Las hombreras (5): Articula, que no es poco.
Ya tenemos unas chapas lijaditas a nuestro gusto, y podemos empezar a trabajar sobre el montaje final de las hombreras.
Las hombreras suponen un nuevo desafío, ya que, a diferencia de los yelmos realizados hasta ahora, las diferentes piezas no van sólidamente unidas entre sí, sino que van artículadas, igual que los trenes, las rodillas, y las palabras.
Existen dos formas de articular unas hombreras: articulación flotante, y por remaches deslizantes. La articulación por remaches deslizantes sólo aparece a partir de muy finales del SXIV, y sólo en piezas lujosas, siendo la articulación flotante habitual en todos los periodos. Para dar a las hombreras el mayor rango posible de validez histórica, yo decidí quedarme con la flotante.
La articulación flotante consiste en unir las diferentes piezas, no entre sí, sino a tiras de cuero flexible fijadas por detrás. De esta forma, más que articularse entre ellas, "flotan" unas sobre otras.
En el caso de las hombreras, cada lama colgará de la pieza superior, solapándose con ella. Para que quede colgada, las tiras de cuero irán fijadas a la parte superior de la lama, lo cual nos lleva a un pequeño problema de diseño: ¿Cómo colocar el remache para que no esté constantemente fastidiando al dar en la lama de más arriba?
La respuesta es: usaremos remaches invisibles.
No, no me he vuelto loco. Estoy casi seguro.
Un remache invisible no es más que un remache normal, colocado de tal modo que abulta lo menos posible en el exterior de la pieza remachada. De hecho, si lo colocas bien, pero que muy bien, no abulta nada de nada, y casi no se nota que está ahí.
Lo primero que vamos a necesitar son remaches de cabeza plana, de un grosor adecuado (yo los usé de 3,5mm de diámetro de cuerpo)
¿Cómo? ¿Que no hay forma de encontrar remaches de cabeza plana? ¡Pues claro que no, es prácticamente imposible comprarlos! Por eso los vamos a fabricar.
Lo que hay que comprar son clavos de cabeza plana y del diámetro que buscas. Y, muy, muy importante, de hierro (si son de acero, no valen, porque jamás serás capaz de martillarlos en su sitio)
El proceso de transformarlos en remaches empieza con un ratito de lijado. Si amplías la foto, verás que los dos clavos de la derecha tienen la cabeza rugosa (tal como viene de fábrica) y eso no tiene en absoluto pinta del SXIV. Un rato de amoladora de banco, y solucionado. Incluso puedes darles una pasada de scotch brite y WD40 para satinarlos.
¡Ah! muy importante: ya que estás, revisa la parte de abajo de las cabezas de los clavos. Es muy probable que tengan una especie de "nervios" que sobresalen (supongo que restos del proceso de fabricación) Esos nervios hay que eliminarlos, o el remache no ajustará bien, sino que sobresaldrá. Si no consigues encajarlos para quitarlos con la amoladora (encontrar el ángulo de ataque correcto es complicado) salen con un limón. No, no me refiero al cítrico. Me refiero a una lima de metal bien hermosa y tan basta como puedas.
Una vez adaptadas las cabezas, no hay más que cortar los clavos a la longitud deseada y ¡bingo! Ya tenemos nuestros remaches planos.
La cabeza de estos remaches, aunque bastante discreta, sigue siendo demasiado abultada para formar la parte externa invisible del remachado, así que la cabeza irá por dentro. Para hacer invisible la punta del remache, tenemos que hacer que no sobresalga, pero que, aún así, sostenga bien la chapa. ¿Dónde narices metemos entonces el metal de la punta del remache? Pues no tenemos muchas opciones: en la misma chapa.
Hay dos escuelas para conseguir este efecto. Una técnica consiste en ponerse muy brutito con el martillo hasta incrustar en la chapa todo lo que sobresalga. No digo que no funcione, pero no le va a hacer ningún bien al cuero de detrás.
Una segunda técnica consiste en agrandar uno de los lados del taladro por el que va a pasar el remache, el lado en el que irá la punta del remache que queremos ocultar. De esta forma, crearemos un espacio dentro del que podamos empujar todo ese metal de la punta y que así sobresalga lo menos posible.
En mi caso, utilicé una broca de 4mm para el taladro completo, y una de 5mm para agrandar la parte de fuera. Y, sinceramente, creo que me quedé un pelín corto, podía haber usado una de 5,5mm o hasta de 6mm sin problemas. Por cierto ¡cuidadín! si se te va la mano, taladras de parte a parte, y te cargas la pieza.
