lo largo, porque tendería a enroscarse como un sacacorchos, es mejor curvar sólo un par de centímetros de un lado, seguir por el otro, y así.

Después habrá que aplanar la pieza, pero eso ya lo contaré más adelante, porque aún no lo he hecho para este nasal biselado.

Y ahora viene la madre del cordero. Dar una forma abombada a un trozo de chapa. Lo que voy a contar al respecto vale para el extremo de la cruz del marco, vale para los paneles triangulares del spangenhelm, vale para una coraza del siglo XIV, y hasta vale para una antena parabólica doméstica.

Y como aún estoy reuniendo el valor necesario para enfrentarme al probable aluvión de críticas por publicar un tutorial al respecto sin tener ni fuñetera, lo voy a dejar para otro día.

miércoles, enero 31, 2007

El segundo spangenhelm (3): ¿Qué forma tiene tu cabeza?

Sé que me estoy metiendo en camisa de once varas, pero voy a empezar con unos pocos tutoriales más o menos detallados sobre los métodos de dar forma a la chapa.

Eso sí, antes de nada, leed atentamente las condiciones de mi

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Desclamador

Soy un novato casi absoluto en estas lides. La información de estas entradas es, básicamente, una remezcla de diferentes fuentes documentales, y de mi escasa experiencia. A mi me van dando cierto resultado, pero seguro que dentro de un par de meses me parecerán auténticas barbaridades.

Sólo me atrevo a entrar en tanto detalle porque no parece haber fuentes de información en castellano, y además algunos inconscientes me lo han pedido.
Como toda la terminología la voy a ir traduciendo del inglés, voy a tener que tomarme ciertas libertades con ella.
De hecho, me voy a tomar tantas libertades, que si la terminología fuera una señorita, me daría un bofetón y me denunciaría por acoso. Menos mal que la terminología es un poco casquivana, y se deja manosear por cualquiera. Eso sí, si alguien quiere portarse como un caballero y salir en defensa de su honor, estaré encantado de que me indiquen las correcciones apropiadas.
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En esta entrada vamos a hablar de cómo se da forma al perímetro del spangenhelm. Lo cierto es que las entradas están algo desordenadas, esto habría que hacerlo antes de hacer los paneles triangulares, para así tomar correctamente sus medidas.

Lo primero que hay que hacer es preparar la forma de la tira perimetral. Para hacerlo, ayuda mucho preparar una plantilla con la forma que queremos obtener, a tamaño real, y así poder comparar la pieza para ver si se ajusta.

No cometas el error de pensar que tu cabeza es redonda. Si tu cabeza fuera redonda, serías un chupachups o una farola. Y, ni sabes a fresa, ni das luz de noche.

Aunque se pueden comprar (no sé dónde) unas plantillas de lo más perfectas, con unas antropometrías fabulosas, para hacer un yelmo, que encima va sobre un acolchado, no hace falta exagerar demasiado. Básicamente, debería ser suficiente con una elipse.

Para medirte la cabeza, a menos que tengas un calibre realmente enorme, te va a hacer falta que alguien te ayude. Si colocas dos listones (reglas, palos, libros, cosos rectos, hasta dedos) verticales, uno a cada lado de tu cabeza, la medida entre ellos será el eje corto de la elipse. Si haces lo mismo con uno en la frente y otro en el cogote, tendrás el eje largo de la elipse.

Vale, ahora tacha esas medidas, ponte la cofia y el almófar, y vuelve a tomar esas medidas.

Mejor ¿verdad?

Bueno, pues vuelve a tacharlas, porque aún te queda añadir el espesor de todo el interior de cuero que quieras meter dentro del casco.

En mi caso, estas medidas son, poco más o menos, 20,5 y 23cm respectivamente.

Menos cachondeo, coño.

Lo siguiente es dibujar la elipse en la cartulina en que harás la plantilla. ¡Ah! ¿que no sabes dibujar una elipse? ¡Qué vergüenza! ¡De letras tenías que ser!

