lunes, mayo 12, 2014

María de Huerva 2014: De aquellos lodos...

Como alguno recordará, el año pasado, por estas fechas, estuvimos en una de esas recreaciones del diluvio universal que hacemos por toda la geografía española.

- Pues oiga, así a ojo, ha recreado usted eso mismo tantísimas veces, que no caigo.

Vaaaale, os daré más pistas: hablo de María de Huerva 2013, invitados por nuestros amigos los Feudorum Domini.

Pues resulta que esta panda de temerarios, en contra de toda lógica, se ha atrevido a desafiar a los elementos, y a repetir la convocatoria este año. Y nosotros, por supuesto, hemos acudido a su llamada.

- No, si es que parece que les va la marcha...


Los preparativos

Un evento no empieza el día en que se abren las puertas al público. ¡Qué va! Un evento empieza  con semanas de antelación, revisando y preparando todo el equipo que se va a llevar al mismo.

Y es que hay organizarse bien. Yo, por ejemplo, hace semanas que tenía claro que tenía que remendar y limpiar un par de zapatos de G, revisar todos los cachivaches de hacer malla remachada, (incluyendo poner a los saquillos de anillas las etiquetas que me hizo mi amigo don Enrique), tenía que comprar piquetas nuevas para la tienda, y que preparar una maza medio histórica.

- O sea, que hace dos o tres semanas se puso a ello y lo preparó todo.

Buenoooo... tampoco hay que pasarse con la antelación, al fin y al cabo, tampoco es tanto lo que hay que preparar.

- Vamos, que la última semana, a toda prisa.

En fin, la verdad es queeee... esa semana tuve mucho trabajo, y llegaba a casa muy cansado, así que lo cierto es que los primeros días lo dejé correr un poco.

- Ya. El día antes lo tuvo que hacer todo, y a toda prisa ¿no?

¡Je! Tiene gracia que lo comente. Precisamente, el día antes me di cuenta de que tenía que dejar el coche cargado para salir el viernes escopetado y no llegar demasiado tarde.

- Vamos, que como siempre ¿no? Con todo el equipo exactamente igual que lo empaquetó en el evento anterior.

Bueeeno, pues puede que sí, que un poco. ¡Pero allí que salimos, con el animo por las no-nubes! ¡Que este año, la previsión dice que hace bueno!



Hola guapa. Y tú ¿oras, o laboras?

Caballero, no pregunte usted eso con esos ojillos picarones, que me arrebolo.

A estos eventos, G y yo venimos siempre con ánimo artesano. G seguía cosiendo unos zapatos que empezó, precisamente, en la anterior edición de María de Huerva, y yo me puse con la malla remachada, montando el tenderete con las distintas fases de fabricación y tejido de las anillas.


No es que el tema atraiga a multitudes enfervorecidas, pero resulta muy satisfactorio ir explicando la historia del calzado y de la malla a la gente que se va acercando, y viendo cómo lo van flipando cuando se van dando cuenta del currazo que llevaban en el medievo según qué cosas.

- Vamos, que otra vez en plan recreación civil total, ¿no?

Pues curiosamente no. El evento tenía un carácter marcadamente militar, así que empezamos por el típico desfile con armas. Al sol, por supuesto. Y con discursos. También al sol, por supuesto. Pero quedó extremadamente incompleto: no hubo ni una mísera cuesta arriba por la que echar el bofe durante el desfile. ¡Así no se recrea, leñe!



- Pues así, a ojo, parecen cuatro gatos pelaos bajo un solecico primaveral.

La foto no hace justicia. Con el solecico primaveral, se podía preparar un filete a la plancha sobre los hierros. Y la plaza la teníamos petada no sólo por el lado que se ve en la foto, sino también por los otros tres.

- ¡Anda ya! ¡Si no son tantos casi nunca!

Que sí, que sí, que éramos como setenta. Y los del pueblo que se habían equipado, y un grupo de niños que desfilaba mejor que nosotros... ¡Y hasta un grupo sobrevenido!

- ¿Ein? ¿Qué demonios es un "grupo sobrevenido"?