Ahora ya tenemos la técnica básica de la articulación. Antes de aplicarla, vamos a ver qué otros taladros va a llevar la hombrera. Como podéis ver aquí, harán falta taladros para la tira de cuero que sujeta la hombrera al brazo y para colgar las tiras de cuero de la pieza superior. Todos estos los haremos con remaches normales. Por último, la hombrera irá fijada de alguna forma a la parte superior del hombro. Hacia el SXV, iba con tiras de cuero y hebillas, aunque antes de eso iba atada a lo que se llevara debajo. Para fijarla así, es suficiente con unos simples taladros por los que pasar una tira de cuero, pero yo me decidí por colocarle una piececita adicional de cuero, más que nada para que la chapa no estuviera cortando las correas constantemente.
Así que marcamos los puntos en los que vamos a taladrar, con cuidado de que no sobresalgan las tiras de cuero y de que quede suficiente espacio para que las lamas se solapen, y a taladrar.
Un consejo muy tonto: si taladras de dentro hacia a fuera, y luego haces fuera la ampliación de los taladros para el remachado invisible, te ahorras tener que eliminar rebabas del taladro, que siempre es una lata.
La longitud de las correas de la articulación es muy importante para que la hombrera quede bien. No te lances a remachar de golpe, haz una prueba con un par de tiras de cuero atornilladas para decidir bien su longitud y dónde van sus agujeros.
A la hora de fijarlas, empiezas por la lama de más abajo y vas subiendo. Si quieres prolongar la vida de la articulación, no es mala idea que, además, le pongas una arandela para sujetar el cuero, como en la foto.
¿Cómo de largo debe ser el remache para el remachado invisible? No lo sé, si consigues una receta mágica, me la cuentas. Yo diría que debe sobresalir cosa de un milímetro de la chapa.
Por cierto, para cortar estos clavos, aunque son un poco más duros que los remaches normales, la cizallita de Knipex sigue dando un resultado extraordinario (y estos tíos de Knipex siguen sin hacerme llegar el más mínimo regalo por toda la publicidad que les estoy haciendo. ¡Desagradecidos!)
¡Vaya, hombre! ¡La única foto en la que saco el famoso remachado invisible, y resulta que está desenfocada justo la parte interesante!
En fin, esto ya no tiene mucho más secreto. Sigues subiendo hasta unir todas las lamas, y, para terminar, las unes a la pieza superior del hombro, esta vez ya con remaches normales que se vean desde fuera.
También habrá que colocar unas tiras en la lama inferior que envuelvan el brazo y sujeten la hombrera. Más que nada, porque si no lo haces las hombreras irán haciendo un "Flap-flap" de lo más curioso, y te darán cierto aire de setter irlandés lanzado al trote cochinero, pero en metálico. Y eso no va a intimidar al enemigo, la verdad.
Para sujetar estas correas, lo suyo es colocar unas hebillas lo más históricas posible. Como yo no encontré nada ni remotamente parecido a una hebilla del SXIV, me tuve que conformar con modificar un poco unas hebillas convencionales a la espera de ponerme en serio a hacer hebillas algún día.
En la foto de aquí al lado podéis ver las hombreras terminadas.
Aunque no se aprecia en la foto, mi subconsciente mantiene una imagen absolutamente idealizada de mis biceps, y me llevó a dejar suficiente correa como para envolverme el brazo dos veces. Sí, con acolchado y malla incluido. Una vez solventado el problema con un buen par de cortes, no hay más que hacer unos cuantos agujeros en el cuero para sean ajustables y ¡listo!
Una vez terminadas las hombreras, falta por abordar un desafío nada desdeñable: ajustarlas sobre la malla. La cosa es compliacada, más que nada porque a uno le entra la obsesión por la simetría, y ponerse a contar anillas sobre la cota terminada no es fácil.
Aunque lo suyo sería fijarlas al gambesón, sujetarlas directamente a las anillas es muy sencillo (lazadita con tira de cuero) y, además, mi gambesón está sufriendo retrasos más que notables.
Sí, lo sé, en la foto aún no había cortado las tiras de sujetar las hombreras al brazo.
Y con esto damos por terminadas las hombreras. No puedo dejar de preguntarme por qué no me dio por hacer estas cosas hace quince años. ¿Sabéis lo prácticas que hubieran resultado cuando yo bailaba pogo en los peores garitos de Madrid?