Una elipse se puede dibujar con el llamado método del jardinero. Si fijas un cordón a dos puntos (denominados focos de la elipse), y con la punta de un lápiz mantienes estirado el cordón, lo que va a dibujar esa punta del lápiz es una elipse.

Pero claro, los datos que tenemos es la longitud de los ejes de la elipse, no la distancia entre los focos, ni la longitud del cordel.

Si te lo quieres pensar, te recordaré que la ecuación de la elipse es:

(x2/a2) + (y2/b2) = 1

donde a es la mitad del eje largo, y b la mitad del eje corto.

¿Ya te has rendido? Vale, pues te diré que el cordón en cuestión mide lo mismo que el eje más largo. Te podría contar que los focos se pueden encontrar con el teorema de pitágoras, pero ¿para qué? Si dibujas los dos ejes, con un compas, haciendo centro en el extremo del eje corto, y con radio a, la intersección con el eje largo te da los dos focos de la elipse.

Y por supuesto, tienes el otro método para dibujar la plantilla: más o menos a ojo. Que no tiene por qué ser menos ajustado a tu cabeza que el otro, la verdad.

Y si encima te ayudas con una plantilla de curvas, pues para qué contarte. Y es que cuando uno desentierra su material de dibujo técnico, desentierra mucho material.

Para darle forma a la tira perimetral, lo único que hace falta es curvarla. No es demasiado complicado, puedes hacerlo con las manos y apoyándolo sobre tu propia cabeza, todo excepto los bordes.

Para terminar de curvar los bordes, te hace falta, o bien un tubo gordo, o bien una superficie plana y sólida. Y un martillo, claro.

Curvar la chapa sobre un tubo es relativamente sencillo. No hay más que sujetar la chapa sobre el tubo en el punto en que quieres curvarla, y golpear con el martillo justo un poco más allá.

Tienes que amartillar uniformemente a todo lo ancho de la tira que vayas a curvar, de forma que los martillazos se solapen unos sobre otros, antes de desplazar la pieza y seguir un poco más allá. Más o menos como si construyeras un muro de ladrillos con el martillo, y con cuidado de golpear siempre uniformemente.

El mejor martillo para hacer esto es una maza de nylon lo más pesada posible. Hay unas fabulosas, que tienen la cabeza metálica y pesada, y sólo los extremos de nylon (o de cobre, que también tiene que estar muy bien, pero eso no lo he probado) También vale un martillo metálico de abombar, pero deja muchas más marcas en la chapa.

Existe un segundo método para curvar la chapa. Es más o menos equivalente, a mi en particular me resulta un poco más cómodo, pero ahí ya cada cual.

Apoyas la chapa en una superficie sólida, como un yunque. Si trabajas con hierro en frío, no te hace falta ningún despliegue extraordinario de medios: te sirve con un tocón de encina.

Sujetando firmemente la chapa, vas golpeando justo al lado del punto de apoyo de la chapa. Y así poco a poco, desplazando la chapa.

Según le vas dando forma, lo tienes que ir comparando frecuentemente con la plantilla, hasta que al final encaje bien en el patrón.

En el caso de la tira perimetral del spangenhelm, es importante que los bordes queden perfectamente enfrentados, sin necesidad de ejercer ninguna presión, prácticamente tocándose.

sábado, enero 27, 2007

El segundo spangenhelm (2): La batalla del triangulito

Empezaremos por explicar el método empleado para diseñar los paneles triangulares de este nuevo spangenhelm. ¿Cómo dices? ¿Que eso ya lo había explicado antes? Bueno, digamos que había un par de errorcillos de concepto.

Efectivamente, empiezas por tomar las medidas de cada uno de los tres lados del panel. Asegurándote de que la cinta métrica va bien pegada al metal del marco, eso si.