Pues un grupo que se presentó, invitado de segunda mano, del que la organización del evento no tenía ni noticia de que iban a venir. Fue un poco de mal rollo, porque la logística estaba limitada a un aforo determinado, y esta gente, que venía probablemente con su mejor intención, se encontró con que no había forma de acogerles.

- Jopeta.

Síp. Bueno, a lo que iba. El caso es que el evento era muy militar, y estaba claro que esta vez no podía esquivar la batalla. Eso sí, siguiendo mi línea habitual, me dejé el grueso de los hierros en casa, y me presenté a la algarada con gambesón y yelmo, que eso de enlorigarse lo reservo para una apocalipsis zombi.



- Oiga, ese que está en primer plano ¿no es Iñaki "El artesano principiante"?

El mismo que viste y calza. Y que lleva a la batalla yelmos prestados y, en lugar de poner la cara para llevarse los espadazos, ofrece el hierro para parar los golpes ¡Habrase visto! ¿Pues no paró un tajo tremendo con el primer yelmo que yo hice, allá por finales de 2006, en lugar de poner el cráneo pelao, como debe ser?

- Bueno, ahora que habla de los golpes en batalla... ¿quién gana esta vez el tan reñido título de...


...pupas del evento medieval?

Lo cierto es que la cosa ha estado discutida. En primera instancia, el gran favorito era mi amigo Xavi.


- Uhmmm... ¿se refiere a ese que está haciendo el travelo con unas hombreras del XIV?  Un tipo muy rarito ¿no?

No, no, en absolu... Bueno, no sé, pero no me refería a eso. Me refería a que a Xavi ya le he dejado caer un yunque sobre el pie en un evento anterior, ya le ha caido encima la Santa Fragua en Peracense, y llegó a este evento seriamente lesionado después de que un coche le diera un golpe y se la cantara bastante hermosa con la moto... y luego siguió en la línea clásica de lesiones en los eventos.

- ¿En la línea clásica? A ver, no me exagere. ¿Hizo los ejercicios obligatorios, o sólo una exhibición de por libre?

¡Por favor! Cumplió con todos los ejercicios canónicos, por supuesto. Golpetazo de yelmo cayendo sobre pie desprotegido, con pronóstico de dolor, inflamación y maldiciones durante varios días.

- Vale, con eso puede clasificarse, pero no destaca. ¿Algún mérito adicional?

Sí, por supuesto. El ejercicio se completa con el aterrizaje de espadas sobre el mismo pie lesionado, con doble aspaviento y quejido extendido en re menor.



- Bueno, entonces está claro que tenemos un claro vencedor para "pupas del evento".


No, no se crea. Xavi apunta maneras, sin duda, pero al final fue superado por un veterano. Y es que nuestro amigo Mariano decidió arreglarse las cejas con una espada. ¡Y fue antes de la batalla! ¡Y la espada era de uno de su propio bando! Y claro, Mariano, entusiasmado, no se dio cuenta de que la espada no tenía filo, así que no iba a poder depilarse el entrecejo con precisión. Y acabó con un ojo a la funerala. Y ya puede dar gracias, porque podría haber sido mucho peor. Podría haber intentado hacerse las ingles brasileñas, por ejemplo.


- Hombre, viendo la foto, se las tendría que haber hecho más o menos a la altura de las rodillas. De todas formas, esa foto... ¿no es también un poco "rarita"? 

No, que va, es una foto de un "vestir al caballero" que... Bueno, mire, mejor no me lío dando explicaciones. Aunque, así entre nosotros, lo del vestir al caballero fue un momento de lo más ardiente. Sobre todo, cuando llegó el turno de hacerlo para el caballero enlatado de finales del XIV, después de que sus chapas llevaran como media hora al abrasador solazo del mediodía.




Y no me despiste más, que yo estaba hablando del carácter militar del evento, no se me vaya por las ramas, que me pierdo.


¡Batallaaaaa!

Participé en la batalla del domingo como aguerrido mercenario que...

- ¿Usted? ¡Ja! ¡Pero si usted es un reconocido cobardica, que nunca participa en las algaradas para que no le hagan pupita!

...COMO AGUERRIDO MERCENARIO que combatía junto a los árabes en contra del bando cristiano. Que aquí los moros hasta rezaron mirando a la Meca antes de la batalla.