¡Ojo! en este tipo de yelmo, los paneles delanteros van a ser algo distintos a los traseros (no como en el otro)

Primero trazas la base, eso no es problema. Desde los vértices de la base, con un compás, localizas más o menos, el punto donde irá el vértice superior, empleando la longitud de cada uno de los otros lados como radio.

¿Por qué digo más o menos? Pues porque la longitud que has tomado no se corresponde a una recta (que es lo que te da el compás) sino a una curva. Digamos que el punto obtenido va a estar inmediatamente por encima del vértice real.

Para dibujar los lados, y hacerlo de la medida correcta, yo utilicé una regla flexible que rescaté de mi antiguo material de dibujo técnico (¡cuantas manchas de tinta china habrá esparcido esa regla por mis láminas!)

Lo bonito de emplear algo así, es que puedes controlar bastante bien el ángulo de los vértices, que en los tres casos tiene que ser recto. ¿Cómo? ¿que los lados de un triángulo tienen que sumar 180º? Eso es en geometría Euclídea, ahora estamos hablando de geometría elíptica (¡toma ya, lo que sé decir!)


¿Habéis visto qué método tan científico para diseñar unos paneles extremadamente exactos para el spangenhelm?

Vale, pues ahora os explicaré por qué NO funciona.


Tesis: los paneles creados por este método quedan demasiado pequeños.

Demostración: los cuatro ceniceros de diseño (triangulares y de hierro) que le van a caer por su próximo cumpleaños al amigo fumador más cercano.


No había tenido en cuenta los efectos de la deformación que sufre la pieza cuando te lías a martillazos con ella. Cuando estás abombando los paneles, todo ese metal que se desplaza sale de alguna parte. Y si, esa parte es el perímetro.

¿Cuántas veces voy a tener que escribir que es mejor dejar metal de sobra y limarlo después? ¡Si es que parece que no me hago caso!

¿Significa eso que tenemos que tirar todo el método a la basura? No necesariamente. Tan sólo tenemos que modificar ligeramente el patrón, prolongando los lados hacia abajo un centímetro o dos.

Eso nos dará suficiente juego para poder ajustar todo el panel: si queda demasiado estrecho, se coloca un poco más arriba, y listo. Puede que sea necesario cortar la punta, pero eso es recomendable en cualquier caso: tu no quieres dejar esas puntas afiladas justo encima de tu cabeza, en la parte de dentro de algo que va a recibir golpes.

¡Ah! tampoco está de más dar algo de curva (convexa) al borde inferior; aunque no es estrictamente necesario, ayuda a que no quede demasiado picudo.

martes, enero 02, 2007

El segundo spangenhelm (1): Mejorando lo presente

No pensaríais que esto había terminado, ¿verdad? Parece el título de una peli de terror de los 80: El regreso del spangen del espacio exterior

Como ya comenté, el primer casco me salió un pelín pequeño. Vamos, que con cofia, almófar, relleno de cuero, y el cabezón que me adorna; no entra ni con jabón.

Así que, entre recurrir a una tribu de jíbaros y hacer otro yelmo, me he decidido finalmente por lo segundo. ¡Manos a la obra!

El primer paso va a ser realizar algunos cambios en el diseño. Lo primero, el perímetro: 71,5 cm, nada menos. (Te estoy viendo, borra esa sonrisa de tu boca, tampoco es tanto con la cofia puesta, hombre) Para haceros una idea, el anterior medía 2,5 cm menos.

Aparte de ser más grande, quiero que sea un poco más puntiagudo (aunque sin pasarse, no me gusta terminado casi en pico) Como el cruce de las dos bandas en el extremo del yelmo hace que quede un pequeño hueco con las placas triangulares, quiero además cortar las dos bandas en una sola pieza, en forma de cruz. Y además le voy a hacer un nasal más grande, de forma triangular, y con un detalle decorativo en el borde. (Queda un poco narizotas a lo Don Pinpón, pero mola)

En la imagen podéis ver el diseño de dicha pieza sobre el metal. El siguiente paso es cortarla, para lo cual, y siguiendo los consejos del maestro Eugenio, he abandonado la perversa e indómita radial, y he empleado una mucho más domésticada sierra de calar.

El secreto de la sierra de calar está en manejarla del derecho. Mi anterior intento consistía en montar la sierra con la hoja hacia arriba, y pasar la chapa sobre ella. Error, eso no funciona con planchas de metal, vibra demasiado. Sin embargo, si aseguras bien la plancha y utilizas la sierra manualmente... ¡Qué maravilla!

Puedes tomar curvas, incluso bastante cerradas. Puedes hacer un taladro para pasar la hoja y empezar a cortar en mitad de la chapa. Puedes controlar (bueno... más o menos) el punto exacto en que termina el corte. ¡Y las rebabas! ¡Casi no quedan rebabas, una pasada rápida por la amoladora y listo! Y no quema el hierro (que la radial vuelve azul si te despistas) ¡Pero si incluso hace menos ruido! ¡Y estás más guapo cuando la usas!

Gracias a la sierra de calar pude cortar un diseño tan intrincado (para un novato como yo) como el de esa cruz. De hecho, me gustó tanto, que lo corté dos veces, como podéis ver en la imagen.

¿Que si voy a hacer dos cascos iguales a la vez? No, no. Es que después de dar su forma básica a la primera cruz, me di cuenta de que me había quedado demasiado largo el nervio que va de delante a atrás, y que no quedaba tan puntiagudo como debiera (en la foto no se aprecia, se notaba al ponerlo de perfil)

¿Qué por qué no lo corté un poco y listo? Muy fácil: por el puñetero detalle decorativo del nasal. Si lo hubiera hecho recto, como en el otro casco, hubiera podido, pero no con esa forma.

¿Y que por qué no lo monto más arriba, y apañao? Pues porque no llega bien la banda lateral. Así que lo voy a poner en negrita, a ver si me entero yo mismo de una vez:

Cuando se corta metal, que sobre. Siempre. Lo que sobra se puede quitar, lo que falta no se puede añadir

Habréis visto en la foto que además he incluido un circulito en el centro de la cruz (¿veis lo que se puede hacer con la sierra de calar?)

Por si a alguien le interesa, las medidas finales son 47 centímetros la tira longitudinal que va de delante a atrás (sin contar el nasal) y 45 la transversal. Ambas tiras tienen 4 cm de ancho (la tira perimetral tiene 5) y el nasal mide nada menos que 11 centímetros de largo.

Y ha llegado el momento de retomar el

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Control de daños (¿3?)

Estado general de salud: ligero constipado estacional

Dedos: 10

Cejas: 2
Otras lesiones de interés:
- Arañazos cubriendo toda la cara interna del antebrazo izquierdo.

Cuando cortes chapa con una sierra de calar, ponte manga larga, saltan pequeñas esquirlas que tienden a darte en el brazo que sujeta la chapa.

De hecho, donde intentan darte las pequeñas bastardas es en los ojos; gafas de protección siempre, siempre, siempre; y que cierren bien.
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Y para terminar, voy a estrenar una nueva sección, en la que daré cumplida cuenta de los tiempos empleados en cada tarea, más que nada para asustarme al final:

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Vísteme despacio, que tengo prisa

-Corte de la tira perimetral: 1 hora (tened en cuenta que incluye un buen rato quitando algo de óxido con scotch brite y aceite WD40)
-Diseño, corte y limpieza de la cruz: 1,5 horas
-Limado de los bordes de todo el marco: 0,5 horas
-Diseño, corte y lijado de bordes de la segunda cruz (¿por qué siempre me pasan estas cosas?): 1,5 horas (estaba algo menos oxidada)

Tiempo de construcción acumulado: 4,5 horas
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