- Ya, poniendo el culo en pompa. Si es que empiezo a ver un patrón en todo esto. ¿Y qué tal la batalla? ¿Quién ganó? Supongo que usted moriría el primero ¿no?

Pues ganó el bando cristiano. Y lo cierto es que yo quedé un poco demasiado inmortal, que con el lío de la batalla pensaba que aún nos quedaba otro encontronazo para morir, y tardé en darme cuenta de mi error. Pero al final la palmé. Seguramente, era la voluntad de Alá.


- Algarada habitual, entonces; sin novedades reseñables. Pffff...

No se crea, hubo varios combates individuales después que estuvieron bastante bien. Con espada y escudo, con arnés y mano y media... Pero el mejor fue el último, involucrando órdenes militares, soldados de leva, cuernos maritales de por medio, venganzas personales, arena en los ojos, mujeres histéricas, puñaladas traperas... Si es que un combate preparado y coreografiado da mucho más juego que un cruce de hierros improvisado. Aunque algo de eso también hubo.



No sé qué pensaría el público porque no me fijé en su reacción: estaba demasiado entretenido riéndome con el combate y con los comentarios por megafonía de Carlos 'Feudorum'.


Que llueva, que llueva...

- Pues, por lo que parece, en esta ocasión la climatología ha acompañado ¿no?

Bueno, a medias. El sábado hizo solazo y calor brutal. Mi nueva crespina me ha dejado un extraño bronceado medieval, con la frente tostada y el final de las entradas paliducho. Después de comer, la gente no sabía dónde meterse para echarse una siestecita, ajenos a lo que sucedía a su alrededor.


Y el domingo, el clima acompañó a los árabes en la batalla. El campamento (y la zona de la batalla) estaban en una explanada cubierta de arenilla, y un viento bastante notable levantaba nubes de polvo que convertían un vulgar pestañeo en una experiencia crujiente. Lo suficiente como para que nos fuéramos a comer al mismo local en el que el año pasado nos protegimos de la lluvia.




Vamos, que dentro de la tienda, las cosas tenían encima una capa de arena de lo que se colaba por debajo del faldón. Algo impresionante.

- Si es que no se conforman ustedes con nada: que si demasiada, agua, que si demasiado sol, que si demasiado viento... ¿Qué esperan?

No sé... ¿un clima mediterráneo normalito es mucho pedir?

domingo, abril 27, 2014

Tentando el textil: una cofia sencillita.

Los más fieles seguidores de esta página se acordarán de que...

- ¿Los qué?

Vaya, hombre, no me libraré nunca del tipo que escribe en azul... Los más fieles seguidores de esta...

-¡Ja! ¡Fieles seguidores de un blog! ¡En 2014! ¡Si encima lo tiene prácticamente abandonado!

LOS MÁS FIELES SEGUIDORES DE ESTA PÁGINA, he dicho, se acordarán de que nunca jamás he publicado ningún trabajo en tela. Bueno, en realidad, una vez publiqué uno, pero no fue cosa mía, sino una par de piezas en cuya fabricación enredé a mi señora madre.

El caso es que ha llegado la hora de corregir este error.

- Ya, y que hace siglos que ni fabrica ni publica nada digno, y ya le da hasta vergüenza, así que publica cualquier chorrada.

No tengo ni idea de qué me está hablando, caballero.

El caso es que, de cara a un evento de este año, mis amigos los Feudorum Domini han puesto sobre la mesa un fallo extremadamente extendido en la recreación de la plena edad media, y muy fácil de corregir: las cofias, que suelen ser demasiado grandes.

- ¡Puffff! ¿Algo que se lleva en la cabeza, y a usted, precisamente a usted, le parece "demasiado grande"? ¿Qué llevan de cofia? ¿Fundas para cubrir barcos?

Una talla 60 es algo perfectamente normal, oiga. Y lo que pasa es que el diseño de la cofia tiende a ser una capucha que cubre toda la cabeza y gran parte del cuello. De hecho, las que yo tengo son más bien descomunales. (No sé qué me verán los vendedores, la verdad)



Y como bien indican los Feudorum, lo suyo es que la cofia sea un poquito más reducida, tal como queda patente en numerosos documentos históricos.




Así que he decidido aceptar el desafío y reducir alguna de mis cofias.

- Pues lo más probable es que la pifie y que se cargue la cofia.

La verdad es que ahí no le falta razón. Casi que va a ser mejor hacerla de cero, y así no rompo nada de lo que tengo. Pero bueno, al menos puedo aprovechar una de mis cofias de dos piezas para sacar el patrón inicial.


Y con la cofia puesta, ir tomando las medidas de por dónde sobra material.


- ¿Qué, no tenemos una cinta métrica, o qué?

Si lo vas a hacer, hazlo con estilo ¿no? Bueno, el caso es que las dimensiones quedan considerablemente reducidas frente a una cofia "comercial"


Hay que dejar un margen adicional de más o menos un centímetro para las costuras y remates, y pasarlo a la tela que vayas a usar. Dos piezas iguales.

- ¡Ja! No le van a quedar iguales ni de casualidad.

¿Acaso se piensa que no lo he tenido en cuenta? Pliegas la tela y la unes con alfileres para que no se mueva mientras cortas las dos piezas a la vez.


Y ni te molestes en quitar las alfileres. Une las dos mitades por toda la costura central, justo por el borde para que no se deshilache.

- ¿Qué tipo de costura?

PARA QUE NO SE DESHILACHE. No tengo ni puñetera idea de cómo se llama esta costura, ni de si es la más adecuada para esto, pero es lo único que se me ocurrió ¿vale? Darle vueltas por encima, una y otra vez.

Y luego, por la línea en la que, según el patrón, coinciden las dos mitades, haces una costura normal.

- ¿Y a qué llama usted "costura normal", oiga?

¡Yo qué sé! Sólo sé hacer la "costura de guarnicionero", y al menos en tela no te dejas la piel y la sangre taldrando antes con una lezna, así que oye...



Eso sí, por supuesto, y para que la pieza sea tan histórica como sea posible, lo vamos a coser todo a mano.

- Vamos, que esta vez no ha conseguido liar a nadie que tenga una máquina de coser ¿verdad?

Sí, exacto.

Antes de seguir, tienes que tener claro qué vas a usar para atar la cofia. Me planteé usar cordones hechos con trenza de dedos, pero las iluminaciones apuntan a que estas tiras también estaban hechas de tela. Así que me decidí por usar unas tiras cortadas al bies.

- ¿Cortadas al qué?

Al bies. Básicamente es una tira de tela cortada en diagonal a la trama del tejido, para evitar que se deshilache por los bordes, y dándole además cierta elasticidad a la cinta.

- Pero ¿eso no puede comprarse ya hecho, para rematar los bordes?

Sí, pero eso es trampa. Lo suyo es cortarlo del mismo tejido. Pongamos que de 50cm de largo por al menos 3cm de ancho.



Lo primero que tienes que hacer es doblar hacia el interior los bordes de la tira, como medio centímetro o así. Y fijarlo con ayuda de una plancha, preferiblemente con un poco de vapor.


Y luego ya se dobla todo por la mitad y se vuelve a planchar, marcando la forma final de la tira. Ojo, no te olvides de doblar hacia dentro el extremo, para dejarlo bien rematado...


... y sigues cosiendo la tira, doblada a lo largo sobre sí misma


Lo normal sería rematar los bordes de la cofia cosiéndoles por encima más tiras cortadas al bies, pero no tengo nada claro que eso sea un remate históricamente correcto, así que me voy a decantar por un dobladillo La tela se dobla sobre sí misma dos veces, de forma que no quede borde deshilachable a la vista, más o menos como hicimos con el bies. Por entendernos, colocas las tiras en los extremos de la cofia, con los bordes doblados así:



Para luego doblar todo ese borde hacia dentro y coserlo todo junto, rematando toda la longitud de la cofia, y recosiendo bien la unión de las tiras para que aguante bien.












Y ya sólo queda probársela...


- ¿De verdad se me ha hecho una selfie de veinteañera? ¡Que se ve que las letras de la camiseta están al revés!

Pues sí ¿qué pasa? En ese momento estaba sólo en casa, qué le vamos a hacer. Al menos, no he puesto morros de pato ni me he maquillado demasiado ¿no?